“Mi tiempo libre”
El ocio puede ser definido como “el tiempo del que disponemos y que empleamos para realizar actividades para el disfrute personal y colectivo”. Sin embargo, cuando hablamos de ocio, es importante ir más allá de la concepción de tiempo libre y destacar la calidad de la experiencia que éste aporta.
No todo tipo de ocio reporta beneficio en sí. Un ocio positivo y valioso, es aquel que tiene la capacidad de facilitar el desarrollo individual y colectivo, reportando beneficios a nivel físico, emocional, cognitivo y social. El desarrollo de estos aspectos, son imprescindibles para el ajuste psicológico y la formación de la identidad en la etapa juvenil.
El ocio puede ser improvisado y casual donde se requiere pocas habilidades y conocimientos. Por el contrario, un ocio planificado y organizado exige esfuerzo, constancia y sentido de pertenencia de grupo (por ejemplo, cuando se realiza la práctica de un deporte, voluntariado o un hobby).
En resumen, es importante tener presente estos aspectos:
– El tiempo de ocio es muy importante en el equilibrio y bienestar personal, así como en el desarrollo de menores, adolescentes y jóvenes.
– Según el uso que se dé al tiempo de ocio, puede o no reportar beneficios.
– La participación y acompañamiento de adultos, es imprescindible, para que hagan un buen uso de su tiempo de ocio.
– El ocio planificado reporta más beneficios, que aquel improvisado y casual.
– Supervisemos y cuidemos qué, cuánto y cómo es el ocio digital de nuestros hijos e hijas.
Nunca ha habido una oferta de prácticas y formas de ocio tan intensa ni tampoco han existido a nivel personal las facilidades actuales para acceder a esta oferta.
Nunca ha habido tanto tiempo libre institucionalmente arraigado y liberado del tiempo de trabajo.
La adolescencia es un periodo en el cual muchos jóvenes descubren su identidad a través de actividades que realizan en su tiempo libre. El ocio que dedican los jóvenes ha aumentado hasta casi las cuarenta horas semanales. Sin embargo, no todos los jóvenes dedican su tiempo libre a actividades totalmente beneficiosas, y éstas dependen de factores sociales, culturales y psíquicos.
Podemos ver cuáles son las actividades de ocio que realizan con más frecuencia los jóvenes.
Escuchar música/radio – 78%
Estar con amigos – 70%
Ir a bares/discotecas – 50%
Ver televisión – 45%
Internet – 40%
Hacer deporte – 35%
Leer – 25%
Hacer botellón – 22%
Videojuegos – 20%
No hacer nada – 18%
También apreciamos cómo cada vez invierten más ese tiempo en actividades más perjudiciales a largo plazo para ellos.
Aproximadamente un 78 % de los jóvenes aprovecha para salir de noche en su tiempo libre, un 88% de los jóvenes dedica su tiempo libre a conectarse con el teléfono móvil, un 76% tienes perfiles en las redes sociales y sustituyen actividades como la lectura o el deporte por los videojuegos e Internet. Muchas de las personas que realizaban alguna actividad física durante su niñez la abandona al llegar a la adolescencia.
Es importante que los adolescentes tengan algún hobby o afición para no identificar el tiempo de ocio con no tener nada que hacer, evitar que se produzca una relación entre inactividad y tiempo libre.
El tiempo libre que dedicamos al ocio es el resultado de la vorágine en la que vivimos que no nos permite tener tiempo para nosotros mismos o para realizar actividades que nos resulten placenteras. Y este ocio lo realizamos ¡En vacaciones! Sin embargo, muchos jóvenes sufren de estrés en vacaciones, no pueden disfrutar de su tiempo libre, están irritables, sienten desasosiego ante el ocio y tienden a mantenerse igual o más ocupados aún que cuando están atados a sus obligaciones.
Vivimos en una sociedad que aboga por la calidad de vida, por trabajar para vivir y no vivir para trabajar, pero muchas personas viven para trabajar y suelen permanecer más estables emocionalmente trabajando que durante las vacaciones. Y esto mismo lo podemos apreciar en algunos jóvenes que se rodean de clases particulares, cursos de verano, etc.
