“Momentos de incertidumbre”

En un mundo en el que cada vez nos gusta más tenerlo todo controlado y atado, una sociedad que a golpe de clic puede saber cualquier cosa, todo lo que acontece en cualquier lugar del planeta, ya sea presente o pasado, nos cuesta gestionar y aceptar la incertidumbre y su significado, que se define como la falta de certeza o confianza sobre algo futuro, generando la sensación de inquietud e incluso miedo, provocando una sensación de inseguridad y esta trae consigo la desagradable ansiedad.

Para saber si eres una persona a la que le afecta la incertidumbre, debes fijarte en lo siguiente.

Exceso de preocupación – está en cada uno de tus pensamientos, no puedes evitar pensar que pasará algo negativo en el futuro que no podrás controlar, y además tienes la creencia de que esta preocupación es útil para ti.

Pensamientos negativos – estás todo el día pensando en las consecuencias negativas de tus actos. Además piensas en los fallos en vez de fijarte en aquello que puedes aprender de cada una de las situaciones a las que te afrontas.

Evitas los problemas – es la constante evitación de los problemas. De este modo, en muchas ocasiones no dices lo que piensas para evitar las confrontaciones a pesar de que sientes que tienes la razón y que te están haciendo daño. Además esperas hasta que las cosas están a punto de explotar para afrontar los problemas.

Te quejas mucho – sueles estar todo el día quejándose por todo lo que no pueden controlar, lo que acabas siendo una persona negativa que no sabes buscar las oportunidades en aquello que le sucede en su día a día.

Si te sientes identificado con este perfil, aún puedes hacer algo para no llegar más profundo en tu situación, para ello te dejo algunas actitudes a poner en práctica:

1. Preguntarte: ¿Puedo cambiar esta situación? – Si el cambio depende de ti, valora tus opciones y escoge una de ellas, pero si el cambio no depende de ti y simplemente hay que esperar a que llegue ese futuro, acepta que no puedes hacer otra cosa y espera a que el futuro se convierta en presente.

2. Aceptar que no podemos saberlo todo – En muchas ocasiones creemos que podemos saberlo todo. Hay que aceptar que el futuro no lo sabremos hasta que llegue y lo que sí podemos cambiar es nuestro presente.

3. Intenta ser objetivo/a – Debemos saber racionalizar algunos sucesos para entenderlos desde otra perspectiva. Valora la situación como si la estuvieras viendo como un espectador en lugar de protagonista. Valora además cómo te sentirás cuando seas mayor y eches la vista atrás, ¿esas dudas que tuviste tenían sentido?, ¿qué habrías hecho, te habrías preocupado tanto?, ¿qué preocupaciones son realmente importantes?

4. Hacer caso a la intuición – Normalmente no nos falla. Un gran porcentaje de nuestros procesos internos son inconscientes, en muchos aspectos actuamos por impulsos y solemos acertar por norma general. Deja de pensar tanto y trabaja desde el corazón.

5. Detecta y gestiona tus emociones – Trabaja tu ansiedad y miedos, detecta tus pensamientos y elabora tus emociones. Si sientes rabia, intenta elaborarla para no pagarla con quien no se lo merece. Si tienes ansiedad, realiza técnicas de relajación y detecta los pensamientos que pueden estar provocándola y una vez detectados, cuestiona su veracidad. Todo este trabajo nos llevará a la toma de decisiones y por tanto, dejaremos de sentir incertidumbre.

6. Entrena tu flexibilidad – El miedo a la incertidumbre aparece sobre todo cuando tememos el error. Aceptar la posibilidad de equivocarnos y dejar de ser tan exigentes con nosotros mismos es una vía para tolerar mejor la incertidumbre. Además, si confías en tus recursos y habilidades para enfrentarte a las diferentes situaciones, temerás menos el futuro porque pase lo que pase confiarás en poder encontrar buenas soluciones.

7. Constancia – Una vez tomes una decisión no recules a menos que sea estrictamente necesario. Pon a prueba tu perseverancia y tu capacidad para conseguir nuevas metas. Esto te permitirá aprender y dotarte de más recursos y habilidades así como reponerte a las adversidades. Todo ello hará que te conviertas en una persona más segura de ti misma y el miedo a la incertidumbre se irá reduciendo poco a poco.

No saber estar en el presente tiene muchas consecuencias para nuestra mente y cuerpo y también para mantener fuerte esa relación de pareja, porque la incertidumbre personal en las relaciones acaba causando graves problemas de ansiedad.

Quizá uno o ambos miembros de la relación de pareja, podéis estar pasando por este periodo de incertidumbre, y quizá estéis trabajando a nivel personal en ello, pero de seguro que de ser así, en alguna manera está afectando a vuestra relación.

También tenemos otro ejemplo cuando todos nos hemos enamorado en algún momento, y la mayoría nos hemos visto inmersos en alguna relación intermitente en la que reinaba la incertidumbre, el famoso: «ni contigo, ni sin ti».

