«No sé lo que quiero”

Salimos de nuestra etapa infantil, entramos en la etapa de la adolescencia y conforme vamos saliendo esa etapa, creemos que ya deberíamos saber o tener bastante claro lo que quiero de la vida, y si dudamos lo que escuchamos es algo así: ¿Es que aún no sabes lo que quieres de tu vida?.

Y es que cuando no sabemos qué queremos, nos invade un angustiante sentir, un vacío, una ausencia de propósitos y de sentido. Tenemos la falsa percepción de que todos a nuestro alrededor saben qué camino tomar y nosotros estamos encallados como un navío oxidado en medio del barro.

Transitar esta etapa de confusión como un proceso y no como un estado perdurable, nos ayuda a no atormentarnos. Tener presente que todo pasa, todo llega y todo cambia, es la mejor actitud para no dramatizar y mantener la mente calma.

Cuando pensamos que este estado tiene que ser erradicado cuanto antes, confundimos lo urgente con lo importante y en un arrebato emocional empezamos a mirar a los costados y a seguir a los demás. Pero el camino que nos muestran los demás muchas veces es el de la seguridad, no el de la felicidad. Es por eso que a menudo muchas personas acaban en una crisis existencial en la que no saben ya hacia dónde avanzar, y encima se sienten agotados.

Nunca es buena decisión actuar por mera repetición. Es mejor sostener la incertidumbre y llegar a hacer lo propio, que estar refugiados en el lugar seguro donde todos están, con la certeza de malestar y la íntima sensación de auto-traición.

Contestar la pregunta ¿Qué quiero de mi vida? ¡¡Es muy difícil!! Es una ardua aspiración que lleva tiempo y maduración. Saber lo que uno quiere de la vida es una construcción cotidiana, continua, con momentos de más claridad y nebulosas de indecisión y perplejidad.

El día a día está plagado de decisiones grandes y pequeñas con las que nos hacemos cargo de nuestros propios deseos. Las personas que dudan de todo sufren una actitud paralizante que les impide avanzar. Con frecuencia, preguntan una y otra vez qué hacer a la gente de su entorno. Esa duda es la expresión de sus propios miedos: a elegir, a perder algo, a equivocarse, a fallar, a no ser perfecto…

Hay dudas razonables que conviene tener antes de tomar grandes decisiones. Ahora bien, cuando la vacilación entre una cosa u otra se convierte en una actitud permanente, es porque estas dudas son el reflejo de otras más íntimas.

Nuestra vida está plagada de decisiones, algunas son fáciles y otras más complejas. Conviene pensar antes de decidir y aceptar que, si nos estamos equivocando, también se puede aprender del error: la próxima vez que nos encontremos en una situación semejante será más fácil.

En cualquier caso, lo mejor de tomar tus propias decisiones es que acabarás contando con una experiencia nueva que enriquecerá nuestra vida emocional. Finalmente, decidir significa crecer y enfrentarse a posiciones infantiles en las que todo lo decidían por nosotros. Quien teme exageradamente equivocarse todavía no ha descubierto que de nuestros errores es de donde más aprendemos.

Aquellos que pueden tomar decisiones sin sentir angustia se caracterizan por haber alcanzado una subjetividad firme y una maduración psicológica adecuada.

– Toman partido por lo que consideran justo y no temen aceptar compromisos con los otros.

– Reconocen la opción que han elegido como la mejor. Si se equivocan, aceptan sus errores y las críticas.

– Disfrutan del presente y no temen al futuro. Confiar.

Saber lo que queremos no es una línea recta ascendente, es una espiral en la que a veces nos mareamos, y equivocarse, forma parte de ese proceso de construcción de lo que sí y de lo que no.

No es fácil saber lo que queremos en un entorno que bombardea todo el tiempo con estímulos falsos y promesas de felicidad que son verdaderas estafas. El discernimiento es una herramienta oriental milenaria para utilizar en esos momentos en lo que estamos más vulnerables a comprar lo que una parte nuestra más lúcida sabe que no es verdad.

Lo que queremos para nuestra vida no es algo que tengamos que buscar fuera. Buscar, solo se justifica cuando lo que uno quiere encontrar ya existe.

