El cielo – 2

tesoroenelcielo

sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

Mateo 6:20

Introducción.

A. Este texto (Mateo 6:19-21) nos enseña a poner nuestra confianza en Dios, y no en cosas terrenales (materiales).

B. El “corazón” del asunto es el corazón (así como en todo el Sermón del
Monte). Si tenemos “limpio corazón”, buscaremos tesoros celestiales.

I. Los tesoros en la tierra no son duraderos.

A. La polilla destruye la ropa. Entre las riquezas materiales mencionadas en la Biblia, frecuentemente se menciona la ropa. Jos. 7:21, “un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro”. 2 Reyes 5:22, “un talento de plata, y dos vestidos nuevos”. Sant. 5:2, “Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla”.

1. Isa. 51:8, “Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos”. Sal. 102:26, la tierra y los cielos “perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán”.

2.Una gran parte del tesoro terrenal de mucha gente (aun de hermanos en Cristo)
es la ropa. Es increíble que hermanos gasten tanto dinero en ropa y en otras cosas para adornar el cuerpo (joyería, cosméticos, perfumes). 1 Ped. 3:3, 4. Cuestan mucho dinero los zapatos para damas, como también para caballeros (especialmente las botas), pero aunque los precios sean exagerados, muchos hermanos con gusto siguen comprándolos. No están contentos si no tienen un buen surtido de zapatos.

3. El problema ahora no es tanto la polilla, ni tampoco de que se envejezcan, sino el fastidio. La ropa, la joyería, los zapatos, etc. pierden su atracción después de usarse unas cuantas veces, y hay que comprar más. Los israelitas tenían que llevar su ropa durante cuarenta años (Deut. 8:4), pero hay hermanos (¡y mayormente hermanas!) que no quieren llevar la misma ropa ni cuarenta días sin aburrirse de ella (no sé lo que hubieran hecho si hubieran vivido en el desierto por cuarenta años). Es verdad que muchos regalan ropa a otros, pero no por ser benévolos, sino para tener excusa para comprar estilos nuevos. ¡Donde esté la moda, allí estará el corazón!

B. El orín (la herrumbre) corrompe (destruye). Todos los productos metálicos
(automóviles, aparatos eléctricos, maquinaría) con el tiempo se quiebran, se acaban o quedan enmohecidos, oxidados, arruinados.

C. Los ladrones literalmente “minaban” las casas de adobe para robar. Ahora se usan cadenas, chapas, candados, y toda clase de seguros. En la actualidad en San Antonio, Texas (EE.UU.), muchas personas instalan en sus automóviles sistemas de seguridad que suenan alarmas de varias clases, y los ladrones se divierten robando tales sistemas de los carros para venderlos (junto con el carro, o por separado) a otros. Es bueno cerrar con llave el carro y está bien “asegurar” con rejas las puertas y ventanas del negocio y de la casa, pero ¿quién cree que tales cosas en verdad “aseguran” nuestros tesoros terrenales?

D. Ratas, ratones, y termitas. Se puede agregar a lo que Jesús dice una lista larga de otros “destructores”: los diluvios, incendios, y tormentas destruyen propiedades que valen millones (o billones) de dólares. Las ratas y ratones destruyen el grano. Las termitas (comejenes, hormiga blanca) son cien veces más destructivas que los incendios y tormentas, pues en poco tiempo destruyen casas de madera casi nuevas. Parece que para este insecto toda especie de madera es sabrosísima y la come con un apetito insaciable.

E. Las quiebras. Otra cosa que Jesús no menciona es la falta de seguridad en los bancos y otras casas financieras. Muchísimas instituciones de esta clase han caído en bancarrota. ¡Cuántas personas pierden los ahorros en esta manera! Y desde luego muchas empresas quiebran, y la consecuencia es desastrosa para los ricos (pierden su inversión) y para los pobres (pierden su empleo). Una causa mayor de las quiebras son el fraude y la corrupción.

F. Hay muchas otras cosas destructivas. Con las cosas mencionadas aquí no se
termina la lista de fuerzas destructivas. La conclusión de todo esto es que lo tesoros de la tierra no duran, son muy pasajeros. ¿Qué tan inteligente es, pues, dedicar la vida a acumular cosas de tan poca duración? Además, aunque se guardaran muchas posesiones por cien años o más, “¿qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (16:26).

G. ¿Y al morir qué pasa? “Tendré que dejar a otro” todo aquello que haya hecho o acumulado. El hombre trabaja con sabiduría, y con ciencia y con rectitud para “dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello … ¿Que tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?” (Ecles. 2:17-22). El hombre trabaja como esclavo, se vuelve casi loco con afán, y ¿para qué? Para dejar todo a otro que no trabajó nada por ello. (Por ejemplo, el rico acumula una fortuna, y cuando muere, su viuda se casa con otro que solamente tiene que entrar en la casa, colgar su sombrero y disfrutar del trabajo de otro). Así es la locura (la vanidad) de acumular bienes aquí en la tierra.

II. ¿Cómo afecta el corazón el acumular tesoros?

A. Dios quiere el corazón. El primer mandamiento es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Mat. 22:37). El corazón incluye el intelecto, la voluntad, las emociones y la conciencia.

1. Requiere mucho tiempo, trabajo, y atención personal para acumular tesoros en la tierra. Por eso es muy peligroso hacerlo, porque esto significa que el corazón, que debe pertenecer a Dios, pertenece más bien a lo terrenal.

2. Podemos saber si estamos trabajando para fines terrenales o para fines celestiales, porque es cuestión de simplemente observar cómo se usa el tiempo, de qué se habla (Mat. 12:34), cómo se usan los recursos (para servir a Dios, Prov. 3:9, o para acumular más bienes, Luc. 12:18), etc. ¿Qué nos anima, las cosas de Dios o los negocios (para acumular más bienes materiales)? ¡Cuántos hermanos se ven aburridos en los cultos, pero al hablar de su trabajo y sus negocios están muy animados! (Dios se fija en esto). ¿Dónde está el corazón? No es difícil saber.

B. 1 Tim. 6:6-10, 17, 18 es un comentario claro sobre este tema. Debemos leerlo
con frecuencia, y con mucha meditación.

1. La piedad con contentamiento es gran ganancia. El corazón contento es corazón agradecido. No hay ganancia material que se pueda comparar con el
contentamiento. Véanse Fil. 4:11, 12; Heb. 13:5, 6. Los soldados preguntaron a
Juan, “Y nosotros, ¿qué haremos? … contentaos con vuestro salario” (Luc. 3:14). ¡Cuántos hombres buscan pero no hallan el contentamiento!

2. ¿Qué posesiones trajimos al mundo cuando nacimos? ¿Qué posesiones llevaremos al partir de este mundo? Esto indica la gran vanidad de vivir en este mundo con el propósito de acumular bienes materiales.

3. “Así que, teniendo sustento (qué comer) y abrigo (con qué cubrirnos), estemos contentos con esto”. ¿Cuántos hermanos están verdaderamente contentos con solamente las cosas básicas de la vida?

4. ¿Por qué debemos estar contentos con esto? “Porque los que quieren enriquecerse (acumular bienes materiales) caen en tentación y lazo, y en muchas codicias (deseos) necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción perdición”. ¿Por qué hay tantos hermanos que no escuchan esta advertencia? Porque creen que “a mí no puede suceder tal cosa, porque tengo cuidado y evito tales problemas. Otros sí caen, yo no. Soy muy inteligente, muy
capacitado para siempre superar dificultades”. ¡Así pensaba Sansón!
Obsérvese con cuidado que Pablo no habla solamente de los ricos, sino de todos los que quieren enriquecerse. El hombre más pobre puede ser muy avaro, y por eso idólatra (Col. 3:5).

5. “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. No se puede nombrar un solo pecado que no se haya cometido por el amor al dinero. El amor al dinero ha motivado a los hombres (y mujeres) a cometer todo pecado que haya en el mundo. ¡Este pensamiento es alarmante! Nos debe despertar y hacernos conscientes del peligro de querer acumular bienes materiales.

6. ¿Cuál es el remedio? No poner “la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. Dijo Job, “Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho … habría negado al Dios soberano” (Job 31:24-28). Sal. 52:7, “He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad”. Sal. 62:10, “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”. Mar. 10:24, cuando el joven rico se fue triste “porque tenía muchas riquezas”, Jesús dijo: “¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas!”

C. El corazón está ligado al tesoro, y no puede estar en dos lugares. Si los tesoros están en la tierra, el corazón estará aquí; si los tesoros están en el cielo, el corazón estará allí. III. “Sino Haceos (Acumulaos) Tesoros En El Cielo”.

A. Debemos ser generosos, dadivosos, Luc. 6:30, 34, 35, 38. Recordemos siempre que Dios dice, “Mía es la plata, y mío es el oro” (Hageo 2:8). Debemos
siempre servir a Dios con “nuestros” bienes materiales, porque en realidad son de El (Prov. 3:9; 1 Crón 29:14). ¡Somos solamente mayordomos! Si tenemos las escrituras de alguna propiedad (casa, empresa, etc.) recordemos que un día muy pronto tales escrituras están en manos de alguien más; la propiedad tendrá otro “dueño”.

B. 1 Tim. 6:17, 18, “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”.

C. Hech. 2:44, 45; 4:32-37, estos hermanos acumulaban tesoros en el cielo.

D. 1 Cor. 16:1, 2, cada primer día de la semana tenemos la oportunidad de acumular tesoros en el cielo.

E. Mat. 25:35-40; Gál. 2:10; 6:10; Sant. 1:27. Acumulamos tesoros en el cielo si ayudamos a los pobres, a los hambrientos, a los sedientos, a los encarcelados, a los huérfanos y a las viudas, etc.

F. Fil. 4:14-18, los que ayudan económicamente a los evangelistas acumulan tesoros en el cielo. Es fruto que abunda en “vuestra cuenta”, en el cielo, en el banco celestial. Dios nos permite depositar dinero en su banco. (Muchos hermanos no creen en imitar a los filipenses en ayudar a los evangelistas y esta deficiencia impide la obra del evangelismo).

G. 2 Cor. 8:2-5, los macedonios acumulaban tesoros en el cielo, aun más allá de
sus fuerzas, porque primeramente a sí mismos se dieron al Señor.

IV. Los tesoros guardados en el cielo no se destruyen.

A. Ni la polilla ni el orín corrompen, y ladrones no minan ni hurtan.

B. 1 Ped. 1:4, “una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”.

C. Heb. 11:26, Moisés tenía “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”. Sabía que las riquezas de Egipto no duraban.

D. Por lo tanto, seamos ricos “para con Dios” (Luc. 12:21) en lugar de hacer tesoro para nosotros mismos.

“El cielo según la Biblia – 2, por Rogelio Aracena”

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