“Lucha por tu matrimonio”

Cuando escuchamos a un matrimonio decir: “Yo no he firmado para esto”, es porque no se ha entendido la diferencia entre conformarte con tu pareja y luchar por tu relación.

Durante el periodo de vida de un matrimonio, siempre hay luchas:

Luchas entre la pareja, donde el desarrollo del matrimonio sufre un parón y a veces también un retroceso.

Luchas de uno solo de la pareja, dónde el desarrollo del matrimonio es muy lento y a veces se puede sentir que no vale la pena seguir con el esfuerzo.

Pero cuando una pareja hacen piña en la lucha por su matrimonio, por su relación, con un mismo propósito y con una misma visión, con un mismo proyecto, entonces el desarrollo de ese matrimonio coge una velocidad y una seguridad y una fuerza que nadie puede pararlos.

Luchar no significa conformarse. Porque conformarse es rendirse a la voluntad de la otra persona, aguantar celos irracionales, manipulaciones, que te ataquen psicológicamente, que te hagan sentir inferior, con miedo, secarte las lágrimas de frustración, tener discusión tras discusión y llegar a normalizar el malestar, darte cabezazos contra la personalidad del otro para intentar construir una falacia, dar por hecho que la otra persona nunca se equivoca, o ver normal que no mueva un solo dedo para evitar algo que te molesta. Eso es conformarse.

Cada relación es diferente, cada pareja es diferente, las experiencias de cada uno son diferentes. Sin embargo, habrá momentos cuando las cosas se pondrán difíciles y en ese momento tendrás que hacerte esta pregunta:

¿Crees que vale la pena proteger tu matrimonio? ¿Es realmente tan valioso para ti?

La respuesta es un rotundo SI! A tu alrededor verás que «lo común» es que las probabilidades para que un matrimonio sea exitoso son mínimas, y que hay mucho en lo cotidiano que atenta a que sean felices para siempre. Déjame decirte que ser felices para siempre no es un final mágico… es una opción.

Si ambos estáis convencidos de que queréis estar juntos, o aunque ese sentimiento sea de uno solo, entonces hay que currárselo y entender que siempre pasaréis por algún que otro momento de profunda oscuridad, pero hay que salir juntos a la superficie, agotados pero esperanzados. Por eso mientras estáis en esa situación es importante reforzar las bases como:

El Esfuerzo: Es el extra que estamos dispuesto a dar en torno a la relación, tienen que evaluar lo que hasta ahora han hecho y pensar en serio que otros recursos pueden sumar en beneficio o mejora de la unión matrimonial. El punto donde se encuentra su relación de pareja en este momento es el resultado de los esfuerzos que han hecho o dejado de hacer, si desean algo más por ende necesitaran aportar ese adicional que será lo que marcara la diferencia.

La Disciplina: Son las normas o directrices sugeridas por ambos a la que tendrán que someterse para propiciar un cambio en la relación. Estas deben ser el resultado de conversaciones en la que cada uno aporte lo que entiende son las situaciones que están provocando el mal funcionamiento en la relación de pareja. Nunca la imposición unilateral de uno de los conyugue. Estas normas deben ser las respuestas dadas por cada uno a la pregunta siguiente: ¿Haciendo que cosas tu entiendes que nuestra relación puedes mejorar?

La Voluntad: Si queremos mejorar tenemos que entregarnos por entero en la búsqueda de ese objetivo, será difícil obtener lo que nos proponemos si nos entregamos a media, para ello necesitaremos la participación integral de todo nuestro Ser: espíritu, alma y cuerpo. ¿De veras desean el cambio? Entonces expréselo a su cónyuge no solo con palabras sino con hechos, que ambos perciban el mensaje claro que sus voluntades al unísono emitan.

El Sacrificio: ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar por la felicidad conyugal? Son las restricciones a las que tendrán que someterse con el propósito de concentrar todas sus energías en la búsqueda de la sanidad de su relación. Quizás signifique estar más tiempo en familia, reducción del tiempo dedicado a los amigos, mejor organización y programación de otras actividades, reducción de horas extra de trabajo, romper con el silencio y ser más expresivo, mayor respeto a la opinión del cónyuge, en fin todo aquello, como se llame, que este causando daño a la relación.

Todo esto es muy bonito si ambos cooperan, pero a veces entiendo que quizá tu pareja pueda estar pasando por momentos difíciles, que sienta miedo de si es demasiado tarde para hacer algo al respecto, y solo tú quieres luchar, parece ilógico. Por eso quiero decirte que no te preocupes, tú puedes comenzar esa lucha, porque sí se puede salir con victoria.

Aquí te dejo cuatro pasos que al realizarlos te liberarán de toda la perturbación y la carga, pero además tendrá un efecto en tu relación, porque tu pareja indiscutiblemente sentirá un cambio y su disposición empezará a cambiar.

