Una máscara para esconder la herida de …

La humillación es el sentimiento más intenso que puede experimentar un ser humano y una de las emociones que puede causar heridas emocionales difíciles de curar ya que es un ataque directo al «yo» y pone en cuestión nuestra valía como personas.

Aunque muchos utilizan al niño que tenemos dentro para dar una explicación y buscar una solución, no es del todo correcto, pues este sentimiento puede aparecer a cualquier edad y en cualquier situación.

Normalmente, esta emoción ocurre cuando recibimos un tipo de desprecio en público que nos genera vergüenza y las graves consecuencias que estas provocan a corto o largo plazo, ya que utilizamos recursos mentales nunca experimentados previamente. Lo que llamaríamos ponernos una máscara para que no vean la herida de humillación.

La máscara de esta herida es la máscara del masoquista (emocional y mental). El masoquista es aquella persona que encuentra placer e incluso satisfacción, sufriendo. Se busca de forma inconsciente el dolor y la humillación la mayoría de las veces. Antes de que los demás lo castiguen, ya lo hace antes la misma persona.

¿Cuánto de profunda puede ser nuestra herida de humillación?, Pon un 1 en cada característica que te veas reflejado y luego suma:

– Te castigas a ti mismos y te expones a situaciones humillantes ante los demás.

– Tiendes a negarte todo lo que deseas profundamente, ya que te culpas por desearlo.

– Cuando te enfadas tiendes a humillar a los demás para desahogarte.

– Te desconectas de tus necesidades.

– Si alguien no es feliz a tu alrededor, te culpas de ello.

– Utilizas las compras, la comida… para satisfacer tus deseos.

– No te cuidas, los demás siempre son más importantes que tú. Haces por los demás lo que no haces por ti mismo.

– No te gusta físicamente tu cuerpo. Tienes problemas en tu vida sexual.

– Necesitas ser necesitado, por eso tratas de arreglar todos los problemas de los demás.

– Te gustan las cosas bonitas pero crees que no las mereces.

– Sientes una gran culpa interior, y por eso te castigas haciendo sacrificios y esforzándote por todos.

– Tienes mucho miedo a la opinión y juicio de los demás.

– Tu gran deseo es la libertad, pero a la vez es lo que más miedo te da. Porque crees que en la libertad harás más cosas humillantes.

– Tu relación con tus padres es complicada. Quieres complacerles en todo, y lo vives como una gran carga y responsabilidad.

Vivir en sociedad implica ser consciente de que cada uno de nosotros no estamos metidos en una burbuja, protegidos de todo dolor y decepción y que hay momentos incómodos y situaciones de dolor como por ejemplo la humillación en el ámbito familiar, de amistad, profesional, etc.

Pero podemos actuar en una situación así, y por eso buscar ayuda profesional debe ser una de las prioridades, y esto no significa que tengas que quedarte callado o que no tengas que mostrar cómo te has sentido después de sentirte humillado. De hecho, lo ideal es que marques tu desacuerdo con la otra persona y que lo hagas de una forma asertiva a través de la palabra. Para ello, no inicies el diálogo con un ataque personal o con un reproche sino que lo importante es que empieces explicando cómo te has sentido y qué es lo que te ha herido en concreto.

Cuando hablas desde el yo, sin elevar el tono de voz y en un tono amable, tienes más opciones de despertar la empatía en quien te escucha que si le tratas de un modo hiriente.

La Palabra de Dios, tiene mucho que decir acerca de la humillación desde diferentes ángulos, por ejemplo: la persona que vive en la humillación y como el Señor la libera, y la persona que conscientemente se humilla frente al Señor reconociendo quien es Él.

Hay muchos ángulos de enseñanza de este tema en la Palabra de Dios que tú mismo puedes investigar leyendo la Biblia.

Ahora yo te invito a que veamos juntos uno de estos ángulos de la humillación en la Palabra de Dios, en relación con el apóstol Pedro con un grupo concreto de cristianos y aprendamos como podemos aplicarlo en nuestra vida.

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