«Me siento fatal, inútil, como una …»
Un día cualquiera en un encuentro cualquiera entre Juan y Pedro que hace tiempo no se veían:
Juan- ¡Hola Pedro!, ¿Cómo estás?, ¿Cómo te va la vida con esta situación?
Pedro – (Se queda pensando y se pregunta: ¿Qué le contesto a Juan, que me siento fatal, que soy un inútil, que me siento como una …?)
Pedro- ¡Hola Juan!, cuanto tiempo si vernos, estoy bien, gracias, y también te veo muy bien a ti.
Juan- (Se queda pensando y habla para sí: como le digo a Pedro que mi vida ha ido hacia abajo, que ya no estamos en el mismo estatus social, mejor me lo callo).
Esta podría ser la realidad de muchas personas que viven con este sentimiento, porque este sentimiento es cada día más significativo con los diferentes tipos de crisis que se van produciendo a lo largo de los últimos decenios y la forma en que nos van afectando a todos.
El primer paso en muchos de estos procesos de crisis identitaria es una ruptura con esa vida pasada que, se pensaba, iba a durar para siempre, seguido por una época de pérdida de estatus y autoridad y separación de la vida social. En especial en los hombres que han visto su confianza y seguridad en peligro y que han tenido que volver a replantearse su rol como varones, porque “la recesión ha sido un asalto despiadado en la identidad y en el proceso de liminalidad vivido por algunos de ellos”.
La pérdida de estatus social por las crisis, va creando una nueva situación, haciendo que las brechas de los diferentes niveles sociales, sea cada vez más amplia, y los así llamados ricos son más ricos, los así llamados clase media estén desapareciendo, y los así llamados clase pobres son más pobres aún. Para muchos independiente de su nivel social, los problemas económicos se traducían en cifras; sin embargo, estas esconden dramas cotidianos o, simplemente, crisis vitales que, aunque no fuesen especialmente trágicas, señalaban a un nuevo estado de las cosas.
Este proceso concluye con la aceptación de la nueva realidad, que conlleva también una nueva identidad. Por ello hay quien incluso reconoce que la crisis le ha afectado de manera positiva, quizá no a su vida, pero sí a su actitud ante las cosas.
Es triste, cuando miras a tu alrededor y te cuesta encontrar cosas positivas, y cuando experimentas ese extrañamiento y los conflictos por la separación de lo que era tu propia vida, y todo ello te producen sentimientos de exclusión y potenciales problemas mentales. En resumen te sientes fatal, inútil, como una … y no sabes que hacer al respecto.
Afortunadamente, nuestros cerebros son muy flexibles, y estos sentimientos de inutilidad no tienen por qué durar para siempre. Nunca es demasiado tarde para cambiar las cosas y vivir una vida más feliz y saludable, por eso vamos a repasar algunos pequeños pasos que puedes tomar para ayudarte a ti mismo a superar estos sentimientos negativos.
– Buscar ayuda – Sentirse inútil puede conducir a trastornos alimenticios, comportamientos autodestructivos, adicción y otros problemas complejos que son difíciles de superar sin la ayuda de un profesional capacitado.
– Proponte objetivos realistas – Tal vez puede que te sientas inútil porque tus expectativas para ti mismo son demasiado altas, por eso debes establecer metas realistas y alcanzables, porque cada objetivo realista que cumplas disminuirá tus sentimientos de inutilidad. Haz una lista de objetivos alcanzables en los que puedas trabajar hoy y empieza a cumplirlos uno por uno.
– Haz algo por alguien más – No hay nada que nos haga sentir más útiles y valiosos que ayudar a alguien que lo necesita.
– Deja de mentirte a ti mismo – Si te sientes inútil, probablemente también estés desesperado porque no te aceptas en esta nueva situación, y mentirte aumenta tus sentimientos de inutilidad, por eso la mejor forma es hablarte con verdad y sinceridad.
– Libérate de las relaciones tóxicas – El primer paso que debes tomar es confrontar a la persona que está socavando tu sentido de autoestima. Puede llevarte unos minutos, o puede llevarte años. Confía en ti mismo para saber cuándo es el momento adecuado, especialmente si te ves desvalorado por esa persona una y otra vez.
– Cuida tus palabras – La próxima vez que te venga a la mente el «soy un inútil», o si lo dices en voz alta, pregúntate si lo que hiciste o no hiciste justifica esta dura autocrítica. Probablemente no. Cada vez que te encuentres pensando o diciendo «soy un inútil», contrarresta el pensamiento con una afirmación positiva y enfática como «¡Soy valioso!
«Me siento fatal, inútil, como una …»
Este sentimiento como hemos visto, puede deberse a situaciones externas que nos afectan, pero también en muchos casos es la consecuencia de nuestra situación interior, porque el pecado que hay en cada uno de nosotros, nos lleva hacia una depravación y situación cada vez más profunda en donde estos sentimientos se alimentan.
Por eso cuando vamos a la Palabra de Dios, con este sentimiento, podemos encontrar mucha enseñanza para nosotros.
La Palabra de Dios nos da objetivos reales
2ª Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.
La Palabra de Dios nos pide que hagamos algo por alguien
Miqueas 6:8 “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”,
La Palabra de Dios nos confronta con nuestra propia mentira
1ª Juan 1:8 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.»
Salmo 119:29 “Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley”.
La Palabra de Dios nos libera de relaciones tóxicas
Salmo 91:3-5 “Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día”.
La Palabra de Dios nos ayuda a cuidar nuestras palabras
Colosenses 4:6 “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.
Pero lo más importante es que el Autor de la Palabra de Dios, que es Dios mismo, está dispuesto a estar contigo todo el tiempo que necesites y en todo momento, para ayudarte, orientarte y guiarte en los pasos que debes dar.
Apocalipsis 3:20 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.
Dios se autoinvita a tu vida, porque quiere que le recibas, y porque desea estar contigo.
Por todo ellos, tú tienes la decisión dar el siguiente paso y comenzar hoy esa relación con Dios.
