«Conoce tu porvenir como pareja»
El porvenir de una pareja no se refleja en las cartas o en los posos de café, pero sí es posible augurarlo atendiendo a determinados rasgos que nos vienen definidos de nuestro comportamiento al amar tal y como nos amaron.
Porque las relaciones amorosas de cada uno reproducen las apego que vivimos en la infancia, entendido este como el vínculo afectivo y conductual que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores en la primera infancia, y que va a determinar su desarrollo cerebral y emocional.
Hay definidos cuatro tipos de apego del niño a su madre, que al crecer reproduce en sus relaciones amorosas de adulto.
– Seguro. La figura cuidadora se preocupa sinceramente por el bebé, entiende y atiende sus necesidades sin ser invasiva ni tampoco negligente. Transmite al niño afecto, respeto y cuidado, facilitando su progresiva autonomía. El niño, cuando se ausenta la “madre”, siente disgusto y ansiedad, pero consigue calmarse y consolarse él solo. Cuando la madre vuelve, se halla a gusto con ella. Son niños que se sienten queridos y consiguen equilibrar la presencia física y el vínculo afectivo con el deseo de autonomía y aventura necesario para el aprendizaje.
De adultos se encuentran cómodos en las relaciones personales y disfrutan al compartir la intimidad. Se sienten queridos y saben alejarse de quienes les hacen daño. Reconocen sus emociones y son capaces de pedir consuelo y de expresar sus necesidades afectivas. El tipo de relaciones que entablan son duraderas, respetuosas y no idealizadas, y comprenden los altibajos naturales en una relación.
– Inseguro-evitativo. La figura cuidadora se muestra hostil o fría hacia las demandas afectivas del niño porque las considera excesivas, caprichosas o inapropiadas y rehúye o raciona el contacto físico con el bebé. Considera estas necesidades como una debilidad que es necesario educar con disciplina, a base de privaciones y dosificación del cariño. Estos niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas y a renunciar a la intimidad para no provocar rechazo y mantener así el vínculo. Eso los convierte en adultos huidizos que sienten que sus emociones son engorrosas para los demás y ven la necesidad de afecto como una debilidad. Su nivel de ansiedad es bajo, con escaso neuroticismo y una cota muy alta de actitudes evasivas que les impiden compartir su intimidad con la pareja.
– Inseguro-ansioso ambivalente. La figura cuidadora muestra una actitud imprevisible para el niño, originada por dificultades que sufre ella misma. No es que rechace al bebé, sino que unas veces se muestra indiferente y lo ignora, y otras se muestra cariñosa, alegre, equilibrada y atenta a sus necesidades. Esta actitud impredecible genera mucha ansiedad en el niño, quien, privado de patrones comprensibles, no entiende por qué unas veces sus necesidades —incluso las básicas— son desatendidas y otras veces son los reyes de mamá.
Estos bebés serán adultos inseguros en sus relaciones, con mucha ansiedad ante las separaciones y ante las emociones negativas, aprensivos, celosos, suspicaces y bastante melodramáticos.
Necesitan sentirse permanentemente vinculados a sus parejas, a veces de manera agobiante para ellas, y así ahuyentar la ansiedad que les provoca la separación. Estas parejas son muy dependientes del otro, interpretan cada gesto como una amenaza a la relación y oscilan entre la bronca, la sumisión y el arrepentimiento.
Su felicidad o desánimo dependen de la atención que reciba del otro: mientras se muestre disponible y cariñoso, desaparece la ansiedad y reina la confianza y el equilibrio; pero esto nunca es suficiente: al primer gesto de independencia de la pareja se reactivará la espiral ansiosa y demandante.
Los niños cuya figura cuidadora ha sido fría con ellos tienen de adultos problemas para compartir su intimidad
– Desorganizado. Es el tipo más patológico de apego. La figura cuidadora es gravemente insensible o manifiesta actitudes violentas hacia el niño. El bebé no puede sobrevivir sin ella, que es al mismo tiempo una amenaza: esta paradoja le provoca un colapso psíquico traumático. Son niños llenos de dolor, miedo, agresividad, sentimientos de ambivalencia, inseguridad… que recurren al bloqueo emocional y la disociación para poder sobrellevar su realidad. De adultos sufren grandes dificultades para identificar sus emociones y padecen bloqueos y confusión de sentimientos. Para ellos las relaciones afectivas son amenazantes, de manera que las evitarán o se sucederán las rupturas. Son personas inestables, con dificultades para respetar los derechos y los límites del otro.
La investigación nos demuestra que aproximadamente un 60% de la población tiene un apego seguro, mientras que el 40% restante tiene un apego inseguro. Cuando pensamos en nuestros hijos, deseamos que alcancen la felicidad, y en un futuro puedan expresar su amos de corma correcta. Es por ello por lo que tenemos algunas ideas que nos pueden servir para reflexionar o para poner en marcha con nuestros hijos con ese objetivo:
1. Transmitirles protección y seguridad:
2. Fomentar la autonomía:
3. Explicarles aquellos sucesos que no entiendan:
4. Ser vistos:
5. Ponerles límites de forma sensible:
6. Sintonizar emocionalmente con ellos:
7. Debemos actuar de manera responsiva:
8. Respetar y permitir la expresión de sus emociones:
9. Mostrarnos disponibles:
10. Seamos predecibles y coherentes
11. Creer y en confiar en nuestros hijos:
12. Mirada incondicional: Queremos a nuestros hijos por el simple hecho de que son nuestros hijos. No hay ningún condicionante que haga subir o bajar nuestro cariño o amor hacia ellos
En conclusión, aunque todo lo que acabamos de ver pueda parecer difícil de llevar a cabo, es importante tener en cuenta que sois las mejores madres y los mejores padres que pueden tener vuestros hijos. No hay otros mejores.
«Conoce tu porvenir como pareja»
Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos que el Dios creador de cielos y tierra, el que nos creó a ti y a mí, el que nos dio los hijos que ahora tenemos y de los que somos responsables delante de Él.
Ese Dios, se ha comprometido a darnos sus herramientas, sus recursos, su enseñanza y su guía, para que nuestra forma de amar a nuestra pareja, sea la correcta, y de esa forma capacitarnos para transmitir lo mismo a nuestros hijos para su futuro.
Si quieres conocer más sobre los apegos afectivos en relación con tu pareja, pulsa aquí y te invito a este taller de parejas y matrimonios.
