«Ser padre» o «sentirse padre»
Para comenzar diré que ser padre es distinto a sentirse padre. No basta con un lazo biológico. Tener un hijo no produce automáticamente su correlato afectivo. Sentirlo como propio es un proceso mutuo, de ida y vuelta, sujeto a complejos avatares.
No es lo mismo ser papá de un bebé, de un niño en edad escolar, de un adolescente o de un adulto que ya ha armado su propia familia.
Los sacrificios que impone la crianza de un hijo son compensados por las satisfacciones que se obtienen cuando éste da señales de crecer adecuadamente y de devolver de diversas maneras el cariño que se le prodiga; indicios, a su vez, de que se está siendo un “buen” padre.
Al padre le toca la tarea, nada sencilla, de funcionar como “barrera protectora” frente a los estímulos externos. De cuidar el clima familiar, de acompañar y explicar, de calmar, seguros de la imborrable huella que dejará en sus hijos, en circunstancias como las que nos toca vivir.
Ser mejor padre aunque no sea sencillo, puede conseguirse siguiendo unos pocos principios que hay que poner en práctica a diario:
– No se involucre en luchas de poder de las que es probable que nadie salga victorioso.
– Diga cosas agradables a sus hijos de vez en cuando, sobre todo si no se lo esperan.
– Es importante ser raro. No deje que los hijos piensen que son más raros que sus padres.
– No haga cosas por sus hijos que ellos sean capaces de hacer por sí mismos.
– Hay que tener una autoestima alta. Si el padre no la tiene, sus hijos tampoco.
– Aprenda a pedir disculpas cuando no cumpla sus propias cotas de exigencia al tratar a sus hijos.
Criar y educar a un hijo sea cual sea su edad, nunca es fácil, porque supone tener en cuenta una gran cantidad de aspectos que pueden afectar a cómo puede llegar a desarrollarse, y aunque en la mayoría de los casos lo acaban haciendo bien, resulta frecuente encontrar personas con dudas sobre qué deben hacer para ejercer su papel de la mejor forma posible.
Un reto donde siempre nos preguntamos qué hacer para ser un buen padre. Y aquí vamos a ver algunos consejos para ser buen padre y proporcionar un entorno estimulante y favorecer de un correcto desarrollo físico y mental.
1. Críalos y Edúcalos siendo ejemplo
2. Comunícate y escucha a tus hijos, compartiendo tiempo con ellos
3. Establece límites dando ejemplo
5. Demuestra afecto y evita la rigidez
6. Elogia sus logros sin compararle con otros
7. No le sobreprotejas, dale espacio
8. Interésate por su visión del mundo y contesta sus dudas
9. No reprimas ni sus emociones ni las tuyas y tampoco le grites
10. Vigila tus expectativas y sé coherente
11. Admite tus errores y acepta los suyos
12. Genera un clima familiar respetuoso
13. No te obsesiones con ser un padre perfecto, recuerda que ser padre es para siempre
«Ser padre» o «Sentirse padre»
En la Palabra de Dios, tenemos mucha enseñanza con respecto a la responsabilidad que tiene un padre en relación con el reto de criar y educar a su hijo, solo basta mirar estos tres versículos:
Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”
1ª Corintios 11:1 “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”
Efesios 5:1 “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados”.
Enseguida nos damos cuenta que la instrucción y la imitación o el ejemplo van de la mano, no puede existir uno sin el otro.
Ser padre es la única profesión, en la que primero te otorgan el título y luego cursas la carrera. Pero la realidad es que en la historia de la humanidad, no existe un padre que haya sacado una nota de diez.
Por ese motivo a lo largo de la Palabra de Dios tampoco encontramos un solo modelo de padre, que podamos usar para decir: “Aquí hay un padre que modeló una vida de integridad y produjo un impacto en ese hijo que también vivió con integridad”
Esa es la realidad que puedo ver también en mi vida como padre, y no debo esconderla, lo que debo hacer es acudir de forma urgente a este taller pensado exclusivamente para los papás. ¿Vienes conmigo?.
