¿Por qué me cuesta amar?
Hay una conversación registrada en la Biblia entre Jesús y el apóstol Pedro en Juan 21:17. Jesús le preguntó 2 veces a Pedro si le amaba y Pedro dijo “Sí te amo”, y la tercera vez que Jesús le preguntó si le amaba, Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Pienso que en parte me siento identificado con Pedro, Sí, me refiero a mí. Me cuesta amar. No es que no ame, en general, soy una persona que ama muy profundamente, pero soy malo en demostrarlo, me cuesta mucho expresar ese amor. Mi mujer hubiera dado un buen testimonio de esto.
Como decía el escritor C.S. Lewis “El amor no es un sentimiento de cariño, sino un deseo constante por el bien supremo del ser amado, hasta donde este pueda alcanzarse”. Hay tantas definiciones del amor como personas, pero siempre tendremos una pregunta, ¿Cómo sé si el bien supremo que quiero ayudar a alcanzar a mi prójimo es realmente el bien supremo para él? Es fácil asumir que sabemos lo que alguien necesita, pero prejuzgar la situación es una manera de “buscar lo mío”.
La Biblia nos da algunas características mucho más puntuales en cuanto al amor, y esto me lleva a proponerte un ejercicio práctico.
¿Te gustan los ejercicios?, Pues vamos a hacer uno bien sencillo, se trata de cambiar la palabra “El amor” por tu nombre en este párrafo que está en la Palabra de Dios en 1 Corintios 13:4-7:
“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
¿Qué te ha parecido?. ¿Volvemos a repetirlo cinco veces más?. ¿Ahora como lo ves, te cuesta amar?
¿Por qué me cuesta amar?, porque en nuestra incapacidad no está únicamente una falta de expresión, también hay egocentrismo. No nos gusta que nuestra expresión de amor esté sujeta a los caprichos de los demás. Así que lo que necesito cambiar no es solo mi expresión de amor. Necesito un cambio más profundo.
Ninguna persona en este mundo puede pasar este ejercicio diciendo que en todo cumple el 100%. Y eso es así porque alcanzar ese nivel es solamente por la Obra del Espíritu Santo, y en la medida que le dejamos actuar, porque Dios no obliga a nadie, Dios respeta nuestro libre albedrio para tomar decisiones.
Estoy hablando del Dios que se da a conocer en la Biblia, no a esa imagen que tenemos físicamente o en nuestra mente y que veneramos equivocadamente, porque esa imagen no tiene que ver nada con el Dios Verdadero.
Y el libre albedrio tiene que ver con la potestad que el ser humano tiene de obrar según considere y elija. Esto significa que las personas tienen naturalmente libertad para tomar sus propias decisiones, sin estar sujetos a presiones, necesidades o limitaciones, o a una predeterminación divina.
De ahí que esa necesidad de un cambio profundo para dar respuesta a la pregunta ¿Por qué me cuesta amar?, lleva implícito el aprender a amar, y el único que puede enseñar esa gran lección es aquel que se presenta como “DIOS ES AMOR”, y la primera lección es “déjate amar por Dios”, para que luego puedas reproducir esa misma enseñanza con los demás.
Sin embargo, si usas tu libre albedrío y decides «dejarte amar por Dios» entras en una auténtica aventura en dónde debes abandonar tus seguridades. No debes programar, ni decidir, ni actuar. Da vértigo, ¿verdad? Es algo casi irracional; humanamente poco comprensible. Tienes que dejar a un lado todo aquello que te ancla y te da estabilidad para poderte fiar sólo de Él. Para confiar sólo en Él. Todo lo humano pasa a un segundo plano. Sólo cuenta Él. «Jesús confío en Ti».
Entonces, buscar las soluciones a la pregunta ¿Por qué me cuesta amar?, ya no son tu problema, sino que se los das a Dios para que sea Él quién los encauce de la manera más conveniente. Es Jesús quién te dice: «Dame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor».
¿Por qué me cuesta amar?, tienes la respuesta en «Deja que Dios te ame».
