“A veces se gana y a veces se…”

A veces se gana y a veces se… aprende. No hay un solo ser humano que haya pasado por la vida sin conocer la derrota. De hecho, muchas de las grandes hazañas son una escalada de desaciertos, hasta que se convierten en un triunfo contundente.

Dicen que perder por aprender no es perder y eso es totalmente cierto. Te derrotan solo si tú lo quieres: si no quieres, aprovechas esa pérdida para aprender algo nuevo sobre ti, sobre lo que hace falta, o lo que sobra, para llegar al triunfo. Nadie saborea un éxito que llega a sus manos sin luchar por él.

Carlos Serrano, deportista en natación paralímpica, dice: “En los entrenamientos se ganan las medallas. En las competencias se recogen”.
Ganar no es una realidad reservada para los que más capacidades tienen, sino a quienes mejor las usan. Ganar es un fruto que solamente prueban los que son capaces de proponerse una meta, luchar sin descanso por ella y trabajar una y otra vez sobre sus propias fallas y vacíos, para hacerse dignos del triunfo.

Se gana primero en la lucha con uno mismo para definir las metas, para confiar en lo que se es capaz de hacer, para construir una decisión suficientemente resistente a las eventualidades y para mantenerse firme, a pesar de las vicisitudes. Cuando esto se consigue, lo demás es ir “a recoger las medallas”.

No existe una receta para el triunfo, pero sí se pueden definir las características del triunfador. La primera de ellas es la fe en su propio trabajo. A esto puede sumársele una gran capacidad para ser autocrítico, de una manera sana, valorando objetivamente sus aciertos y errores.

Cuando el triunfador experimenta una derrota, esta es relativa, porque dependerá de los sentimientos, emociones y actitudes que origine la imposibilidad de conseguir su objetivo, y solo es derrota, en el sentido estricto del término, si lo que le sigue es el abatimiento total.

Para quien tiene una mentalidad triunfadora, la palabra derrota en realidad no existe. Lo que hay son situaciones en las que logra lo que se propuso y otras en las que tiene la posibilidad de aprender algo que no sabía.

Fracasar puede ser difícil. Te sientes desconcertado, avergonzado y tu autoestima cae por los suelos. Te cuestionas sobre tus capacidades y te juzgas por incluso haberlo intentado. Además, puedes volverte incapaz de impedir darle vueltas en tu cabeza por mucho tiempo, ni dejar de pensar en que te equivocaste.

Es importante que te des cuenta que sentir todo esto es normal, que reprocharte por sentirte mal no te ayuda. Es necesario que te esfuerces en aceptar cómo te sientes, pues es normal sentirte mal y hasta cierto punto es inevitable. Lo importante es concentrar tus esfuerzos en el aprendizaje que puedes obtener de esta derrota, y te darás cuenta poco a poco que este fracaso no es un reflejo de quien eres ni de lo que vales.

De hecho, un fracaso es algo que le ocurre a todo el mundo. No es el fin del mundo y no es tan malo como lo experimentamos en este momento. Pero si este es tu sentimiento, te dejo algunos consejos para poder superar adecuadamente una derrota:

1. Lo primero que hay que hacer es hablar de la derrota – Es clave que atiendas lo ocurrido que incluso puede ser evidente para los demás, reconociendo el fracaso y buscando entender las
razones de lo sucedido. Hay que aceptar la posibilidad de “tocar fondo”, de manera que podamos estar en contacto con nuestra realidad.

2. Acepta responsabilidad personal – Examina cómo tus comportamientos y decisiones contribuyeron a esta derrota. Esto te ayudará a enfocarte en los componentes de la situación que están en tus manos. No que todo sea tu culpa, pero es clave tener claro qué estuvo y sigue estando en tus manos, para tener control de cómo se van desenvolviendo las cosas en adelante (y evitar querer controlar las cosas que están fuera de tu alcance).

3. Pero no lo hagas personal – Separa la derrota de tu identidad. Solo porque no has encontrado (aun) una manera de hacer algo no significa que eres un fracaso. Personalizar una derrota quiebra nuestra autoestima y nuestra confianza.

4. Comparte lo que has aprendido para mejorar los procesos – Es importante que no te quedes únicamente en la posición negativa de que te equivocaste, e intenta ver la derrota analíticamente, con curiosidad, y suspende los sentimientos de enojo, frustración, culpa o arrepentimiento.

5. En lo posible, no te detengas demasiado tiempo – Obsesionarte con tu derrota no va a cambiar los resultados. No puedes cambiar el pasado pero sí puedes cambiar la manera en que te relacionas con este pasado. Entre más rápido tomes pasos positivos hacia adelante, más pronto dejarás atrás esos pensamientos que te debilitan y obstaculizan.

6. Intenta no depender de la aprobación de los otros – Muchas veces el miedo al fracaso se origina en un miedo a ser juzgado y a perder el respecto y la estima de los demás. Ten en cuenta que habrá personas que no sabrán cómo dirigirte hacia ti en estos momentos e incluso podrán transmitirte que no confían en tus capacidades, y dudarán que puedas salir de esto. Piensa que tienen derecho a pensar así que están confundidos, y simplemente mantente distanciado por un tiempo de estas personas negativas.

7. Piensa que tomar la ruta del éxito, es aceptar el riesgo de la derrota – Buscar el éxito con avidez o temer el fracaso con miedo no sirve de nada. Lo esencial es ponernos en condiciones favorables para obtener el éxito deseado, adoptando progresivamente un modo de vida que nos permita cada vez más dar lo mejor de nosotros mismos.

La derrota es una vivencia de la vida. No hagas de esta vivencia una cualidad absoluta. Por tanto, la vida es aprender a crecer a partir de los obstáculos.
Gracias a los propios fracasos también podemos tener empatía con los demás ya que cada ser humano tiene su propia historia de pérdidas y dificultades. Y en ese contexto de diálogo en este nivel de intimidad nace una comprensión que es única. Nos resultaría muy difícil entender la tristeza ajena ante una derrota si nosotros mismos no supiésemos lo que significa sufrir por ello.

Para superar la tristeza de la derrota es fundamental que abras tu corazón ya que la vida es una experiencia fundamental cuando conectas con la sabiduría de saber que tu valor es un bien que no depende de nada externo a ti mismo sino de la bondad de tu corazón. Y la derrota también puede ayudarte a tener bondad puesto que las emociones y los sentimientos que nacen en contacto con el fracaso también elevan tu nivel de introspección.

“A veces se gana y a veces se…”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos a personas que se definen seguidores de Jesús, como pueden ser los apóstoles y también en sus vidas se reflejan esas veces que ganan y esas veces que son derrotados, pero el Señor Jesús lo usa para enseñarles aquello que necesitan para ellos y que luego tendrían que transmitir a las siguientes generaciones hasta llegar a nosotros.

Nosotros somos iguales a ellos, queremos ganar siempre y cuando somos derrotados nos produce una serie de sentimientos difíciles de controlar.

La Palabra de Dios dice para aquellos que creen que ya son victoriosos y que sus vidas irán de victoria en victoria, veamos algunos versículos:

1 Corintios 15:57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”
Romanos 8:37 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

2 Corintios 2:14 “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.”

1 Juan 5:4 “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.”

Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

La vida de la persona que se define como creyente, puede tener una vida llena de luchas que en apariencia son derrotas, pero que se viven como victorias.

Ven, acompáñame y lo vemos con detalle.

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