“Somos administradores de nuestro tiempo”
Uno de los principales factores que contribuyen al estrés en nuestra sociedad actual es la falta de tiempo, ya sea real o sentida. Esta sensación constante interfiere mucho en nuestra calidad de vida, produciendo un notable malestar.
Pero en realidad, en muchos de los casos, aunque no en todos, la falta de tiempo se produce por una mala planificación del mismo. Esto puede corregirse a través de estrategias específicas para la mejor administración del tiempo.
Estas estrategias o también llamadas técnicas de administración del tiempo son procedimientos que nos enseñan a organizar el tiempo, tomando decisiones previas sobre a qué tareas o actividades debemos dedicar el tiempo que tenemos, decisiones que debemos basar en la importancia de la tarea en función de nuestros objetivos, dejando siempre espacio para los imprevistos, y para el descanso y el ocio.
La mejor de las técnicas es la planificación. Y debemos de tener bien claros los pasos que tenemos que llevar a cabo para distribuir adecuadamente el tiempo del que disponemos, y que son los siguientes:
Establecer los objetivos, de mayor orden, que son los que se quieren alcanzar con las tareas y actividades que realmente llevaremos a cabo.
Ordenamos los objetivos atendiendo a criterios de importancia, de que sean asequibles y potencialmente posibles, de la urgencia o rapidez con que debemos conseguirlos, de la dificultad de conseguirlos y del tiempo que nos llevarán.
Una vez fijados esos objetivos, hay que establecer las actividades que permiten alcanzarlos, marcando en cada uno las acciones concretas para desarrollar dichas actividades y el tiempo que llevará cada una.
Ordenamos dichas actividades en función de su importancia para conseguir el objetivo, estableciendo el horario diario que le vamos a dedicar, y distribuyéndolo en las distintas actividades priorizadas.
Para poder establecer la priorización de las actividades y también de los objetivos, nos podemos valer de una simple matriz como esta para la toma de decisiones:
– Primero, las tareas importantes y urgentes.
– Segundo, las importantes pero no urgentes.
– Tercero, las no importantes pero urgentes.
– Cuarto, las no importantes y no urgentes.
También podemos aplicar algunos consejos para mejorar nuestro tiempo y afrontar mejor el estrés
– La asertividad: hay que aprender a decir que no a aquellas tareas o actividades que no sean prioritarias.
– Debemos aprender a ignorar los objetivos y tareas que no son prioritarios hasta que hayamos conseguido los prioritarios.
– Incluir siempre en la planificación, algún tiempo para imprevistos e interrupciones.
– Delegar las tareas que se pueda en otras personas, especialmente aquellas que no son prioritarias.
– Hay que dejar el perfeccionismo a un lado, ya que no se puede alcanzar en todo. Hay que hacer las cosas bien, pero tampoco hace falta hacer el mejor trabajo del mundo, sobre todo cuando el tiempo no sobra.
– No debemos demorarnos en la toma de decisiones, no hay que dudar entre las distintas alternativas que tengamos, hay que decidir la mejor lo antes posible y ponerse en marcha.
– No hay que dejar que las tareas se acumulen, es mejor ir haciendo de una en una, que dejarlas para luego, perder el tiempo y luego tener que resolver doce de una vez.
“Somos administradores de nuestro tiempo”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos una enseñanza muy directa para los que se llaman cristianos para cualquier otra persona, esa enseñanza es para que consideremos la forma en que debemos administrar nuestro tiempo.
Un ejemplo de esta enseñanza la encontramos en Efesios 5:15-17 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”
Además del concepto general de usar nuestro tiempo en cosas que realmente importan, la Biblia también brinda sabiduría práctica sobre cómo ordenar nuestros días. Por ejemplo, la Biblia habla de:
– Trabajar duro y evitar la pereza (Proverbios 6: 10–11; 12:24; 13: 4; Colosenses 3: 23–24; 2 Tesalonicenses 3: 10–12),
– Orar continuamente (1 Tesalonicenses 5 : 17),
– La mayordomía (Mateo 25: 14–30), delegar (enseñada por el suegro de Moisés Jetro en Éxodo 18: 17–23),
– La necesidad de descansar (Hebreos 4: 9–11; Marcos 2: 27–28),
– Hacer el bien a los demás (Gálatas 6: 9; 2 Tesalonicenses 3:13),
– Ser sal y luz para el mundo que nos rodea (Mateo 5: 13–16),
– Tener comunión con otros creyentes (Hebreos 10: 24–25),
– Compartir el evangelio (Mateo 28: 18–20) y más.
– La Biblia entera nos ofrece consejos sobre cómo administrar nuestro tiempo (2 Timoteo 3:16 – 17).
Tenemos libertad para obedecer o desobedecer a la Palabra de Dios, pero recuerda que de la administración de nuestro tiempo, también daremos cuenta delante del Juez. Me acompañas
