“Ahora me ves, ahora no me ves”

A nadie le gusta ser invisible para los demás, aunque en ocasiones pasar desapercibido sea una buena idea… pero una cosa es pasar desapercibido cuando uno lo elige y otra cosa muy distinta es parecer invisible para las demás personas. Sentirse invisible no es lo mismo que sentirse inútil, pero ciertamente no es agradable.

Las personas que sienten que son invisibles a menudo tienen buenas razones por las que se sienten así. El hecho de que no quieras ser el centro de atención no significa que un poco de atención no pueda ser agradable para ti. Es agradable sentir que se siente tu presencia y que a la gente le gusta tenerte cerca. No es agradable sentir que a la gente no le importaría si no estuvieras allí.

Hay una serie de sentimientos que conlleva ser introvertido. Quizá cuando estás en ciertas situaciones te sientes más o menos cómodo, pero no es algo que te haya preocupado demasiado hasta ahora. Solo tienes que aceptar cómo eres y no ser alguien que no eres solo para que otros te acepten. Aunque a veces aceptarte a ti mismo es difícil, pero es necesario

La gente te quiere por ser quien eres, no permitas que la gente que está a tu alrededor se olvide que estás allí y no te sentirás invisible. Nunca más. Si alguna vez te callas en un sitio nuevo es normal, no te obligues a hacer cosas que no quieres, pero si quieres… te darás cuenta cómo los demás quieren pasar su tiempo contigo porque eres una persona increíble. De esta manera y casi sin darte cuenta, comenzarás a disfrutar más de tu entorno, de las personas de tu vida y de ti mismo.

Bien es cierto que cuando uno lleva mucho tiempo actuando de modo pasivo, es difícil desplegar estas alas y moverse en el mundo de la comunicación de forma abierta y clara. Sin embargo, la motivación y el empeño por mejorar nuestra situación debe ser suficiente para conseguirlo día a día, minuto a minuto.

No guardes tus sentimientos, no te calles lo que piensas ni lo que crees. Defiende tus derechos y tus ideas. Solo tú tienes la llave para dejar de ser invisible, porque cada palabra es importante, cada acto va conformando nuestra vida y todos merecemos ser felices. Deja a un lado tu invisibilidad.

Pero no para todas las personas es fácil dejar de ser invisible, y necesitamos ayuda, podemos ver un ejemplo muy claro cuando…

Estás en un contexto relajado con los amigos, tu familia o pareja, todos hablan y ríen, pero de repente te embarga la sensación de que eres invisible. Es como si te hubieras esfumado. Sientes que nadie te escucha, que tus opiniones no se tienen en cuenta e incluso puede que te preguntes qué estás haciendo ahí.

En realidad, se trata de una sensación que muchas personas han experimentado al menos una vez en la vida. Puede durar tan solo unos minutos o puede extenderse a lo largo del tiempo durante meses o incluso años.

Sentirse invisible puede tener diferentes causas, pero su origen común, lo que se esconde en su base, es la falta de lazos que nos conecten con las otras personas. Nos sentimos invisibles y solos porque creemos que no existen lazos que nos unan a las personas con las cuales compartimos nuestro día a día. Puede tratarse de lazos en el plano afectivo (sentimos que no

somos suficientemente significativos para los demás) o vínculos en el plano cognitivo (creemos que no tenemos temas de conversación comunes o que no compartimos los mismos valores).

De una forma u otra, nos sentimos invisibles cuando creemos que existe una gran brecha entre nosotros, entre lo que pensamos, creemos y sentimos, y lo que piensan, sienten y cree el resto de las personas.

A veces esta distancia se crea porque hemos cambiado, porque nuestro sistema de valores y/o necesidades se ha transformado y ya no encontramos satisfacción dentro del grupo al que pertenecíamos. De hecho, entrar y salir de determinados grupos forma parte del proceso de la vida.

Si las personas no cambian junto a nosotros, es probable que vayamos perdiendo los puntos de contacto que antes nos unían. Sin embargo, a veces son los otros quienes cambian y nosotros somos los que nos mantenemos apegados a las viejas costumbres y valores.

Por eso si necesitas ayuda, te dejo algunos pasos que podemos poner en marcha.

1. Analiza la situación de la manera más objetiva posible – de donde proviene, cuándo fue la primera vez que te sentiste invisible, si es algo pasajero, si está produciendo un cambio radical en ti, si lo único que necesitas es un apoyo adicional, pero sobre todo ten un poco de paciencia contigo y las aguas volverán a tomar su cauce.

2. Comunica lo que sientes – a veces los demás están demasiado ensimismados en sus vidas como para darse cuenta de estos detalles, pero si les pides ayuda seguro estarán encantadas de ofrecértela. Lo peor que puedes hacer es rumiar continuamente esa sensación porque así solo acabarás centrándote en los aspectos negativos y aumentarás aún más la brecha.

