Has llegado hasta aquí después de un tramo muy tuyo.
Un tramo que nació de una pregunta sencilla,
o quizá de un deseo que apenas se oía
y que te trajo hasta este lugar.
Mientras avanzabas, cada momento tuvo su luz, su ritmo, su silencio.
Y en cada uno de ellos hubo una presencia que caminó contigo.
Quizá no la viste. Quizá solo la sentiste.
Quizá apareció en un gesto, en una palabra, en un descanso inesperado.
Ahora estás en un punto distinto del camino.
Un punto que invita a detenerse un instante,
a respirar, a mirar hacia atrás y reconocer que no has estado solo.
Quizá al comenzar no buscabas conocer a nadie.
Quizá solo querías avanzar un poco, encontrar una palabra,
o ver qué había al otro lado de aquella puerta.
Pero mientras caminabas, alguien estuvo cerca.
Tal vez no lo viste. Tal vez solo lo presentiste.
Y quizá ahora, en esta pausa,
surge una pregunta silenciosa que no exige respuesta inmediata:
¿Quién ha estado caminando conmigo?
Puedes quedarte un momento con ella.
Dejar que te acompañe.
Sentir cómo abre un espacio suave
entre lo que ya viviste y lo que está por venir.
Si alguna parte de ti quiere descubrirlo,
si deseas seguir avanzando y ver qué se revela en el siguiente tramo,
podemos dar un paso más.


