Me preguntabas…

por aquellas palabras.

Antes de compartirlas contigo…

déjame contarte algo.

Hubo momentos…

en los que también necesité guardar silencio.

El camino

no siempre era claro.

Había silencio.

Y aprendí

que el silencio

también puede enseñarnos

a escuchar.

Fue entonces

cuando comprendí

que el corazón

no encuentra descanso

porque deja de caminar.

Lo encuentra…

cuando descubre

para qué camina.

Aquellas palabras

no cambiaron

el camino.

Pero cambiaron

la manera

de recorrerlo.

Desde aquel día…

nunca volví

a caminar igual.

Si tú también lo deseas…

me gustaría compartirlas contigo.

Estoy aquí. Si quieres, damos unos pasos más.

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