¿Has pensado alguna vez que ¡La vida no es justa!?

Cuantas veces nos hemos sentido frustrados y hemos exclamado desde lo más profundo de nuestro ser con esta frase: ¡la vida no es justa!, o con esta pregunta: “¿¡Por qué a mí!?” A lo cual otra voz nos responde: “¿Y por qué no?”

Decimos que la vida es justa y nos sentimos felices y tranquilos, cuando todo funciona tal y como queremos que funcione, pero cuando no, nos quejarnos, nos lamentarnos y pensamos que somos unos desgraciados cuando la vida no nos sonríe, pero eso no hará que nos sonría más.

El hecho de que tú te sientas más o menos desgraciado e iracundo con el mundo en el que te ha tocado vivir, responde más a una elección personal cuando decides nombrar a las cosas como injustas y enfadarte con ellas. ¿Vas a dejar que tu felicidad dependa de aspectos que no puedes controlar?.

Esperamos que todo sea una ley sencilla: malos actos = castigo, buenos actos = recompensa, porque nos brinda una sensación de control y seguridad, porque sabríamos a qué consecuencias atenernos a partir de nuestros comportamientos. Pero cuando constatamos que no siempre se aplican, solemos sentirnos muy frustrados.

En resumen, los pensamientos del tipo: “la vida no es justa” y “por qué a mí” en ocasiones son formas de asumir una postura derrotista. Entonces, ¿Cuál es el consejo?

Aceptar que la vida no es justa no significa permitir que todos nos pasen por encima o que vulneren nuestros derechos.

Si quieres dejar de quejarte por aquello que se escapa de tu control y has decidido tomar las riendas de tu vida, sin decidir si el mundo es más o menos injusto, te felicito porque vas a dar el paso a una vida más sosegada y feliz. Algunos ejercicios que te ayudarán son:

Poner límites – siguiendo tu sentido de la justicia y lo correcto, pero con cuidado de que ese sentido de la justicia no se convierta en una espada de doble filo.

Haz una lista – de lo que te parece injusto y hazte las siguientes preguntas: ¿Solo por el hecho de que a mí me molesten van a desaparecer? ¿Tengo algún control sobre ello? Si te contestas a ti mismo que no, la mejor opción es que dejes de darle vueltas al asunto y aceptes las cosas como son.

Deja de compararte con el prójimo – ya que este es otra persona distinta a ti y como tal, su vida también es distinta. No es justo ni injusto, simplemente diferente. No puedes fijarte en lo bueno que le ocurre a él y lo malo que te pasa a ti.

Cambia tu diálogo – si estás a punto de decir ¡no es justo que a ti te pase eso y a mí no!, mándate una señal de stop mental a ti mismo e inmediatamente cámbialo por: ¡me alegro que a ti la vida te sonría en este momento!.

Dejar de encontrar un sentido a todo – y aceptar lo que muchas veces negamos: que a las personas “buenas” les pasan cosas malas y que a las personas “malas” le pasan cosas buenas.

En resumen, necesitas comprender que insistir tercamente en la creencia de que la vida es injusta contigo inevitablemente profundizará tu dolor o enojo y te obstaculizará en el agravio, impidiéndote seguir adelante.

¡La vida no es justa!, ¿Qué enseña la Palabra de Dios de este tema?.

La Palabra de Dios presenta a Dios con uno de sus atributos que es JUSTO, por ese motivo en todo pensamiento y en toda acción que sale de Dios y que podemos leer y ver en Su Palabra, nunca hay lugar para la injusticia.

La Palabra de Dios presenta también al hombre creado a la imagen de Dios, como una persona que dentro de él está la capacidad de ser justo y ejercer justicia con otros, pero el pecado ha alterado esa condición y esto se refleja cuando intentamos actuar de forma justa pero terminamos actuamos de forma injusta.

La Palabra de Dios, también nos muestra que por esa alteración que hay dentro nuestro, muchas veces culpamos a Dios, y nos preguntamos: ¿Si Dios es Justo, con lo que estamos viendo y con lo que estamos experimentando en nuestra vida?.

Hay una situación en la vida de Jesús cuando es arrestado, que Pedro uno de sus discípulos, saca su espada y corta la oreja de Malco un siervo del sumo sacerdote. Quizá Pedro lo hizo pensando en la injusticia que estaban haciendo con Jesús, pero el acto que hizo Pedro fue un acto injusto contra Marco. Así actuamos muchas veces.

Por eso si tú has decidido tomar las riendas de tu vida y quieres terminar el proceso para llegar a ser una persona justa y actuar en justicia, te queda un último ejercicio, acudir a la Palabra de Dios par ver como actúa Dios, como nos enseña y como nos restaura, y restaura nuestros actos injustos, como lo hizo con Pedro y Malco.

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