¿Cómo tomar decisiones?
Todas la personas tenemos la capacidad de tomar decisiones, algunas correctas, otras incorrectas, pero lo que nunca nos paramos a pensar es que las decisiones que tomamos también pueden y están limitadas y condicionadas.
Un ejemplo de esto podría ser, una persona libre y una persona presa. Ambos toman decisiones, pero uno usa su libertad de movilidad para acudir donde y cuando quiera sin limitaciones ni condicionadas. Mientras que la persona presa, sus decisiones de movilidad están limitada por unos muros y condicionadas por unas sentencia.
Todas las personas sentimos dolor, tristeza, alegría, satisfacción, miedo, angustia, gratitud, amor … Y también en la actualidad es muy frecuente encontrar personas que tengan algún tipo de “esclavitud mental” ya que somos influenciados por muchos factores y vivencias del entorno en general, que afectan y limitan nuestras acciones y opiniones, reflejándose en nuestra vida cotidiana.
Estamos en un mundo con grandes avances y descubrimientos, hemos evolucionado en tecnologías y conocimientos, que nos ayudan a una mejor relación entre culturas, dialectos, idiomas, formas de pensar y vestir… Pero: ¿Por qué es tan difícil cambiar nuestra forma de pensar y salir de la esclavitud mental en la que vivimos?
Seguro que me vas a decir: ¡Yo no tengo mentalidad de esclavo!, ¿Seguro?. Veamos algunos “estereotipos” o “encasillamientos”, que no consideramos porque los vemos normales, pero están ahí, y aunque los consideremos y no estemos de acuerdo, se nos exige seguir al pie de la letra. Por ejemplo, se nos instruye en cosas como:
– El color rosado es de mujer y el azul del hombre
– La mujer es el sexo débil y el hombre es el sexo fuerte
– La mujer debe estar pendiente de sus hijos mientras el hombre trabaja
– La mujer debe tener caderas grandes para que pueda tener hijos sanos
– La mujer debe tener el pelo largo, el hombre debe tener el pelo corto.
– La mujer debe ser femenina
– El hombre no puede sentir miedo
– El hombre no llora
Pensamientos como estos son los que no permiten que la esclavitud mental disminuya, y ha venido a ser un gran problema para la sociedad actual, porque las personas no pueden opinar por sí mismas, ni ponerse en el lugar del otro para comprenderlo y no juzgarlo. Veamos tres ejemplos que al actuar de esa forma no llevan a etiquetar a las personas:
– Si una persona se hace un tatuaje, muchos salen a decir que es “drogadicto”
– Si una persona se viste de negro, ya es “satánica”
– Si una mujer no se quiere casar, ya es una “liberada” que no sirvió para ser mujer
Nos damos cuenta que estamos en esa esclavitud mental cuando nos analizamos un mínimo y vemos este tipo de reacciones en nosotros:
– ¿Por qué siempre tengo la necesidad de estar juzgando al otro?
– ¿Por qué no puedo sentir compasión por aquel ser humano que toma sus propias decisiones, aunque no me parezcan “las correctas”, y tal vez no sea “correcta”, pero para esa persona es la única solución?
– ¿Por qué no soy capaz de vivir mi propia vida sin estar pendiente de juzgar a los demás por lo que hacen o dejan de hacer?
Hay determinados mecanismos que nos convierten en esclavos de las situaciones y que nos afectan en muchas áreas de nuestra vida. Es una forma de proceder aprendida y que tenemos que empezar a cuestionar para cambiar el rumbo de todo esto. Veamos cuatro de estos mecanismos:
– El miedo – Cuanto más temor e inseguridad tengamos, más necesitaremos que nos protejan. Es la forma tradicional que han tenido los peores dictadores de la historia para perpetuarse en el poder. Intentan hacernos ver que lo que podemos perder siguiendo nuestro juicio es mucho mayor que lo que podemos ganar si decidimos apartarlo y hacer lo que nos dicen.
– El autoengaño – Lo usamos para mentirnos, para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de cambio. Para lograrlo bastará con mirar hacia otro lado, emplear infinitas formas de entretenimiento para evadirnos las 24 horas del día de nosotros mismos, conseguirá que vivamos narcotizados.
– La resignación – Agotados física y mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando que “la vida que llevamos es la única posible”. Creemos que no tenemos nada que hacer, que hay un destino predeterminado que no podemos modificar y, de esta manera, no tomamos decisiones, no cambiamos, nos dejamos llevar con resignación.
– La pereza – cuyo significado quiere decir “tristeza de ánimo de quién no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”. Es esa sensación que, en ocasiones, nos creemos que está ahí para auto engañarnos y no hacer lo que en realidad queremos hacer.
La sociedad y la tradición, ejercen una poderosa influencia sobre nosotros. Se nos adoctrina, para obedecer pautas y directrices predeterminadas para la mayoría y para rechazar sistemáticamente ideas nuevas. Para evitar pensar de otra manera y así encajar como se debe en la sociedad.
Y todo ello impide que las decisiones que tomamos diariamente sean las mejores, las más acertadas, las correctas.
¿Cómo tomar decisiones?
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, lo primero que vemos es a dos personas que eran libres, que no estaban bajo ningún tipo de esclavitud, y que usando esa libertad, tomaron una decisión, desobedecer a Dios, y dejar entrar el pecado, lo que les llevó a ponerse bajo la esclavitud de ese pecado.
Desde ese momento, que fue el inicio de la historia del hombre, la esclavitud nos limitan las diferentes decisiones que tomamos. De ahí hasta ahora, vivimos en un mundo de esclavos, siendo nosotros uno de esos esclavos, y si no lo somos de forma física, sí lo somos en nuestra mente.
Todos los días el hombre toma decisiones de luchan en silencio por liberarse, porque son conscientes del daño causado en sus vidas pero no pueden cambiar por si solos porque están esclavizados. Unos luchan por dejar el alcohol, otros luchan por dejar las drogas, sexo ilícito, la pornografía, prostitución, otros luchan por ser aceptados por otros, otros luchan por ser popular, todas estas cosas son esclavitudes que por más que intentan no pueden huir y por eso le huyen a la verdad porque no quieren ver su realidad.
El pecado es la esclavitud mental que tenemos y que:
1) No deja ver el potencial de Dios que hay en ti para destruir lo que está en tu contra.
2) Destruye el espíritu guerrero (el deseo de luchar).
3) Trae amargura a tu vida a causa de ser y hacer lo que no eres y lo que no quieres hacer.
4) Te somete a una dictadura espiritual.
5) Cierra tus oídos a la voz de Dios.
Quizá ya no puedas más, quizá ya no esperas a que venga alguien a liberarte, pero…
Dios tomó una decisión, venir a liberarte, a restaurar lo que el pecado provocó, y que de nuevo puedas estar en una relación de libertad para que puedas tomar las decisiones correctas.
¿Cómo es posible esto?, Pues acompáñame, veámoslo juntos en:
