Edifica mi casa

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Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican; …

Salmo 127:1

LA FAMILIA Y LOS SALMOS

PASAJE PARA ESTUDIO: Salmo 127 y 128
LECTURA DEVOCIONAL: Proverbios 3:1-12
TEXTO PARA MEMORIZAR: Salmo 127:1

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN

Enseñar el éxito que hay en el hogar cuando Cristo es el Edificador, y nosotros los obreros.

INTRODUCCIÓN

Según los hebreos, los salmos 126, 127 y 128 son capítulos que pertenecen al mismo grupo. El tema general de estos salmos es “Retorno y Restauración”. Los israelitas habían estado en el exilio en Babilonia por 70 años. En el tiempo de Esdras y Nehemías, los que amaban a Jerusalén regresaron para reconstruir la ciudad (Salmo 126), el Templo (Salmo 127), y para repoblar la ciudad de Jerusalén (Salmo 128).

DESARROLLO DE LA LECCIÓN

Los hombres son propensos a detenerse en cosas secundarias y a confiar en el poder humano, más que en Dios, el verdadero autor de la prosperidad. Contra esta actitud, el salmista dirige este Salmo. Él cree en la providencia de Dios y en la obligación de someternos a Él con todos nuestros planes. Dios es el que debe gobernar nuestra vida, nuestros planes y nuestros hogares.

A. LA FAMILIA ESTÁ SEGURA SOLAMENTE EN LAS MANOS DE DIOS (Salmo 127)

El hombre sin la ayuda de Dios es incapaz (Juan 15:5). El Salmo 127:1 dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.
En hebreo, la expresión construir (banah) es la base para las palabras “casa” (ceith), “hijo” (ben) e “hija” (bath). Los hijos e hijas con los padres forman la familia, de la misma manera que el bloc, el hierro y las láminas constituyen un edificio. Dios, además de edificar a la familia, también vela para que marche bien. Solamente así el hogar conforta y da protección.

Sin la ayuda y dirección de Dios, una casa puede ser solamente el lugar para comer y dormir, pero no puede haber compañerismo allí. ¿Es tu casa un lugar donde comen y duermen, nada más? “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. El Señor siempre está edificando, pero, ¿estamos trabajando a la par de Él? En este versículo, la palabra “vano” se menciona dos veces. “Vano” significa gastar tiempo, energía, dinero y, al final, todo se pierde. Así son los hogares que no se someten a la dirección de Dios. Los hogares que son dirigidos por Dios tienen un verdadero éxito.

Salmo 127:1b, “Si Jehová no guardare la ciudad”. Aquí hay un nuevo énfasis, ya que no trata de edificar un hogar, sino de guardarlo. Así como sólo hay un edificador, asimismo sólo hay un guarda. Porque si el Señor no es el guarda, todo, una vez más es en vano. Estas dos palabras, “edificar” y “guarda” deben ir juntas. “Si Jehová no guardare la ciudad” (comunidad). La comunidad necesita ser protegida de los males, peligros y de los hombres malos. Aparte de Jehová no hay ayuda ni protección, ni bendición. El hogar y la ciudad tienen que ser guardadas. El hogar es la base de la nación. Cuando los hogares marchan bien, también la nación camina bien.

Salmo 127:2, “Por demás es que os levantéis de madrugada y vayáis tarde a reposar”. Todos debemos trabajar (Génesis 3:17-19). Pero también debemos apartar tiempo para descansar suficientemente para reponer nuestras fuerzas. Debemos apartar tiempo para que haya comunión con la familia, tiempo para meditación y comunión con Dios.

Salmo 127:2b, “Y que comáis pan de dolores”. Es aquel pan que uno consigue con trabajos difíciles, levantándose temprano y acostándose tarde. Son los trabajos que después de tanto esfuerzo no satisfacen.

“Pues que a su amado dará Dios el sueño”. Esto indica que auque estemos en medio de problemas, Dios nos da el descanso necesario (Levítico 26:6; Proverbios 3:24). Los que no conocen a Dios como Padre, se están consumiendo con trabajos y pesares; los fieles, en cambio, reciben bendición aun cuando se encuentran descansando o durmiendo. No dice “reposar”, sino “sueño”. Reposar sólo es cesar de las actividades, pero sueño es descanso de espíritu. Es la provisión divina para la renovación de las células y tejidos del cuerpo. En este estado, nuestras fuerzas se renuevan para poder seguir trabajando.

B. LAS BENDICIONES DE LA VIDA FAMILIAR (Salmo 127:3-5)

Los niños son herencia de Dios. Todo lo que tenemos se debe al cuidado de Dios. Nuestra vida familiar es don de Él (Génesis 33:5). “Herencia de Jehová son los hijos”. Es cierto que son nuestros, pero también le pertenecen a Dios. Él nos los ha entregado para que los eduquemos y para que les enseñemos a servirle. Nosotros somos responsables delante de Dios por el éxito de la familia. Si no corregimos y castigamos a nuestros hijos cuando hacen algo malo, les estamos robando seguridad y educación. La corrupción ha aumentado por causa de la irresponsabilidad de los padres. Los padres modernos no tienen tiempo para conversar ni para educar a sus hijos. Debido a eso, la delincuencia juvenil ha aumentado, y, además, han surgido problemas en la iglesia, en la escuela y en la nación.
¿Padres, están desempeñando el papel que les corresponde?

