“Y nos dieron la una las dos y las tres…”

Con esta frase quiero definir ese periodo de tiempo que va pasando y en el que no contemplamos una cuenta final, porque estamos con esa persona que para nosotros es especial y que nos atrae, y con la que nos sentimos muy a gusto, seguros y tranquilos.

Esta persona especial, suele estar más próxima a nosotros y por ello que el estar cerca favorece que nos relacionemos o porque a raíz de ver a esa persona y convivir con ella pasa a convertirse en una persona familiar y no amenazante.

Veamos tres características que nos atraen de esa persona especial y que ejerce un poder especial sobre nosotros:

– Por sus ideas similares – percibimos que vamos a estar más de acuerdo con esa persona y tendemos a acercarnos o sentir más afinidad con ella.

– Por su aspecto físico – vemos una apariencia física comparable con nosotros, pero también los rasgos afectivos (cariñoso, alegre, amable, feliz, considerado…), y las señales no verbales: cómo sonríe, mantiene la mirada, expresa emociones en su rostro, etc.

– Por su conversación – tiene una conversación interesante, sabe transmitir, no impone, etc.

Cuando estás en ese tiempo que va pasando, quizá puedas tener dudas de que la otra persona también esté experimentando lo mismo que tú, por eso es importante ver estas señales:

– La conversación que mantenéis es fluida y agradable.

– Ambos ponéis de vuestra parte para transmitir tranquilidad, un ambiente calmado y relajado.

– Ambos compartís cosas en común, que os ayuda y es más fácil encontrar una conexión entre ambos y por lo tanto estar a gusto el uno con el otro.

– El tiempo pasa rápido: una de las cosas que más nos hace darnos cuenta de que estamos a gusto con alguien es cuando parece que el tiempo vuela a su lado.

Como en todo proceso de relaciones humanas lo normal es avanzar y es entonces cuando entramos en otra etapa que son las acciones que se emprenden para pasar más tiempo juntos, como por ejemplo:

“Invierte tiempo en ti”, “Eres una prioridad”, “Pone atención en tus planes”, “Te escucha cuando le hablas”, “Se preocupa por ti”, “Te involucra en sus planes”, “Se interesa por tus aficiones, trabajo, amigos/as, etc”.

En definitiva:

Esa persona especial es aquélla que saca lo mejor de ti. Es la persona que te hace reír, que hace que te sientas cómoda y que te permite ser tú mismo de forma natural, que te comprende, que te escucha y que está ahí cuando realmente lo necesitas.

Esa persona especial es aquélla que te ama, te aprecia, que quiere lo mejor para ti, que aparece en el momento justo y en el lugar adecuado para ayudarte a cumplir un propósito o seguir creciendo.

Por ello, esa persona especial puede ser tu pareja, pero también puede ser un amigo, un padre o una madre, alguien que cambió tu forma de ver la vida o, simplemente, alguien que apareció como por arte de magia cuando las cosas se pusieron feas.

“Y nos dieron la una las dos y las tres…”

Cuando entramos en la Palabra de Dios, y leemos y estudiamos y entramos en el detalle de la vida del Señor Jesús, podemos ver que todo estos puntos que hemos considerado anteriormente, se cumplen en Él, y que Él es esa persona especial, ese amigo especial que se está ofreciendo y se presta para cada uno de nosotros, si así lo deseamos.

Nosotros somos los que no podemos cumplir cada uno de estos puntos anteriores, porque somos personas pecadoras, y ese pecado mata y destruye todo que intentamos hacer bien, cuando alguien nos considera como su persona especial.

Pero Jesús demuestra cada día en nuestra vida que quiere ser nuestro amigo especial, porque Él es amigo de pecadores, no porque él hace un guiño de ojo a nuestro pecado, o bien actúa como si lo ignorara, Él sabe de nuestra condición de pecadores.

Pero Jesús es ese amigo especial que todo pecador necesita (tú y yo) porque Él vino a salvarnos, a darnos Su Perdón.

Ahora nos toca a nosotros decidir si pasar ese periodo de tiempo con ÉL, y sin cuenta final donde sentirnos muy a gusto, seguros y tranquilos.

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