3. Busca puntos en común con los demás – si te sientes invisible porque has cambiado o porque lo han hecho las otras personas, es prácticamente imposible que ya no tengáis más puntos en común. También, cuando te sientes solo e incomprendido, es normal que te centres en los aspectos negativos que te separan de los demás. Sin embargo, intenta concentrarte en las cosas que tenéis en común y poténcialas.

Porque cuando te sientes invisible, lo que estás sintiendo e uno de los mayores miedos, sí esos miedos que quizá a lo largo de la vida has tenido motivos para sentirlos todos, en mayor o menor medida, pero este es uno de los mayores, ya que necesitamos pertenecer, formar parte de la manada, sentir que nuestra presencia es también parte del grupo que formamos, que nuestra aportación es válida.

Cuando encontramos personas invisibles o ignoradas, le tememos de alguna forma, tememos que el contacto con ellos nos modifique, nos cambie y, por lo tanto, preferimos ignorarlos.

Pero ¿cuánta gente está siendo ignorada?, ¿Cuántas lágrimas de personas cercanas a ti no llegas a ver?. No hace falta que mires demasiado lejos, están a tu lado. En tu empresa, en el barrio dónde vives, en tu familia, en tu ciudad, en el colegio de tus hijos. Ellos llevan una etiqueta muy grande que dice «no me mires».

Si subes hoy al metro de tu ciudad, verás a más de una persona que se siente así, que se ha acostumbrado tanto al vacío que la sociedad ha hecho a su alrededor, que se siente una persona invisible. Nadie tendría que sentirse invisible, al menos no podemos permitirlo, ni promoverlo.

No quieras cambiar el mundo, empieza por cambiar algo sencillo que hay a tu alrededor:

– ¿Qué tal dar las gracias mirando a los ojos durante un par de segundos a quien te ha servido hoy el café?

– ¿Por qué no sonreír a esa persona con la que te cruzas en la calle?

– ¿Qué tal felicitar a esa persona que trabaja para ti por su entrega y por los años que lleva en el proyecto?

– ¿Por qué no preguntar ¿Cómo va todo? a esa persona que se sienta a tu lado en el autobús y que hoy parece preocupada?

– ¿Cómo sería hacer sentir especial a alguien que trabaja a tu lado y que sabes que no pasa por un buen momento?

– ¿Por qué no llamar a esa persona que hace tanto tiempo que no sabes de ella y decirle «¿Cómo estás?»

Creo que tenemos que hacer visibles a todas aquellas personas que hace tiempo pensaron, e incluso llegaron a creer, que eran invisibles y desde entonces, pocas personas les miran y se acuerdan de ellos.

El corazón se les ha acorazado, se les hizo duro incluso porque el sufrimiento les dolía demasiado y muchos no reconocerán su soledad, su tristeza o su sentimiento amargo de sentirse invisibles. Pero su corazón no dejó de latir, nuestra misión es que ese latido se oiga, que no pase desapercibido nunca más.

Esos invisibles son la mayor parte de las veces los que más ayudan, los que cuando te caes al suelo te echan una mano, los que también te miran a ti a hurtadillas porque tu cara hoy parece preocupada.

Virginia Satir lo expresaba perfectamente en un texto memorable:

Creo que el mejor regalo

que puedo recibir de alguien

es que me vea,

que me escuche,

que me entienda

y que me toque.

El mejor regalo que puedo dar

es ver, escuchar, entender

y tocar a otra persona.

Cuando se ha hecho esto,

siento que se ha establecido contacto.

“Ahora me ves, ahora no me ves”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que la invisibilidad es un aspecto muy real en las personas, sobre todo para un grupo de personas que tenían la enfermedad de la lepra.

La lepra en tiempos del Señor Jesús no tenía un tratamiento curativo, lo que hacía que esas personas fueran apartadas de la sociedad, no podían acercarse a cierta distancia y pasaban a un estado de invisibilidad, no existían para el resto de personas, por lo contagioso que era la lepra.

El Señor Jesús le vemos que va a buscar también a estas personas invisibles, y una vez las encuentra los toca y les cura de su enfermedad, porque Él vino a sanar, salvar y a dar vida, y estas personas necesitaban ser sanadas, salvadas y volver a tener vida para estar con los demás.

No importa cómo nos catalogue la sociedad, para Dios somos personas con una enfermedad que impide tener comunión con Dios, esa enfermedad es el pecado, y necesitamos ser sanados, salvados, y tener vida, esa vida que nos capacitará para tener comunión con Dios.

Ahora Dios te ofrece la oportunidad de pasar de muerte a vida, de estar lejos de Dios a ser parte de su familia, ¿Qué harás?.

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