Ya has comenzado a caminar conmigo.
Has descubierto que puedes acercarte.
Que puedo sostenerte cuando no puedes solo.
Que puedes hablarme
cuando no entiendes.
Pero mientras caminas
hay algo que también debes saber.
El camino conmigo no es una obligación.
Puedes elegir.
Puedes seguir caminando.
Puedes detenerte.
Incluso puedes tomar otro camino.
Eso también ocurrió una vez.
Un padre tenía dos hijos.
El menor decidió marcharse.
No porque su padre lo hubiera echado.
No porque hubiera dejado de quererlo.
Simplemente,
quería otro camino.
Pidió su parte de la herencia.
Y se marchó.
Su padre pudo haberlo detenido.
Pudo haberle dicho que estaba equivocado.
Pudo haberle obligado a quedarse.
Pero lo dejó ir.
El hijo eligió su camino.
Y caminó por él.
Durante un tiempo
pareció encontrar lo que buscaba.
Hasta que un día
se encontró en un lugar
que nunca había imaginado.
Había perdido todo.
Y ya no sabía qué hacer.
Entonces recordó la casa.
Recordó a su padre.
Y pensó en volver.
Quizá tuvo miedo.
Quizá pensó:
**«Después de lo que he hecho,
¿podré volver?»**
Pero decidió levantarse.
Y regresó.
No sabía cómo sería recibido.
No sabía qué iba a encontrar.
Solo sabía una cosa:
quería volver.
Y mientras todavía estaba lejos,
su padre lo vio.
No esperó a que llegara hasta la puerta.
No esperó a escuchar sus explicaciones.
Salió a su encuentro.
El hijo había elegido marcharse.
Ahora estaba eligiendo regresar.
Y su padre estaba allí.
Quizá tú también hayas elegido alguna vez
otro camino.
Quizá te hayas alejado.
Quizá simplemente hayas dejado
de caminar conmigo.
No voy a obligarte a volver.
La decisión sigue siendo tuya.
Pero si algún día
quieres regresar,
puedes hacerlo.
No necesitas saber todavía
cómo será el camino.
No necesitas tener
todas las respuestas.
No necesitas saber
qué vas a decir.
Solo tienes que dar
un primer paso.
El hijo no volvió
porque ya hubiera arreglado su vida.
Volvió porque recordó
dónde estaba su casa.
Y cuando regresó,
descubrió que su padre
seguía allí.
Quizá tú también hayas pensado
alguna vez:
«Me he alejado demasiado.»
«Ya no puedo volver.»
…
Pero escucha esto:
**si todavía quieres volver,
el camino de regreso existe.**
Puedes elegir caminar conmigo.
Puedes elegir detenerte.
Puedes incluso alejarte.
Y si un día decides volver,
seguiremos caminando.


