“Domina tu fuego interior”
El enfado es una emoción básica que nos permite defendernos en situaciones de amenaza. Puede aparecer tanto por hechos internos como externos. Un niño, por ejemplo, puede enfadarse porque siente que sus notas no son buenas (interno), o bien porque su hermano lo ha empujado (externo).
Sentimos enfado de forma más o menos habitual sin que ello derive en grandes problemas. Sin embargo, cuando se pierde el control, el comportamiento que resulta del enfado puede tener consecuencias negativas y genera unos efectos sobre nuestro organismo que se relacionan con multitud de alteraciones y enfermedades como la ansiedad y la depresión. Por tanto, ¿cómo gestionamos esta emoción?
La investigación científica ha demostrado que la capacidad de gestionar la emoción de enfado nos permite tener una mejor salud física y un mayor rendimiento académico y laboral. Reduciendo los problemas de conducta, fomentando el autocontrol, la confianza en uno mismo y las buenas relaciones con los demás.
Muchas veces el enfado nos lleva hacia conductas agresivas. Sin embargo, responder agresivamente ante cada situación de amenaza no siempre es lo más adecuado. La violencia acarrea conflictos sociales, dificultades con la familia, problemas con la justicia y daño físico o emocional. Por lo tanto, es importante conocer formas saludables de controlar la ira.
A continuación exponemos algunas formas de manejar el enfado:
– Desarrolla la empatía. Por ejemplo, le puedes preguntar a un hermano: “¿Cómo piensas que se puede sentir mama cuando le gritas?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.
– Admite cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento. Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente. Puedes sentirte muy enfadado/a con tu pareja pero no por ello vas a comenzar a insultar ni a sacar todos los trapos sucios olvidados.
– Aprende hábitos de control de estrés. Evita arrebatos de ira, por ejemplo, participando regularmente en actividades como el ejercicio físico, la lectura o la música, de este modo te mantendrás alejado/a de aquello que te irrita.
– Inspira profundamente. Antes de reaccionar agresivamente cuando estés enfadado/a cuanta hasta diez para no decir algo de lo que después te puedas arrepentir.
El detonante universal del enfado es la sensación de hallarse amenazado. Y no solamente nos referimos a la amenaza física sino también, como suele ocurrir, a cualquier amenaza simbólica para nuestra autoestima o amor propio.
Calmar la cadena de pensamientos negativos que alimentan al enfado es una de las técnicas más eficaces para gestionar esa emoción. Cuantas más vueltas le demos a los motivos que nos llevaron al enfado, más “buenas razones” y más justificaciones encontraremos para seguir enfadados.
¿Quién no se ha enfadado con alguien y le ha dicho cosas de las que luego se ha terminado arrepintiendo?
Cada situación que nos lleve a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que mantienes la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítate. En cambio, si notas que no controlas bien el enfado, trata de resolver el problema. Pregúntate, por ejemplo, qué podrías hacer la próxima vez que te suceda algo que suscite tu enfado. Encuentra opciones como “avisar a un conocido” o “dar la espalda”, y luego intenta que la próxima vez reacciones de este modo. Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un fuego que solamente podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista diferente.
Si no fuéramos capaces de transformar el dolor que hay dentro de nosotros, no podríamos ser felices…
… Una buena enseñanza es aquella que puedes aplicar directamente a tu vida, para transformar tu sufrimiento. Cuando estás enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno. Debes ir a ver a un amigo que practique y preguntarle qué puedes hacer para transformar la ira y la desesperanza que hay en ti…”
“…Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla. Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto…”
“…La mayoría no lo hacemos, no queremos volver a nosotros mismos, sino perseguir a esa persona para castigarla. Pero si tu casa se está incendiando, lo más urgente es volver a ella e intentar apagar el fuego, y no echar a correr detrás del que crees que la ha incendiado, porque si lo haces, tu casa se quemará mientras te dedicas a atraparle. Y eso no es actuar prudentemente. Debes regresar y apagar el fuego. O sea, que cuando estás enojado, si sigues relacionándote o discutiendo con la otra persona, si intentas castigarla, estás actuando exactamente como alguien que se pone a perseguir a un pirómano mientras su propia casa está ardiendo….”
Muchas veces nos preocupamos tanto por el fuego que vemos fuera y descuidamos el fuego en nuestras vida… en nuestras casas… en nuestros trabajos… en nuestros entornos de amigos… ¿Somos conscientes de las “bombas” de enojo que colocamos en los lugares que frecuentamos y los incendios que provocamos?… ¿nos hacemos cargo, colaboramos para apagarlos o tiramos más combustible?
Nuestras vidas, hogares, oficinas, clubes, empresas, aulas… arden sin control cuando no podemos dominar el fuego de la ira, cuando nos abandonamos al instinto del enojo, desparramando brasas, palabras ofensivas, insultos, humillaciones y hasta los golpes, dañando vínculos, al otro y a nosotros mismos.
Ser inteligentes en la gestión del enojo implica actuar conscientemente; frenar el instinto de venganza, el deseo de castigar al otro, de hacerlo sentir mal por lo que creemos “nos hizo”; perseguirlo, culpar, discutir, maldecir. Devolver más ira, alimenta el fuego en nuestro corazón y destruye relaciones, hasta nuestra salud y bienestar.
Recordemos que el fuego de la ira nos consume y también quema a los demás. Tenemos a nuestro alcance herramientas para convertir la ira en una fuerza constructiva. La decisión está en nuestro corazón: seguimos provocando incendios o colaboramos en apagarlos.
“Domina tu fuego interior”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos también ese fuego interior que se manifiesta igualmente en la ira, en el enfado, porque esa es nuestra naturaleza, y es algo que no podemos dominar, por muchos recursos que pongamos en práctica.
La Palabra de Dios, nos enseña que tenemos un miembro “la lengua” que es utilizado por la ira, el enfado y otras manifestaciones de esa naturaleza. Podemos verlo en Santiago 3:5-9
5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;
8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
Cuando entendemos de nuestra incapacidad para librarnos de esta mala condición, entonces, preguntamos como hizo el Apóstol Pablo en Romanos 7:24 “!!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”
Si este es tu caso, y quieres conocer la respuesta, te invito a seguir en…