Paso 1. Identificar qué originó la crisis de pareja

El origen de los problemas matrimoniales normalmente vienen de cómo cada uno ve las situaciones, porque ambos arrastran paradigmas que condicionan su punto de vista de manera inconsciente, y el choque de la carga emocional que esto genera, es lo que empieza a desgastar la convivencia y la relación.

Algunos de estos paradigmas son: A qué le dan prioridad, Cuáles son sus anhelos, Qué miedos arrastran, Inseguridades por experiencias pasadas, Expectativas del otro, Prejuicios sociales.

La causa de que sólo uno quiera salvar el matrimonio, está en que el otro tiene algunas de estas conductas:

– Conflicto de pareja constante. Mi pareja me reclama por todo.

– No confío en mi pareja porque me mintió y por su pasado.

– Se perdió el respeto en la relación. Discusiones de pareja muy fuertes.

– Celos enfermizos. Cuando mi pareja es muy celosa.

– Distanciamiento sexual. Rechazo y manipulación.

– Se está enfriando la relación. Pérdida de afecto y no se expresan los sentimientos.

– Objetivos de vida distintos. Mi pareja no me incluye en sus planes.

– Problemas de Infidelidad. Imposibilidad de perdonar y pedir perdón.

– Problemas de comunicación. Siempre estamos culpando al otro, por esto, es normal que alguno de los dos no quiera hacer nada por la relación.

Entonces, es momento de hacer las cosas de manera distinta.

Paso 2. Reconocer de qué manera estás siendo parte de los problemas de pareja.

El reconocer que estás siendo parte del problema de pareja puede ser un reto difícil de asumir, pero es el camino para empezar a tomar acciones que van a salvar tu matrimonio aun cuando él o ella no quiere. Porque al hacerlo estás quitando la parte del conflicto que viene de ti, y a lo mejor no eres consciente.

Asumiendo mis errores y tomando acción para corregirlos, es un verdadero acto de madurez y probablemente uno de los pasos más efectivos para recuperar una relación de pareja en crisis.

Paso 3. Comprender lo que te molesta de tu pareja y por qué esto te lastima.

Lo importante no es lo que el otro hace, sino cómo esto te afecta a ti. Un ejemplo sería cuando en una reunión, uno de la pareja hace un comentario fuera de lugar o aparenta algo que no es, y unas personas se molestan, a otras le causa gracia y a otras les es indiferente.

Ahora imagínate como le afecta ese gesto, comentario o acción, a nuestra pareja, que es con quien venimos arrastrando un conflicto y de quien su opinión es muy importante para nosotros porque es la persona que amamos. Nos afecta mucho más y es por eso que al resolver esa parte personal que, de manera subjetiva e inconsciente, nos está perturbando del otro, hemos solucionado otro porcentaje del problema.

Paso 4. Sanar la carga emocional que te hace sensible a la situación.

Un conflicto matrimonial, se origina de una situación pero se alimenta de la frustración que está viviendo la pareja por el hecho de que haya un problema. Y mientras esa situación dura hay miedo, tensión, rabia, cansancio, dolor que hacen que cada uno está afectándose por cómo percibe la situación y las acciones del otro, porque cada uno cree que la solución únicamente está en que el otro cambie. Pero puedes darle un giro al preguntarte:

¿Cómo comprobar que la solución está en ti mismo? – Dándote cuenta de que, lo que has estado sintiendo en este problema con tu pareja, es algo que se ha repetido muchas veces en tu vida y que no has logrado resolver. Ser consciente de lo que te afecta te da la libertad para empezar a tomar nuevas decisiones y tener nuevos resultados a la hora de arreglar la relación.

¿Qué hacer cuando entiendes que la solución está en tus manos? – Empezar a trabajar en sanar lo que siempre te ha dolido. Dejando de lado lo anterior cuando las acciones de tu pareja te afectaban y tú respondías, entonces tu pareja se afectaba y ella te respondía, lo que se fue convirtiendo en un círculo vicioso que hizo el problema más grave y agudo.

Cuando te pones en acción haciendo el trabajo contigo, cortas ese círculo de conflicto y abres una puerta a la solución. Porque ahora eres consciente de lo que te afecta a ti y a tu pareja para hacerlo distinto. Comprendes que muchas de las acciones de la pareja no son intencionales, sino que son producto de la carga emocional acumulada y del calor del momento.

Desde esta perspectiva es más fácil perdonar porque sabes de dónde viene el problema. Ahora tienes una nueva actitud y estás listo para traer una nueva dosis de energía de AMOR a tu relación.

Al tener la disposición de hacer un trabajo interior como este, es un profundo mensaje de amor hacia ti y hacia tu pareja, porque le estás demostrando con acciones que estás realmente dispuesto a poner todo de ti por los dos, y ese trabajo y esa lucha no será en vano.

“Lucha por tu matrimonio”

El matrimonio es el diseño de Dios, y Él quiere y desea involucrarse para que llegue a buen puerto. Pero sólo si tú quieres, porque la libertad de elección es solo tuya.

La Palabra de Dios, tiene mucho que enseñarnos de este tema, por eso si quieres acompáñame.

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