¿Cómo alimentas tu matrimonio?
En la relación de matrimonio, también solemos tener y usar frases como: “Con pan y vino se anda el camino”, “contigo, pan y cebolla”, “vivieron felices y comieron perdices”, para afirmar la fuerza que nos da el amor para vencer dificultades y salir adelante.
Pero también tenemos este refrán: “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor se escapa por la ventana”, que nos avisa de lo importante que es tener mucho cuidado de no descuidar la falta de alimento que produce esa hambre dentro del matrimonio, y que afectará a nuestro amor, porque ambas cosas están muy relacionadas.
Nuestros hábitos de comida, los añadimos el día que hicimos el pacto del matrimonio, y pudiera ser que fueran diferentes a nuestra pareja, o, que aún al día de hoy sigua siendo diferentes, pero debes saber que eso no tiene por qué ser un obstáculo en tu relación matrimonial.
Recuerda cuando erais novios y tenías una invitación para comer en la casa de la que sería tu pareja, dime ¿Cuántas veces te gustó la comida?, ¿Cuántas veces no te gusto la comida?, por los motivos que fuesen, pero lo importante es que nunca te planteaste que esa comida fuera lo que decidiera seguir o anular tu relación de noviazgo.
Ya sea por motivos de salud, culturales o de preferencias personales, las parejas pueden llegar a tener distintos hábitos alimenticios. Puede ser difícil evitar que haya discusiones por este tema. Pero las diferencias en los hábitos de comida no tienen que significar el fin de una relación. Hay que entender que el cuerpo de las personas es distinto y esto significa también dietas distintas. Las diferencias en gustos son lo que enriquecen la relación y la vuelven única.
Aquí tenemos una serie de consejos que se puedes seguir para mejorar la convivencia y superar estas diferencias:
– Respetar los hábitos de comida de tu pareja – Para que vuestra relación sea duradera debe prevalecer el respeto. Si decidisteis compartir vuestras vidas en pareja, debéis respetar las preferencias del otro. Si queréis un ambiente de armonía, las burlas y ridiculizaciones no tienen cabida bajo ningún motivo.
– Compartir tiempo al cocinar – Compartir tiempo en la cocina cuando se tienen hábitos de comida distintos puede ser beneficioso. De esta situación se puede aprender nuevas preparaciones, técnicas culinarias y conocer nuevos sabores. Cocinar en pareja, permite que ambas personas se sientan más cercanas.
– La comunicación es la clave – Ambos debéis expresar vuestras necesidades y escucharos con respeto. Esto es importante para poder planificar con antelación los alimentos que se necesitaran comprar para las comidas. Además, es bueno conversar sobre cuáles son los restaurantes que ambos podéis visitar o plantear alternativas.
– Crear un equilibrio entre ambos -A veces para que haya armonía, alguno de los dos deberá ceder un poco. Sin embargo, es importante que la dieta de cada uno se respete. Vivir en pareja como matrimonio no significa que los dos tengáis que ser iguales.
– Cocinar variaciones de un mismo plato – Cocinar dos menús no siempre es la mejor opción, ya que requiere más tiempo, esfuerzo y dinero. Una mejor alternativa consiste en preparar variaciones de un mismo plato. Por ejemplo, si uno es vegetariana y el otro no, se puede preparar un plato base con vegetales y después se le agrega algún tipo de carne. De esta forma, ambos paladares quedáis satisfechos.
– Ir a un nutricionista – Aunque pueden ser distintas las razones para seguir una dieta, el buscar la ayuda de un nutricionista, puede ser beneficioso, pues puede dar una serie de consejos y sugerirá una dieta que se ajuste a las exigencias y al cuerpo de cada uno.
Las parejas esperan ciertas cosas de una relación: sexo, dinero y respeto, pero con un número cada vez mayor de restricciones dietéticas y gustos distintos la cocina se está volviendo una completa lucha territorial. Pero si ves las diferencias en los hábitos de comida como una oportunidad para aprender, el camino se vuelve más ameno y divertido. Comunícate con tu pareja, sé respetuoso, plantea soluciones, y seguramente todo será un éxito.
Ahora entremos en otro tipo de alimento dentro del matrimonio que también necesitamos y vamos a hacerlo con esta frase, que si queréis podéis practicar: ¡Es muy romántico comer en un plato y aún más romántico es comer de la boca de tu pareja!.
¿Cómo alimentar el amor en una relación de pareja? Toda relación de pareja pasa por distintas etapas, que se refleja en la forma en la que ambos experimentan y expresan sus emociones, y el amor es una de ella, ese amor hay que alimentarlo al igual que alimentamos los cuerpos.
