¿Es el destino, o la casualidad?

Intentar explicar que es el destino y la casualidad no es tarea nada fácil. Y hablando de esto ¿te he contado como conocí a la que fue mi esposa?. ¿fue destino, o fue casualidad?. No lo sé, quizá ambas.

Es cierto que a veces suceden cosas que nos sorprenden: conocer a alguien en un determinado lugar en curiosas circunstancias, esa suerte que un día aparece de modo inesperado, esa elección que tomamos sin saber muy bien por qué… ¿Es la casualidad, o el destino?

Dirás, pero ¿Lo vas a contar?, si claro fue así:

Yo vivía en Barcelona, ella vivía en Madrid, nunca nos habíamos visto, no sabíamos nada el uno del otro, nuestros trabajos no tenían relación, y en los círculos en dónde nos movíamos nunca habíamos coincidido, hasta que un día, ambos decidimos acudir a un encuentro que se hacía cada año en Galicia, allí fuimos ambos con un propósito concreto que nada tenía que ver con intentar conocernos. Este encuentro tenía dos partes, en la segunda parte estarían presentes varios cientos de personas, pero en la primera parte que duraba 3 días, fue donde estuvimos nosotros, y éramos menos de cien personas.

Fue allí donde la vi por primera vez, bajando por unas escaleras, una imagen que paró el mundo a mi alrededor, fue “un flechazo certero y mortal”, ¡sí porque aún existen esos flechazos!, y desde ese momento supe que esa mujer un día sería mi esposa. Y lo fue, pero tuvieron que pasar algunos meses más y otros acontecimientos, vamos, una mezcla de destino más casualidad.

Pero volviendo al tema, podemos decir que el destino es una fuerza que está por encima de nosotros y que nos empuja hacia una sucesión inevitable de acontecimientos, de circunstancias de las que no podemos escapar. Mientras que la casualidad se define como un acontecimiento en el que coinciden dos sucesos o circunstancias imprevistas debido a una fuerza extraña que no conocemos.

Destino y casualidad tienen definiciones bastante similar, pues ambos son sistemas de pensamiento y de creencias que, al final, buscan lo mismo, dar una respuesta a esos sucesos inesperados que de otra manera no podemos razonar.

La diferencia entre destino y casualidad es que, cuando hablamos de destino, creemos que nuestra historia y los sucesos en ella están escritos en algún lugar que desconocemos desde el momento en el que llegamos al mundo; por su parte, la casualidad le acredita esos sucesos inesperados por los que pasamos a jugadas del azar.

Pero la cuestión se centra en que si aceptamos la existencia del destino, asumimos que parte de lo que nos sucede está marcado por los designios de quién sabe qué. Es algo que escapa por completo a nuestra comprensión y puede que incluso hasta a nuestra propia consciencia. Entonces, ¿dónde están los hilos de nuestra responsabilidad? ¿Cómo ser responsable de algo que ni siquiera controlamos?

Hay científicos que afirman la existencia de un “destino casi obligado”, y es el relativo a la herencia: la genética de nuestros progenitores en ocasiones nos determina en muchos aspectos, a veces en carácter y otras en rasgos físicos, en enfermedades…El contexto social y personal en el que somos educados también puede afectarnos al menos con una probabilidad de un 30 o un 40%.

Pero por otra parte, también tenemos la concepción indispensable del “libre albedrío”, donde cada uno está condicionado por sus propias elecciones. Lo está por su propia historia personal y también por su vida en una sociedad que le permite inclinarse por una determinada senda u otra, reconociendo sus errores, confiando en uno mismo y asumiendo nuevos retos.

Y es que, como dijo una vez un viejo escritor italiano, “El destino no reina sin la secreta complicidad del instinto y la voluntad”. Porque la vida de uno no se teje en las estrellas, sino en nuestra propia realidad y en el día a día, que nos va poniendo pruebas y retos para probarnos como personas.

Somos libres de establecer nuestras propias metas y conseguir nuestros propios logros, pero la casualidad existe. Y a veces las casualidades son tan singulares que no podemos evitar dotarlas de ese halo de magia inexplicable. Porque a las personas, por muy racionales que seamos, siempre nos ha gustado esa pincelada singular donde contener todo lo extraño e inexplicable…

“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.» -William Shakespeare-

Cierto es que nuestras vidas a veces son un caos de casualidades y hechos ilógicos, pero el llevar las riendas de nuestro propio destino, ser dueños de nuestro timón, nos va a permitir ser más responsables.