Las relaciones de pareja en dónde está presente la incertidumbre de uno o ambos de los miembros del matrimonio, tienen un perfil bastante definido:

– La diferencia de implicación: generalmente, uno de los miembros está demasiado implicado, llegando incluso a la obsesión por el otro, lo que le genera un gran estrés.

– La idealización: pensar en la otra persona o en la relación, mezclando recuerdos y sentimientos, suele ser inevitable, sobre todo tras una ruptura o después de estar un tiempo separados. Tu mente puede llegar a obviar lo negativo, y recordar de manera exagerada lo positivo, esto genera estrés y necesidad de estar con la otra persona, la cual no nos atrae por cómo es realmente, sino por los pensamientos que creamos sobre unos recuerdos distorsionados.

– La falta de compromiso: cuando en una relación no hay estabilidad, generalmente es debido al miedo a comprometerse. Es necesario ceder en la relación y asumir las responsabilidades que conlleva una pareja. La solución, en este caso, sería que ambas partes llegasen a un acuerdo y tomasen una decisión. Por ejemplo, darse una oportunidad o asumir que la relación no funciona definitivamente.

– La falta de sinceridad: ambos miembros suelen engañarse pensando cosas como «esta vez funcionará». Si eres sincero y coherente es más sencillo aceptar que una relación ha terminado, por mucho que duela.

– La inestabilidad e inmadurez emocional: a medida que vas creciendo y madurando, te das cuenta de las necesidades emocionales que tienes, lo que buscas y lo que no estás dispuesto a soportar. Por ello, las relaciones intermitentes son características en la adolescencia.

– El miedo a la soledad: este punto tiene que ver con la madurez, aunque también con la autoestima y la educación. Si nos han educado saludablemente y tenemos una alta autoestima, no tendremos este tipo de relaciones, pues sabremos identificar rápidamente lo que no nos conviene, y nos querremos lo suficiente para dejarlo ir.

La incertidumbre en las relaciones acaba causando graves problemas de ansiedad.

Estos factores se pueden cumplir en uno o ambos miembros de la relación. Aunque debemos tener claro que no en todas las parejas se dan la totalidad de los elementos mencionados, ni tampoco quiere decir que sean la causa indiscutible de este tipo de relaciones toxicas. Pero si es cierto, que son bastante comunes en ellas.

Como hemos mencionado en algunos de los puntos, este tipo de relación crea estrés por muchas razones: genera inseguridad, merma la autoestima, y no es beneficiosa en ningún caso.

Con frecuencia, cuando estas relaciones se dan en edades adultas, significa que los miembros de la pareja sufren algún tipo de trastorno cognitivo, el cual no es fácil de identificar sin ayuda externa.

Si tienes tendencia a revivir este tipo de relaciones, o crees que no eres capaz de convivir con la incertidumbre, deberías plantearte la necesidad de acudir a un especialista, por ti y por tu matrimonio.

“Momentos de incertidumbre”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que la incertidumbre es todo lo contrario a la certeza, lo contrario a la fe, es lo que sentimos cuando nuestro conocimiento con respecto al futuro es limitado o es incierto; cuando no sabemos que es lo que va suceder con nosotros en el futuro.

A través de la Palabra de Dios se aprende que el propósito de Dios para nosotros no es un mapa bien detallado, Dios no viene a darnos un mapa donde todo está claro, el propósito de Dios es un destino o una visión nublosa delante de nosotros y a medida que vamos obedeciendo esa visión se va aclarando más y más.

Lo importante es estar en el camino correcto que nos va a llevar a ese destino. Tenemos un ejemplo que fue la vida del apóstol Pablo:

I. La vida de Pablo estuvo llena de incertidumbre.

A. Hubo un tiempo en que parecía que Pablo tenía todo el control de su vida (Gálatas 1:14; Filipenses 3:4-6).

B. Los planes de viaje de Pablo siempre eran inciertos (Hechos 16:6-10; 1 Corintios 16:5-9; 2 Corintios 1:15-16).

C. Pablo nunca sabía con seguridad lo que le esperaba (Hechos 20:22-23; Romanos 15:22-28; Filipenses 2:23).

II. Sin embargo, había algunas cosas de las cuales Pablo estaba seguro.

A. Estas cosas le permitió continuar su camino en medio de cualquier situación y enfrentar el peligro (Hechos 20:24; 21:13).

B. Él sabía que el Señor nunca le abandonaría como muchos otros lo habían hecho (2 Timoteo 1:8-12; 4:6-8,16-18).

C. Sabía que las Escrituras proveían guía confiable para la salvación (Hechos 20:29-31; 2 Timoteo 3:10-17).

Conclusión

A. Si está pasando tiempos inciertos, puede asirse a la Roca que sabe que siempre permanecerá firme.

B. Si ha perdido su confianza en Dios y Su Palabra, considere que existe gran razón para la fe en Cristo.

Si necesitas conocer más, te invito acompañarme en…

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