Hay regresos
que dependen
de nosotros.
Y otros…
que también dependen
de otra persona.
Podemos llamar.
Podemos acercarnos.
Podemos reconocer
lo que hicimos mal.
Podemos decir:
«Lo siento.»
Podemos decir:
«Te he echado de menos.»
Podemos decir:
«Me gustaría
volver a hablar contigo.»
Pero no podemos
obligar al otro
a abrir la puerta.
Y quizá…
una de las cosas
más difíciles
sea aprender
a distinguir
entre aquello
que podemos hacer
y aquello
que ya no depende
de nosotros.
¿Hay algún paso
que todavía puedas dar?
Solo uno.
No hace falta
dar todos los demás.
Estoy aquí.