Muchos sin embargo olvidan este dato y piensan por eso que mantener la pasión y el amor es tratar de vivir lo mismo que se experimentó durante el enamoramiento o etapa inicial de la atracción, pero esas feromonas duran máximo 3 años, y después ¿Qué hacer y cómo alimentar ese amor?. Aquí te dejo algunos ejercicios para cada día:
Ejercicio 1: Despídete de tu pareja antes de salir de casa, quizá sea la última vez que la veas.
Ejercicio 2: Conversar al final del día, seguro que muchas cosas tenéis para compartir.
Ejercicio 3: Muestra aprecio por las demostraciones que tu pareja ha hecho contigo.
Ejercicio 4: Expresa afecto físicamente con abrazos, besos, caricias, utiliza el contacto piel a piel con tu pareja.
Ejercicio 5: La cita semanal. Un día por semana organizar una cita con tu pareja, como cuando empezasteis a conoceros. Acudir juntos a algún sitio o quedarse solos en casa, charlando, intimando y ampliando el mapa de amor.
Siguiendo estos ejercicios, habremos dedicado tiempo y atención a nuestra pareja, que poco a poco irá sumando para tener una relación más sana, profunda, de amor y comprensión, que enriquecerá nuestra relación de intimidad y soportaremos todas las vicisitudes que nos sobrevendrán.
Pero cada pareja debe encontrar su propia alimentación y sus propios ejercicios, porque el proyecto es crecer juntos, y si te falta algo más, aquí te dejo algunos ingredientes para enriquecer esa alimentación:
– Evitar definir al otro o sus actitudes (Ej.: Este es un refunfuñón, o un perezoso que no le gusta salir al campo, etc.) pues esto encasilla a la otra persona y ella terminará actuando como fue definida.
– Darse la oportunidad de descubrir aspectos nuevos del otro.
– Hacer del diálogo la oportunidad para conocer cada vez más de la pareja, sin centrarse sólo en los problemas por discutir o acordar.
– Buscar toda ocasión para hacer sentir al otro como la persona más importante de tu vida.
– Sorprender a la pareja con detalles o gestos de cariño y servicio.
– Estar siempre atento a responder a las necesidades de la pareja: las que expresa y las que le cuesta expresar.
– Escuchar al otro sin presuponer de entrada lo que quiere decir.
– No definir la relación desde las dificultades, sino centrar más la atención sobre los puntos fuertes o positivos que unen.
– Cultivar las diversiones y momentos de entretenimiento en común.
– Cultivar amistades con parejas positivas con la cuales puedan enriquecer su propia relación y buscar apoyo.
– Creer siempre en la buena voluntad del otro y confiar en que la otra persona no tiene la intención explícita ni implícita de hacerme daño.
– Romper los ciclos de discusión o la monotonía de las expresiones con gestos sorprendentes como abrazar cuando el otro no se lo espera, interrumpir una discusión y darse tiempo, ir a esperar al otro a la salida del trabajo como cuando eran novios, etc.
– Evitar hacer de los errores parecidos una lista de tal manera que cada vez que haya una dificultad tengamos la sensación de que “volvimos a lo mismo”.
– Orar siempre por la pareja y por la posibilidad de amarse y amar al otro siempre mejor.
– Buscar ayuda profesional cuando se estime necesario.
Algunos ingredientes que no son sanos para la alimentación del matrimonio:
– Creer que ya conocemos todo del otro.
– Dejar de conquistar el corazón y el interés del otro.
– Definir a la persona desde sus errores o limitaciones, o desde la imagen que nos hemos formado de él o ella.
– Desconfiar del poder del diálogo.
– Cruzar el límite del respeto con humillaciones, insultos, burlas.
– Creer que la ternura o la pasión ya no son posible entre los dos.
– Dejar de proponer alternativas para compartir pasatiempos o actividades.
– Incluir a la familia en las discusiones o decisiones de la pareja.
¿Cómo alimentas tu matrimonio?
Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos que Dios está muy pendiente de cubrir nuestras necesidades materiales, comida, alojamiento, ropa.., si se lo pedimos y le dejamos.
Tenemos muchos ejemplos a lo largo de la Palabra de Dios, en dónde podemos fijarnos, y pedir a Dios que actúe igual en nuestra vida de pareja.
Pero lo más importante es el alimento que Dios quiere darnos, que es Su Palabra, porque leer, escuchar, aprender, meditar y poner en práctica lo que la Palabra de Dios nos dice, es el alimento que necesitamos, aun cuando las situaciones son de lo peor que estemos viviendo.
El mismo Señor Jesús cuando fue tentado tuvo que decidir y su decisión fue esta en Mateo 4;4 “El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Si tú y yo queremos seguir vivos, necesitamos comer pan (el alimento físico), pero también necesitamos comer la Palabra de Dios (el alimento espiritual), ahora si quieres acompañarme veamos este alimento de Dios.