El destino no está escrito en las estrellas, el viento o la tierra. Nuestro porvenir solo puede ser plantado, regado, cuidado y recogido por nosotros mismos. Así que es mejor que pares de dejarte llevar pensando que es el viento quien te balancea, pues no es así, puesto que tú eres el único patrón de tu barco.

No debemos pensar que el destino es algo inerte, inamovible y quieto. No debemos ser víctimas de antiguas creencias que culpan a grandes y omnipotentes deidades de todo aquello cuanto nos pasa. No hay un ser de inmenso poder que decide por nosotros. Es nuestro corazón quien toma los caminos a seguir, y nuestros pies quienes avanzan por ellos.

Es cierto que al nacer, todos tenemos una serie de cartas con las que debemos jugar. Puedes haber visto la luz en el seno de una familia acomodada y adinerada. También es posible que tu alumbramiento tuviese lugar en condiciones mucho peores. Sin embargo, estos hechos no deben ser óbice ni motivo para que te conformes y te dejes llevar por las circunstancias.

Sea cual fuere el ambiente en el que te ha tocado crecer y vivir, tú eres el único dueño de tu destino. Las cartas que en suerte han caído en tus manos tienen ases, reyes y caballos. No te conformes jamás con lo que crees que es inamovible, porque entonces puedes terminar sufriendo una vida dura, anodina y triste.

En nuestro corazón y en nuestras capacidades personales hay fuerza suficiente para negar un destino que no nos gusta y nos hace infelices. Debemos encontrar siempre la energía dentro de cada uno para superarse y mirar hacia el futuro con esperanza e ilusión.

No siempre son fáciles los caminos del destino. Pese a haber nacido en una situación acomodada, luchar contra el ambiente en el que te mueves nunca es sencillo. Pero esta no es una razón para rendirse y dejarse llevar por las circunstancias.

Nosotros somos los únicos dueños de nuestro destino. Nosotros decidimos qué queremos hacer con nuestra vida, nuestro mundo y nuestro entorno. De ti depende el conformarte con aquello que se te ha dado, o tratar de hacer algo bueno con las herramientas que dispones.

La vida es un bello don que se nos ha concedido. Y únicamente de nuestra alma, nuestro corazón y nuestro pensamiento depende qué hacer con ella. El tiempo que se nos brinda, es un bien muy preciado que hemos de respetar y querer, haciendo del mundo a nuestro alrededor algo bello, bonito y entrañable.

El destino es una cuestión de querer. Y querer es poder. El corazón de los humanos es una arma poderosa que sirve para mucho más que bombear sangre por todo el cuerpo. Úsalo sabiamente para mejorar tu vida y la de los tuyos. Goza de los bienes que tienes a tu alrededor junto con aquellos que te aman con sinceridad.

¿Es el destino, o la casualidad?

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, lo primero que vemos es a un Dios creando los cielos, la tierra y a la primera pareja, y esto no fue destino ni casualidad, esto fue así porque forma parte de la Voluntad de Dios.

Cuando vemos esa primera pareja ir contra la Voluntad de Dios, tampoco esto es destino o casualidad, sino que forma parte del libre albedrío del hombre con que fue creado y lo usó para decidir su destino.

Cuando vemos en la Palabra de Dios, los encuentros que Jesús tiene con las diferentes personas, tampoco esto es destino o casualidad, sino que forma parte de la Voluntad de Dios, por llegar a donde estamos cada uno de nosotros con nuestros delitos y pecados, y tener un encuentro personal, porque Dios sabe dónde estamos, cual es nuestra condición y lo que necesitamos.

Cuando tenemos ese encuentro con Dios, y nos indica lo que tenemos que hacer para ser salvos y ser perdonados y tener vida eterna, tampoco esto es destino o casualidad, sino que forma parte de nuestro libre albedrío, decidir si aceptar o rechazar esa invitación de Dios, y sea cual sea la decisión que tomemos, nos condicionará nuestro futuro.

En la relación de la persona con Dios, o Dios con la persona, no existe el destino, ni existe la casualidad. Es un querer de Dios para nosotros y un querer de nosotros hacia Dios.

Ahora te invito a conocer algo más de la Voluntad de Dios en esa relación que desea tener contigo.

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