¿A quién tienes que agradar?

Todos recordamos esa etapa de los veinte años cuando teníamos una locura mental pensando cómo vestirnos y arreglarnos (en la chicas incluían el maquillaje), para sentir que gustábamos, sobre todo a la otra persona que nos hacía tilín.

Cuando nuestra autoestima dependía de las circunstancias externas, nada más. Aunque desde fuera los demás nos consideraban unos jóvenes inteligentes, estudiosos, responsables, trabajadores… pero nada de eso veíamos nosotros.

¿Te ha pasado a ti?, ¿Te está pasando en este momento?, ¿Estás viviendo en medio de esa situación?. Donde sientes que gustar a los demás te hará estar bien y si no lo consigues entonces, tienes una sensación de tristeza y de falta de confianza que te sobrepasa.

No te debes extrañar es algo normal en el desarrollo, y lo curioso es que se vuelve a entrar en esta misma espiral en los solteros entre 30 y 40 años, donde queremos gustar a los demás.

La juventud solo se vive una vez y debes vivirla con alegría. Así es que ¿realmente te mereces esto? ¿Todo depende de que te miren? ¿Todo depende de qué te digan algo bonito por la calle o de que sientas que gustas mucho a los demás, de que eres sexys?

Ahora debes gustarte a ti, no necesitas gustar a los demás, porque lo importante es que tu autoestima no dependa de que te miren o no.

Ahora, si por fin has decidido que ya no necesitas gustar a nadie, es porque te sientes segura de ti misma, de lo que eres, de lo que sientes, de lo que quieres y sobre todo de lo que no quieres.

Ahora no solo deciden los demás con una mirada lo que vales o no vales, ahora eso lo decides tú. Ya no te importa que miren a otras, porque tú eres como eres.

Ahora es el momento de sentirte feliz por tus logros, por tus aciertos y desaciertos, tus virtudes y tus defectos… ahora ya no vives para ser sexy o para gustar a los demás, vives para gustarte a ti.

No necesitas gustar a los demás, mientras te gustes a ti

Quizá te encuentras en ese momento en que necesitas un pequeño empujón, una pequeña ayuda, para poder decir que ya no necesitas gustar más. Si es así, aquí te dejo algunas pautas.

Habla con los que te quieren y con los que sabes que son sinceros contigo. Pregúntales que es lo que les gusta de ti.

Busca los abrazos de tus amigos y familiares. El abrazo es una poderosa arma para sentirse querido y subir nuestra autoestima.

Deja de compararte con los demás. Aprende que cada uno somos únicos e irrepetibles. Todos tenemos cosas maravillosas.

Deja de buscar la aprobación continua de los demás y menos por tu físico. Las personas que gusta más son las más seguras de sí mismas.

Mírate al espejo y quiérete. Eres única, no lo olvides y eso, es lo que te hace especial.

Ahora cuando ya no necesitas gustar más, es cuando te gusta tu forma de ser.

Porque tu forma de ser es auténtica y no necesitas aparentar, ni necesitas gustar a todo el mundo. El valor de la dignidad personal es no ser esclavo de nadie, y no necesitar aprobaciones ajenas para ser feliz.

Es vital que llegues a esta conclusión lo antes posible en tu ciclo vital. Es un aspecto que todo adolescente debería asumir, y que toda persona debería practicar para alcanzar una adecuado equilibrio interior y un bienestar emocional.

El pensamiento que te debe definir hacia los demás es: “Yo no soy como tu esperas que sea, acéptame por lo que me define, por mi forma de ser, por mi forma de hacerte feliz: construyamos un mundo donde ni tú ni yo nos obliguemos a dejar de ser “tú y yo”.

Seguramente no siempre te será fácil actuar de este modo, porque desde tu interior tendrás la sensación de que si no gustas a todo el mundo no serás aceptados. No obstante, la vida no se construye con la necesidad de tener que gustar: basta con que sepamos respetarnos.

Uno siente la necesidad de gustar a la familia, de llevarnos bien con los amigos, de encajar con todos nuestros compañeros de trabajo y las personas que forman parte de nuestros círculos sociales. Ahora bien, lo primero que toda persona debería tener en cuenta, es que es imposible gustar a todo el mundo. Cada persona es única, todos disponemos de nuestra forma de ser, de ver el mundo, de vivir la vida.

Si no te gusto, al menos acéptame, respétame. Lo más probable es que exista algún aspecto de mí que nos una, lo más probable es que a pesar de nuestras diferencias, podamos enriquecernos de algún modo. Y si esto no ocurre, tampoco pasará nada. Lo esencial, es que nos aceptemos nosotros mismos: el amor propio es una relación que debe durar toda la vida.

Yo soy yo, y me acepto en mi forma de ser: soy un regalo

Tú eres un regalo para ti mismo, y nadie puede decirte lo contrario. Sólo tú sabes lo que has vivido, lo que has superado, tu forma de ser es la ventana que te permite ver el mundo con toda su intensidad, en libertad e integridad.

Que tu pensamiento sea este: Soy como soy, no pretendo ser una versión de nadie ni una marioneta guiada por hilos ajenos: tengo voz, corazón y sé lo que merezco en esta vida para ser feliz.

Nuestra forma de ser no se define sólo con decir que somos extrovertidos, tímidos o introvertidos. Es una amalgama de matices donde se inscriben experiencias, pensamientos y aprendizajes vitales. Son fracasos y son heridas, pero también son triunfos y senderos transitados con felicidad.

Lo malo enseña y lo bueno orienta, toda vivencia edifica nuestra forma de ser, ahí donde también se integran estilos educativos, valores que asumimos o a los que renunciamos, y la esencia de cada persona que pasa por nuestra vida.

Tu forma de ser es la energía que te empuja y que debe poner barreras a lo que no quieres en tu vida, a lo que no te define.

Las personas que intentan encajar con todo el mundo necesitan ante todo aprobación. Es entonces cuando se sienten integradas, pero si nos limitamos a buscar aprobación en el día a día dejaremos de ser nosotros mismos.

Te vas a encontrar a un 50% de personas con las que te cruzarás cada día, y estarán, posiblemente, en contra de tus opiniones. Si en alguna ocasión te encuentras con alguien a quien no le gusta lo que dices o lo que haces, no te preocupes: hay otro 50% que sí te apoyará.

Cuando somos pequeños nos educan en la necesidad de gustar a todo el mundo: sonríe, da la mano, siéntate bien, no hagas esto, no hagas lo otro… Pasamos una buena parte de nuestra vida “buscando aprobación”, hasta que un día, de pronto, nos damos cuenta de que gustar a todos es imposible.

Como dice Sally Field: “Me llevó mucho tiempo no juzgarme a mí mismo a través de los ojos de otro”

¿A quién tienes que agradar?

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que el hombre tiene que decidir a quién quiere agradar, si a los hombre, o, a Dios que le creó.

Gálatas 1:10 10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

La diferencia es muy clara, quien intenta seguir agradando a los hombres no puede servir a Dios, es incompatible.

Aquí te dejo una descripción general rápida de cómo agradar a Dios:

1. Tener fe en Dios

2. Ocuparse del Espíritu.

3. Temor a Dios.

4. Estudiar y seguir el ejemplo de Cristo.

5. Obedecer a Dios.

6. Hacer la voluntad de Dios.

7. Hacer los sacrificios que Dios quiere.

Ahora si me acompañas, veamos estos puntos más en detalle.

Scroll al inicio