Lo que tenemos que tener en claro es que lo que cada uno quiere para su vida es algo a construir, no existe con antelación como si fuese un destino establecido.

Caminando se hace el camino, por eso no podemos vivir la vida en términos de aciertos o desaciertos, pues no hay un solo camino que sea el correcto y otros no. Hay infinitas posibilidades y todas son válidas si la intención está fundada en hacernos bien y crecer. Que resulte o no en lo que deseamos ya no está en nuestras manos pero de seguro obrando desde la actitud de hacernos bien llegaremos a un buen lugar y nos equivocaremos mucho menos.

Lo importante es sentir que damos de nosotros lo mejor en cada intento de dilucidación. Si actuamos a medias o sin compromiso, no sabremos si lo que elegimos no nos gustó o fue nuestra forma de relacionarnos con eso lo que no funciono.

Y para ayudarnos a esclarecer la confusión que tenemos podemos hacerlo de esta forma:

Sin lugar a dudas, lo primero es aprender a auto-observarnos. Dejar de mirar a los costados y obrar sobre la única materia prima que tenemos a nuestra disposición: la persona que somos y podemos llegar a ser.

– A la auto-observación le sigue el fiel compromiso de trabajar cada día para estar en paz con nosotros mismos

– Estar en paz con nosotros mismos. Saber diferenciar cuando nos estamos justificando y cuando nos estamos diciendo la verdad, cuando estamos ejerciendo una espera inteligente y cuando solo estamos inmersos en una postergación estéril. Aprender a vivir en la honestidad y ser congruentes con nuestros valores fundamentales y ser fieles a nosotros mismos diciéndonos la verdad, evitando el auto-engaño.

– Confiar en que la virtud invisible genera recompensas visibles. Concentrarse en dar de uno mismo lo mejor, en lo que sea que en este momento uno esté haciendo. No esperes el momento ideal para ejercer tu máximo potencial, no subestimes el lugar en el que estás.

– Bajar las exigencias y apropiarse del proceso. Ir paso a paso no solo es la mejor sino la única manera realista de aproximarse a la idea de lo que uno quiere. Nos vamos dando cuenta de lo que queremos en el “mientras tanto” vamos viviendo.

– Saber decir que no a lo que ya sabemos que es no. A veces volvemos a intentar una y otra vez lo mismo esperando que esta vez sea distinto. Sin embargo, una manera inteligente de ir acercándose a lo que uno quiere, es descartando lo que ya se tiene claro que no se quiere.

– Descansa tu mente y abre los sentidos, lo que queremos se siente mucho más de lo que se piensa. Si solo vives en la mente, pierdes registro de lo que te dice tu cuerpo y todos tus sentidos.

– Inspírate. Quizás te ayude observar la vida de quienes admiras. Buscar referentes para modelar no es copiar ni ser menos original. Tener referentes de lo que uno quiere es muy beneficioso y esperanzador.

– Trabaja para sentir admiración por ti, cuando superamos algún miedo, cuando damos un paso más allá de nuestra situación de comodidad, cuando movemos alguna ficha de lugar para apostar a nuestro crecimiento, sentimos un orgullo interno que nos empodera y nos da confianza para seguir avanzando en la dirección deseada.

También es posible que nos sentimos demasiado estancados o la confusión no nos deja ver más allá, una primera decisión inteligente es dejarnos ayudar para transitar este camino que nos despierta tanta ansiedad.

Y es entonces cuando tu forma de pensar se ha limitado a tratar de garantizar la seguridad. Y eso está tan arraigado en tu subconsciente que plantear posibilidades que no están alineadas con esta forma de pensar no es siquiera concebible

Has perdido tu creatividad, tu capacidad de soñar y eso te ha inhabilitado a la hora de diseñar la vida que deseas.

Así cuando te atreves a pensar más allá de los paradigmas asociados con la seguridad, una voz interna te dice que hacer eso es una temeridad. Y si no es tu voz interna ya vendrá alguien de fuera a decírtelo.

Pero hay personas que incluso superada esa barrera suelen decir: «Mi problema es que no me gusta la vida que tengo ahora, quiero cambiar pero es que no sé qué quiero en la vida»

Si este es tu caso aquí te dejo algunas ideas que te ayudaran a descubrir qué hacer con tu vida:

1. Reflexiona sobre aquello que no quieres en tu vida

¿Qué no quieres en tu vida?. Si te fijas bien ese deseo está definiendo por negación de lo que no quieres. Y al tener claro esto te permitirá orientar tus energías hasta visualizar qué es realmente lo que quieres.

