Taller familiar 22

Taller familiar
Samuel Clark
La Familia y el Dinero

Queridos amigos casados:

Se ha dicho que el dinero es un gran siervo pero un terrible amo. Cuando lo amamos y buscamos, llega a ser nuestro amo. Pero cuando sabemos usarlo bien y para las cosas buenas, es nuestro siervo útil y es una bendición. ¿Cuál de los dos es el dinero en tu familia?

Es posible contestar esta pregunta si estás dispuesto a medir el lugar del dinero en tu familia según las enseñanzas del Sermón del Monte. En Mateo 6:25-34 hay una palabra clave: “el afán” o “afanarse”. Si tú sientes mucho afán por las cosas materiales, por buenas y necesarias que sean, entonces el dinero manda en tu vida. No debe ocurrir esto si estamos obedeciendo Su mandato de buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia. Su promesa es que si le ponemos a El primero, todas las demás cosas vendrán por añadidura. Pero si el dinero manda, pondré otras cosas antes que mi vida espiritual y el bienestar espiritual de mi familia. El antídoto para el afán es el señorío de Cristo en mi vida y una confianza en Sus promesas.

Pablo lo dijo así: “Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Señor con toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:6,7). La confianza en Dios y Sus promesas se manifiesta en la oración que vence el afán y un espíritu agradecido por las cosas buenas que Dios nos está dando. Una cosa que yo he observado en los que están afanados es que se quejan y lloran por las cosas que no tienen y no ven cuántas cosas Dios les ha dado. Un espíritu de alabanza y gratitud al Se ñor vence el afán.

Para poder creer en las promesas del Señor en referencia a Su provisión financiera y material, necesitamos reconocer que hay unas condiciones que debemos estar cumpliendo. Una que se expresa muchísimas veces en la Biblia es que debemos dar nuestro dinero por fe a Dios y a otros m ás necesitados.

  • Proverbios 3:9,10 promete que las bendiciones divinas vienen a los que le dan a El de sus primicias, diezmos y ofrendas.
  • Lucas 6:38 dice que si damos, recibiremos muchísimo más.
  • 2 Corintios 9:6-11 declara el mismo principio de la súper abundante bendición para los que dan para los que tienen mucha necesidad material.

Nosotros hemos comprobado estas promesas a través de años de vida libre del afán, y con la provisión divina abundante. Dios es fiel. Uno aprende a vivir por la fe y no por la vista (2 Cor. 5:7) cuando pone a Dios primero y usa su dinero para servirle a El y para ayudar a Sus hijos necesitados. Pablo prometió a los que le ayudaban económicamente en su obra misionera: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).Cuando pensamos que no podemos dar, el dinero nos está mandando. Cuando estamos preocupados por cosas materiales, nunca vamos a tener “suficiente” dinero para compartir, pues, siempre estamos adquiriendo cosas y más cosas y aún más cosas. ¿Cómo puede el hombre que no tiene para dar comprar cosas para sí mismo? Sólo con la tarjeta de crédito o con el crédito que dan en las tiendas. Si alguien tiene una adicción al dinero y las cosas materiales, no debe poseer una tarjeta de crédito ni usar los planes de crédito en el comercio moderno; así se engaña a sí mismo. Hay quienes han estado esclavizados a sus deudas por comprar cosas no necesarias “en oferta”. Salen del problema pagando una tarjeta de crédito con otra – pero así va aumentando la deuda. Otros viven agobiados por el mal uso del crédito. El dinero está mandando en su vida.

Una familia debe aprender a vivir de la gracia de Dios, orando con confianza, agradando a Dios y compartiendo sus entradas con los menos afortunados, especialmente los de la familia de Dios (Gál. 6:9,10). Es así como enseñamos a nuestros hijos a vivir en una forma que agrada a Dios. Los hijos necesitan oír de nuestra filosofía del dinero para que entiendan por qué no tenemos todo lo que otros tienen ni lo buscamos. Deben aprender que hay otras prioridades en la vida. Deben ver que no es el dinero que nos manda, sino el Señor. No puedes enseñar esto a tus hijos si no lo estás viviendo.

En las familias judías del Antiguo Testamento los hijos veían cómo sus padres traían las primicias de sus cosechas al Templo, luego los diezmos de los animales y las cosechas y las otras ofrendas que Dios ordenaba para ver la fe de ellos. En un ambiente agrícola es más obvio, y es obvia la bendición del Señor después. Hoy día, cuando todo es a base de sueldos o dinero recibido de clientes, no es tan obvio porque casi todo se hace por medio de bancos. Sin embargo, de alguna manera debemos enseñar a toda la familia nuestra fe y obediencia a Dios en el área de las finanzas. Por palabras y hechos mostramos esa fe y obediencia. Algún día ellos estarán tomando decisiones. ¿Les habremos enseñado por nuestro ejemplo a buscar a Dios primero?

Pablo subrayó que el amor al dinero es la raíz de todos los males en nuestro mundo (1 Tim. 6:10). ¿Te parece exagerado? Observa tu mundo. ¿Por qué hay corrupción política? Por amor al dinero. ¿Por qué hay inmoralidad de toda clase? Por el amor al dinero. ¿Por qué hay desorden, robos, homicidios, narcotráfico, etc.? Por amor al dinero. La avaricia es el amor al dinero. Sobran ejemplos de males causados por el amor al dinero en la Biblia, en la literatura, en el cine, en nuestra cultura.

Cristo dijo “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas“ (Mateo 6:24). O Dios o el dinero está mandando en tu vida. Depende de a quién amas más, al dinero o a Dios. El Señor quiere ver a familias libres de la maldición de amar al dinero, de la esclavitud del dinero. Nos toca a nosotros tomar esa decisión. Ojalá que se tome la correcta, con toda la familia enterada y de acuerdo con la decisión de los padres. Hay que tomar tiempo para enseñarles cuáles son nuestros valores en la vida, por palabras y por hechos.

Si queremos tener vidas libres de los afanes y las preocupaciones por cosas materiales, vidas llenas de la paz del Señor, vidas de servicio a Dios y a otros, entonces tenemos una gran tarea delante de nosotros. Que Dios nos ayude a vivir así y enseñar a nuestros hijos a vivir así.

Abrazos con el amor de Dios, Samuel

Publicado en los navegantes

Volver al taller de familia