Meditemos en esto. Proverbios 22:6 y Deuteronomio 6:4-9 dan ideas claves. Dios escogió a Abraham para ser su instrumento. Veamos el testimonio que Dios dio de Abraham: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová” (Génesis 18:19).

Salmo 127:4, “Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud”. Si el Señor edifica nuestro hogar, y nosotros somos obreros responsables, entonces nuestros hijos serán las flechas que Dios usará en su batalla. El propósito de una flecha es ser enviada donde el soldado no puede ir. Estas palabras tienen mucha relación con la segunda parte del vs. 5, porque representan defensa para el hogar. Son defensa y protección para los padres, provisión para los ancianos.

En la antigüedad, la puerta era un lugar de juicio. Los hijos servían de testigos para comprobar la veracidad de un hecho; y, además, defendían el hogar cuando los ladrones querían hacer daño.

Salmo 127:5, “Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos”. La aljaba era una bolsa que los judíos usaban para guardar y llevar sus flechas. Algunos creen que esto habla del hombre que tiene bastantes hijos. Otros dicen que el hebreo da más credibilidad a su esposa que le da muchos hijos. Sea cual sea la opinión, los hijos bien alimentados y educados son una bendición para el hogar.

C. LA FELICIDAD MATRIMONIAL EN EL HOGAR (Salmo 128:1-6)

“El temor de Jehová” (Salmo 128:1). Temor aquí significa sentir respeto de amor, “andar en sus caminos”, obedientemente.
Salmo 128:2, “Te irá bien”. Por temer a Dios y obedecerle, bienaventurado es el hombre, porque su trabajo lo llenará de satisfacciones.

Dios mismo instituyó el matrimonio para todos los que así lo desean Génesis 2:18,24. Los esposos deben considerarse el uno al otro como personas. El único dominio que gobierna debe ser basado en amor y respeto mutuo y ternura entre ambos (I Pedro 3:7).

Salmo 128:3, “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa”.

Aquí vemos a la mujer en su casa cuidando a sus hijos. La comparación de la mujer como “vid” se refiere a la capacidad de la mujer para cuidar su hogar. La mujer debe ser de bendición en todas las áreas de la vida de la familia (Proverbios 31; I Pedro 3:7).

“A los lados de su casa”. O sea, la parte más íntima de tu casa. Este es lugar donde la bendición de Dios, a través de la esposa, debe tener su máxima expresión. ¿Mujer, tú que eres esposa, estás cumpliendo tu deber? ¿Eres de bendición para tu esposo e hijos? Este hombre dichoso, con una esposa como la que hemos descrito, experimenta realización dentro de las paredes de su casa (Proverbios 31:28).

Salmo 128:3b, “Tus hijos como plantas de olivos alrededor de tu mesa”. Se refiere a la felicidad que se experimenta en el hogar. Los hijos le traen gozo y alegría al corazón. Por supuesto, si el hogar marcha de acuerdo con la dirección de Dios. El ver las caras alegres de los niños rodeando la mesa familiar, sin duda, es motivo de alegría y satisfacción personal.

Para los padres de familia que tienen esta oportunidad de tener a sus hijos alrededor de la mesa, es un tiempo precioso que deben aprovechar para el culto familiar (Deuteronomio 6:7). En este culto familiar deben estar presentes todos los miembros de la familia. El papel del padre es ser sacerdote y maestro de la familia. Lo que él enseña a los hijos, no se les olvidará jamás (Proverbios 22:6). Esto, de ninguna manera, le quita la responsabilidad a la madre de contribuir a la educación de los hijos. Como familia ¿están ustedes practicando el culto familiar diariamente?

Salmo 128:5-6, “Bendiga Jehová desde Sion, y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida, y veas a los hijos de tus hijos”. Esta bendición personal se extiende para considerar las bendiciones del Señor para el bienestar de la Iglesia y la nación. En aquellos días los ancianos miraban con complacencia a los niños de una tercera y cuarta generación que juzgaban en la calle (Zacarías 8:4-5). Felices son aún ahora, aquellos que pueden señalar la promesa de Isaías 59:21 y considerarla como suya. Ellos verán hasta sus nietos. El Salmo nos habla de una totalidad de gozo para hoy y para los días que han de venir. Esta proyección señala a una realización y felicidad que son seguras y no transitorias. Sí, bienaventurado el que anda en sus caminos; será bendecido el hombre que teme a Jehová.

CONCLUSIÓN

Hoy en día vemos muchos hogares fracasados, algunos sin ninguna esperanza de reintegrarse. La razón es que han querido ser ellos mismos los arquitectos; y no le han dado lugar a Dios para que gobierne sus hogares.
Si queremos un hogar de prosperidad y de éxito, debemos dejar que Dios sea el edificador y constructor. Nosotros, solamente debemos ser obreros que trabajan bajo la dirección de Dios. Es necesario entregar en las manos de Dios a nuestra familia y nuestros planes.

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