¡Sé que aún me queda una oportunidad!

Cuando echamos la vista atrás y recordamos con nostalgia y arrepentimiento una oportunidad que se presentó en nuestra vida y que no decidimos aceptar, resulta muy doloroso y frustrante, pero no podemos dar marcha atrás en el tiempo y modificar nuestros actos. Por tanto, tratemos de aportar una visión más sana, más realista y más funcional.

Te queda una oportunidad, y esa oportunidad la tienes en tu mano, bien porque quieres entregársela a alguien, o bien porque alguien te la ha entregado a ti. Y esta oportunidad quizá pueda ser la última oportunidad.

Por eso si tú eres el receptor que dice ¡Sé que aún me queda una oportunidad!, y quizá sea la última oportunidad, debes de considerar algunos conceptos antes de usarla:

Debes tener claro qué deseas – algo tan aparentemente sencillo puede complicarse si eres capaz de distinguir entre tus anhelos y las imposiciones sociales, por eso has de sopesar tus verdaderos deseos y prioridades.

No permitas que el miedo te paralice – rechazar una oportunidad es a veces producto del miedo que sentimos, porque te alejas de lo conocido y te arriesgas al fracaso, pero el error y los fallos forman parte de la vida, no permitas que el miedo te paralice, mantente fiel a tus deseos y enfrenta el temor.

Confía en ti – A menudo, esperamos que se den en nuestra vida todas las coordenadas necesarias para empezar algo o perseguir un sueño, y dejamos pasar oportunidades. Muy al contrario, debemos aprovecharlas aunque todas las condiciones no sean perfectas o aunque no sea tal y como lo hemos soñado.

Oportunidades hay varias – el pensamiento de arrepentimiento, frustración e indefensión aparece cuando pensamos que ya no habrá más oportunidades, y nos culpamos de hacer tomado la decisión incorrecta, pero recuerda “queda una oportunidad”, y el momento es ahora para cambiar las cosas. Nunca es tarde.

¡Sé que aún me queda una oportunidad!

Cuando vamos a la Palabra de Dios, también vemos que Dios da una oportunidad:

– Transformó a un hombre mentiroso y cobarde llamado Abraham en el padre de los fieles (Génesis 12-20; 18:19; Romanos 4:16; Santiago 2:21).

– Transformó a un engañador llamado Jacob en el padre de una nación santa (Génesis 27; 46:8-26).

– Transformó a un homicida de 80 años llamado Moisés en uno de los líderes más grandes en el mundo (Éxodo 2:11-14; 5:1).

– Usó a un homicida adúltero llamado David para escribir canciones que fortalecerían y animarían a Su pueblo por 3,000 años (2 Samuel 11-12; Salmos 23).

– Salvó a un profeta desesperado y abrumado llamado Elías para que realizara grandes obras de servicio (1 Reyes 19).

– Transformó a un profeta lleno de odio llamado Jonás en un misionero exitoso en la más grande ciudad de su tiempo (Jonás 3:5-10).

– Usó a una mujer que se había divorciado cinco veces y que estaba viviendo con un sexto hombre para traer a una ciudad a los pies de su Salvador (Juan 4:15-30).

– Honró a un recaudador de impuestos odiado llamado Zaqueo con una visita en su casa y un lugar en Su Palabra que es leído por todas las generaciones (Lucas 19:5-8).

– Tomó a un pescador arrogante llamado Pedro que maldijo y negó al Hijo de Dios la noche que Él más le necesitaba y le hizo el orador principal en el más grande avivamiento que el mundo jamás ha visto (Marcos 16:7; Juan 21:15-17; cf. Hechos 2).

– Comisionó a un joven inestable llamado Juan Marcos que dejó a Pablo en un apuro para escribir uno de los más grandes libros jamás escritos (y posiblemente el más leído de todos los tiempos, ya que es el más breve de todas las biografías de Cristo) [Hechos 13:13].

– Dio una segunda oportunidad a un hombre llamado Pablo que en el pasado había realizado todo lo que pudo—persecución legal, homicidio, privación de derechos, abuso verbal y físico—para destruir a la iglesia de Cristo y desalentar a los hijos de Dios (1 Timoteo 1:13-16).

Dios da la oportunidad a las personas para llevarlas desde sus fallas hasta el éxito increíble.

Y también quiere hacerlo contigo hoy, por eso te pone en tus manos una oportunidad, y de esa forma puedes decirte a ti mismo: ¡Sé que aún me queda una oportunidad!

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