¿Dónde encuentro consuelo?

Nos estamos convirtiendo en una generación de aislados, no por nuestra voluntad, sino porque es la sociedad la que nos lleva a ello. Lo que conlleva a crear soledad, desconfianza, lo que produce en nosotros frialdad, dando lugar a un rechazo hacia la gente que nos rodea.

El sentido del consuelo es unirnos, crear lazos profundos entre nosotros. Porque nuestro fin como personas es llegar a saber relacionarnos con los demás.

Pero hay que ser valiente para admitir que necesitamos a los demás y que los demás nos necesitan. La vida es dura incluso la cotidiana y necesitamos pruebas de que no estamos solos para afrontarla.

El consuelo no es resolver problemas, es otra cosa, es estar ahí, acompañar, abrir un espacio para que el otro haga y diga lo que quiera, para que se plantee preguntas, se enfrente a sus problemas y les dé las vueltas que haga falta. A veces, ni siquiera es necesario hablar. Es suficiente con mirar o con estar presente y emitir la señal que el otro espera: «Puedes contar conmigo», porque el consuelo se basa justamente en respetar el dolor del otro.

Aunque parezca sencillo, saber consolar es importante. No es que haya una fórmula mágica para que el consuelo, pero sí existen una serie de pautas a tener en cuenta a la hora de brindar nuestra ayuda al otro:
1- Validar los sentimientos del otro: Hacerle ver que todo lo que siente tiene sentido. Por ello, es importante facilitar el desahogo, crear un refugio para que la persona se sienta libre a la hora de expresar lo que necesite, por ejemplo “sé que estás sufriendo y lo siento mucho”, «”lamento mucho por lo que estás pasando, comprendo tu malestar, tu dolor, tristeza…”.
2- No se necesitan razonamientos sabios, ni juicios ni referencias a propias experiencias: La realidad que vive cada individuo es única y excepcional; por ello, es mejor evitar las comparaciones y expresiones como “esto te ha pasado por (…)” o “lo que tenías que haber hecho es(…)” lejos de ayudar, invalidan.
3. La persona que sufre no quiere consejos: Aunque sean bien intencionados son contraproducentes. En esencia, para evitar esa reacción, es necesario evitar decirle a la otra lo que debe hacer o sentir. Expresiones como “quítate eso de la cabeza o no lo pienses más” deben sustituirse por “lo que sientes es normal, te entiendo y lo siento”.
4. Estoy contigo para lo que necesites (cuando tú me digas): Bien es cierto que la cercanía ayuda y es esencial, pero hay que saber dejar espacios, permitir tiempos y respetar necesidades propias. Apoyar sin invadir es un arte. Ser cercano sin agobiar es un recurso inteligente y necesario.

Para concluir, todos en algún momento, nos hemos visto en esta compleja tesitura. Bien entre quienes dan consuelo y también, entre los que los han necesitado. Ninguna de las dos situaciones es sencilla, es cierto, sin embargo, es bueno normalizarlas y habilitarnos en esta competencia de vida tan esencial. Consolar requiere prudencia, atino y esa conexión emocional que reconforta sin invadir.

Oliver Goldsmith (escritor y médico irlandés de 1728) dijo: “El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda.”

Si este pensamiento lo llevamos a la Palabra de Dios, podemos ver a ese Hombre que se lanza desde los cielos para consolar y ayudar al ser humano, y ese Hombre es el Verbo de Dios hecho carne “Jesucristo”.

¿Dónde encuentro consuelo?

Nuestro Dios es el Dios de toda consolación. Y aunque pensemos que nuestra situación es tan grande y tan única que escapa del consuelo de Dios. No es cierto, No existe ninguna situación para la cual Dios no tenga algún remedio, o un ungüento para nuestras heridas.

Eso significa que Dios tiene la capacidad de consolarnos en toda situación, y en la persona de Jesucristo podemos verle actuar cuando se acerca a las personas e interactúa con ellas.

Ahora, Dios se ha acercado a ti y a mí en este momento, ¿Quieres conocer a ese Dios de toda consolación y experimentar lo que tiene para ti?.

Scroll al inicio