2. Define tu estilo de vida ideal

Para esto y siguiendo con ese cuaderno, vas a tener que contestar estas preguntas que te ofrecerán una mayor claridad sobre qué hacer con tu vida. Y te cuestiones las cosas que te gustaría tener y aquellas que son importantes para ti.

“El lugar donde vivirías”, “Con quién vivirías”, “Cómo emplearías tu tiempo”, “Tu trabajo ideal”.

3. Explora

Si no sabes qué quieres hacer, evalúa tus opciones y explóralas. Cuando exploras te vas dando cuenta de qué te gusta hacer, y para ello has de estar muy atento a tu propia energía.

Una cosa son las oportunidades, otra lo que sabes hacer y otra bien distinta lo que te atrae y te apetece hacer.

4. Emplea tu tiempo en cosas útiles

Mientras averiguas lo que quieres hacer con tu vida, hay algunas cosas que puedes ir haciendo desde hoy y que te serán de gran utilidad.

– Identifica y ordena tus valores. Hacer esto es esencial, porque teniendo claros y ordenados tus valores podrás tomar la decisión de qué hacer con tu vida de un modo congruente; vivir con congruencia te proporcionará sin duda una gran estabilidad psicológica y emocional.

– Gestiona con eficacia tu dinero. En nuestra sociedad lamentablemente el dinero nos abre posibilidades, por lo que contar con una suma mínima que nos aporte cierto confort psicológico es realmente valioso. Si no tienes ahorros y dependes de tu trabajo, es hora de que vayas pensando en un plan B.

– Sé productiv@. Es decir trabaja para optimizar que lo que haces te proporcione los resultados deseados.

– Fórmate. Ya lo dice el refrán “Invierte en aquello que un huracán no se pueda llevar” el conocimiento no sólo no ocupa lugar, sino que te proporciona habilidades y herramientas que te permitirán alcanzar tus objetivos cuando los tengas claro.

– Crea relaciones saludables. Relacionarse con personas con las que vibras no es solo una gran fuente de energía, sino también de oportunidades.

5. Inspírate

Quizás esta sea la manera de saber lo que quieres es observando qué vida tienen otros que a ti te gustaría tener. El ejercicio es por tanto hacerte estas preguntas:

¿A quién admiras?, ¿A quién envidias?, ¿Quién te inspira?

Cuando lo hagas reflexiona qué cualidades tienen esas personas que te gustaría tener a ti, e intenta moldearlas según tu personalidad y carácter.

6. Y lo más importante: trabaja para descubrir qué te llena

Lo que quieres en tu vida está dentro de ti. Si no lo sabes tú, ¿quién lo va a saber?. El problema es que nadie te ayudó a descubrir tu vocación. Nadie te enseñó qué debías hacer entender bien qué quieres en tu vida. Te marcaron el camino a seguir, y no te dijeron mucho más.

No te ayudaron a entenderte, ni te animaron a explorar diferentes opciones. Por eso, una de las tareas más importantes que debes hacer es explorar quién eres y qué has venido a hacer a esta vida.

«No sé lo que quiero”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que el hombre vive diariamente con las mismas dudas, no sabe lo que quiere, aunque en la apariencia muestre mucha seguridad de sus actos y pensamientos.

Jesús mismo cuando estaba siendo clavado en la cruz, intercede a favor de nosotros, porque es consciente que nuestros actos son realizados sin tener consciencia de sus consecuencias.

Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

Solo cuando la persona es consciente que necesita la ayuda de Dios para que su vida, sus decisiones, sus pensamientos, sean correctos, es cuando contesta correctamente a la pregunta de Jesús ¿Qué quieres que te haga? Y nuestra respuesta es:

Salmo 25:4-5 Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día.

Y esto es así porque nosotros no sabemos lo que es mejor para nosotros, pero Dios sí lo sabe y quiere enseñarnos.

Ahora Dios te vuelve a preguntar ¿Qué quieres que te haga? https://iglesiaevangelicadealcorcon.es/senor-que-hago/

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