Ya has comenzado a caminar conmigo.

Has descubierto que no necesitas conocer

todo el camino.

Solo tienes que dar

el siguiente paso.

Pero quizá llegue un momento

en que descubras algo:

no siempre tendrás fuerzas para seguir.

Eso también ocurrió en mi camino.

Salí llevando mi cruz.

El camino continuaba.

Y cada paso se hacía más difícil.

Después,

los soldados encontraron a un hombre

que venía del campo.

Se llamaba Simón.

Y le obligaron

a llevar mi cruz.

Quizá Simón no había elegido aquel camino.

Quizá tampoco quería aquella carga.

Era una cruz que no era suya.

Una carga que, de repente,

había caído sobre sus hombros.

Y comenzó a caminar.

Quizá aquella madera

llevaba ya las marcas

del camino que yo había recorrido.

Quizá Simón sintió su peso

sobre sus hombros.

Quizá no entendía

por qué tenía que llevarla.

Pero mientras caminaba

ocurrió algo que quizá

él tampoco esperaba.

Estaba muy cerca de mí.

Quizá podía escuchar mi respiración.

Quizá podía verme caminar.

Quizá en algún momento

nuestras miradas se encontraron.

La Biblia no nos cuenta

qué vio Simón.

Ni qué pensó.

Ni qué sintió mientras caminaba.

Solo sabemos

que durante un tramo del camino

llevó mi cruz.

Y quizá eso sea suficiente.

Porque hay momentos

en los que no puedes llevar

todo lo que llevabas antes.

Momentos en los que necesitas

que alguien camine contigo.

Que alguien tome

una parte de tu carga.

Que alguien te ayude

a seguir avanzando.

Eso no significa

que hayas dejado de seguirme.

No significa que seas débil.

No significa que hayas fracasado.

A veces,

simplemente,

necesitas ayuda.

Quizá tú también hayas llegado

alguna vez a ese lugar.

Has comenzado a caminar.

Has intentado seguir adelante.

Pero un día descubres

que ya no puedes con todo.

No tienes que esconderlo.

No tienes que aparentar

que puedes solo.

Puedes dejar

que alguien te ayude.

Puedes aceptar una mano.

Puedes compartir una carga.

Necesitar ayuda

no significa

que tengas que dejar de caminar.

Simón no sabía

qué iba a encontrar al final del camino.

Quizá ni siquiera comprendía

quién era el hombre

al que estaba ayudando.

Pero caminó.

Y durante un tramo,

caminó muy cerca de mí.

Quizá tú tampoco sepas

qué encontrarás más adelante.

Quizá hoy

solo necesites fuerzas

para dar el siguiente paso.

No tienes que poder

con todo el camino.

Solo sigue caminando.

Y si llega un momento

en que no puedas llevar solo tu carga,

déjate ayudar.

Yo seguiré delante.

Y tú podrás seguir conmigo.

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