Por eso en este tipo de jóvenes, fantasear de lo que van a hacer cuando estén de vacaciones, como una escapada a la playa o montaña, leer un libro o simplemente charlas con los amigos, puede en ocasiones generar tanto miedo, esa incertidumbre, esa disponibilidad, que pueden llegar a evitarlo.
El modo en el que un joven vive su día a día, condicionado a horarios, a cumplir exigencias, expectativas, etc. Muchas veces nuestro tiempo de ocio, ni siquiera es decisión de uno mismo, sino de lo dicta una agenda. Suelen ser periodos breves, en los que están pensando en lo siguiente que tienen que hacer o navegando en internet o en redes sociales, es decir, siguen ocupados, aunque sea tiempo libre.
Cuando la actividad cesa, cuando el período de descanso llega, la transición puede provocar angustia, ansiedad, miedo, malestar, estrés sino se sabe desconectar. No es un descanso reparador, si no hay un descanso real. Con esto no quiero decir que el joven tenga que permanecer sin hacer nada.
¿Qué podemos hacer para disfrutar plenamente de los momentos de ocio?
Lo primero es aceptar esa angustia de pasar de estar muy activos de manera obligatoria a poder decidir por nosotros mismos lo que queremos hacer. Para esto es importante tener autocontrol sobre nosotros mismos y escucharnos en todos los sentidos para darnos cuenta de
lo que nos está ocurriendo física y mentalmente. No dejarnos envolver por ese deseo irreal de hacer y de controlar absolutamente todo, probar. Relativizar si algo no sale bien, buscar la solución en lugar de enfocarnos en el problema y a partir de ahí disfrutar, no se trata de hacer como si no pasara nada, sino de que cada uno pueda darse cuenta de la calidad de su tiempo de ocio y de las infinitas posibilidades que puede tener si nos escuchamos realmente. Poder pararnos a nosotros mismos.
El verdadero tiempo de ocio consiste en disfrutar, en gozar de lo que hagamos, dando igual si es un viaje espectacular o poder cenar tranquilamente con nuestros amigos. Conseguir que nada tire de nosotros, que no nos domine ese impulso de buscar que hacer.
Darnos cuenta es el comienzo, mantenernos atentos a nosotros mismos, fomentar la compresión y la aceptación de que cuando no estamos acostumbrados a disfrutar de tiempo libre es muy probable que los primeros días o las primeras veces estemos desconcertados, intranquilos o incluso lleguemos a aburrirnos. Por esto, no hay que cometer el error de llenarnos de actividades sin pensar en sí realmente nos resultan satisfactorias, si nos apetecen o si simplemente nos mantienen ocupados.
Si conseguimos mantenernos firmes, comprobaremos que poco a poco el malestar va disminuyendo, disfrutaremos y es muy probable que se nos ocurran ideas geniales. Nuestra creatividad irá floreciendo, a medida que nos concentramos en simplemente estar.
Si no sabemos cómo empezar podemos por ejemplo cambiar el “tengo que” por “quiero y/o deseo…” y ahí añadir lo que realmente queremos o deseamos en nuestro tiempo de ocio, lo que nos resulta esencial y es muy probable que el resultado sea sorprendente y gratificante. A través de esta actividad aprenderemos de nosotros mismos, a estar con nosotros, a conocer nuestros verdaderos deseos y motivaciones y ¡qué mejor momento para hacerlos realidad que en nuestro tiempo de ocio ¡porque como decía Walter Benjamin: “La felicidad es volver a uno mismo y no asustarse”.
“Mi tiempo libre”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que todo tiene su tiempo debajo del sol. Eclesiastés 3:1 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
La Palabra de Dios tiene una enseñanza muy grande y muy profunda con este tema, y todo está pensado y escrito para ti.
Por eso si quieres que tu tiempo libre sea de bendición en tu vida, tienes que conocerlo y por eso quiero que me acompañes ahora:
