Ya has dado algunos pasos conmigo.

Has comenzado a acercarte.

Has empezado a descubrir quién soy.

Y quizá también
ha comenzado a crecer un poco de confianza.

Pero a veces la confianza no es suficiente.

Hay momentos en los que damos un paso
y después tenemos miedo.

Eso también le ocurrió a Pedro.

Una noche,
mis discípulos estaban en una barca.

El viento era fuerte
y el mar estaba agitado.

Cuando me vieron caminar sobre el agua,
tuvieron miedo.

Les dije:

«Soy yo. No temáis.»

Pedro me miró.

Y dijo:

«Señor, si eres tú,
manda que yo vaya a ti sobre las aguas.»

Le dije:

«Ven.»

Pedro salió de la barca.

Caminó hacia Jesús.

Mientras lo miraba,

se sentía seguro

Pero después miró el viento.

Tuvo miedo.

Y comenzó a hundirse.

Entonces gritó:

«¡Señor, sálvame!»

Y extendí la mano.

Lo sostuve.

Pedro había confiado.

Después tuvo miedo.

Su confianza no había sido suficiente.

Pero cuando ya no podía seguir solo,

yo seguía allí.

Quizá tú también hayas vivido algo parecido.

Quizá hayas querido confiar
y después hayas tenido miedo.

Quizá hayas comenzado a caminar
y en algún momento hayas sentido
que ya no podías seguir.

No tienes que esconderlo.

No tienes que demostrarme
que eres fuerte.

No tienes que caminar solo.

A veces podrás dar el paso.

Y otras veces
necesitarás una mano que te sostenga.

Yo seguiré aquí.

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