Quizá te hayas dado cuenta
de que no te estoy pidiendo
que me expliques quién eres.
Ni que me cuentes todo.
Simplemente estoy aquí,
caminando contigo.
Y quizá, mientras avanzamos,
empieces a preguntarte
quién soy yo.
Esa pregunta también puede esperar.
Primero…
caminemos.


