Perdón para el arrepentido

tenpiedad

“Ten piedad de mí, oh Dios conforme a tu misericordia”

Salmo 51:1

HAY PERDÓN PARA EL ARREPENTIDO

PASAJE PARA ESTUDIO: Salmo 51
LECTURA DEVOCIONAL: Salmo 85:1-13
TEXTO PARA MEMORIZAR: Proverbios 28:13

PROPÓSITO

Ver cómo Dios aborrece el pecado, y que el único camino para la restauración del hombre pecador es el sincero arrepentimiento, confesión de su pecado y la decisión de no volverlo a cometer.

INTRODUCCIÓN

El Salmo 51 es la confesión de David después de un evento trágico en su vida. En II Samuel 11:1 – 12:1-23 se relatan los detalles del pecado que el rey David cometió. II Samuel 11:1 dice: “En el tiempo que salen los reyes a la guerra”. Hay épocas en que los agricultores han terminado una parte de sus trabajos en el terreno o en la finca. Luego les queda un poco de tiempo libre para hacer otras cosas. En tiempo del rey David sucedía lo mismo. Los soldados habían terminado sus trabajos, y llegó el tiempo de ir a la guerra. En esta ocasión, David decidió que su ejército podía salir a la guerra sin él, y se quedó en la casa sin hacer nada. Fue así que, cuando él caminaba sobre la terraza de su casa, vio a una mujer vecina bañándose; la codició, la tomó y adulteró con ella. Esta mujer era la esposa de uno de sus soldados llamado Urías.
Urías era de los más valientes de sus soldados; no era judío sino heteo. Luego David lo engañó y mandó con él mismo una carta para el jefe del ejército para que le provocara la muerte en la batalla. Así murió Urías.

Pasaron días y meses, y David continuaba viviendo en su pecado. Dios, viendo que David no hacía nada para rectificar su hecho pecaminoso, mandó al profeta Natán para que lo amonestara. Notemos que Dios le dio suficiente tiempo, pero David necesitaba un impulso para que confesara su pecado. Cuando Natán le indicó que él era culpable, David lo confesó inmediatamente. Natán le dio la sentencia de que su hijo, producto del adulterio, iba a morir. Además, le dijo que su pecado sería perdonado, pero que las consecuencias las tendría que sufrir. De su propia casa se iban a levantar sus enemigos.

¿Por qué no fue David a ofrecer unos animales para el perdón de sus pecados? RESPUESTA: En el sistema de sacrificios por el pecado, Dios no había dado lugar para sacrificar animales por el pecado de adulterio o asesinato. La pena era la muerte, vida por vida. Vea Deuteronomio 19:11-13; Éxodo 20:13; Mateo 19:18. David sabía todo eso. ¿Sobre cuál base pedía perdón David? Conforme a la gran misericordia de Dios.

DESARROLLO DE LA LECCIÓN

“Ten piedad de mí, oh Dios conforme a tu misericordia” (Salmo 51:1). Notemos que él le llamó “oh Dios”, no dijo mi Dios. David había pecado y no tenía el derecho de llamarlo así. Él hizo su súplica a la piedad y misericordia de Dios. Él vio a Dios como santo y misericordioso. David supo que su pecado lo había alejado de Dios, con quién había tenido una estrecha comunión. Sabía que sólo por la misericordia de Dios podía alcanzar perdón. No había otra salida.
Salmo 51:1-2. David le pidió a Dios que borrara sus rebeliones, que lo lavara y que lo limpiara. “Borrar” quiere decir quitar una marca, en este caso, su pecado. “Lavar” quiere decir pasarle agua con jabón muchas veces, de acuerdo a nuestro lenguaje.

Los hebreos utilizaban la palabra lavar con diferentes sentidos. La forma más común tiene el sentido de lavar trastos, frutas y otros objetos que no requieren de mucho esfuerzo. La palabra utilizada aquí es la que se usa para limpiar el alma, ella implica que se necesita más esfuerzo, mucho más que una simple lavada.

La otra expresión es limpiar (Salmo 51:7). El sistema levítico proveía un sistema de purificación. Un leproso que había sanado debía ser purificado. Cuando una mujer daba a luz a un bebé, también debía ser purificada. En otros casos, se esparcía sangre sobre la persona, utilizando un hisopo después de haber cumplido con los requisitos de la ley.

David deseaba que Dios lo limpiara a tal grado que no quedara en él la tendencia de pecar. Veía su pecado como una lepra horrible. En forma semejante se nos ha presentado el sentir de Dios contra el pecado. El sentir de David es como si viera la gracia de Dios, la cual gozamos hoy, cuando nosotros somos lavados por la sangre de Cristo y por la Palabra de Dios.

Salmo 51:2-3. En estos dos versículos, el salmista usa tres palabras significativas. Veamos sus definiciones: “Rebeliones”, en hebreo es “Pasha”, que quiere decir actuar para declarar independencia y alejarse del mando de otro; “maldad”, en hebreo es “avon, significa iniquidad, perversidad; describe una condición moral muy baja; “pecado”, en hebreo es “shata”, quiere decir errar al blanco, con el sentir de culpa por lo cual viene el castigo (Levítico 20:10).

Humanamente, ¿quién puede perdonar a alguien? Sólo la persona quien ha sido ofendida. Si el ofendido no está listo a perdonar, no puede haber perdón ni restauración de comunión entre ambos. Esta última es lo que uno desea efectuar. El precio del perdón no es barato. El Salmo 51:17 muestra que cuesta la completa humillación y arrepentimiento de parte del ofensor.

El Salmo 51:4, ¿Cómo veía el salmista su pecado? David reconoció que había pecado. Él sabía que Dios es justo en su juicio. David había cometido un homicidio. Homicidio es quitarle la vida a otra persona, lo cual es un gran pecado. David, al cometer homicidio, pecó contra Dios. Por muchos meses cargó con el peso del pecado; lo recordaba continuamente. Él usa la palabra rebeliones. Había pecado contra Urías al quitarle su esposa Betzabé, y luego al matarlo por mano de los enemigos. Era necesario confesar la magnitud de su pecado. David había endurecido su corazón por un largo tiempo encubriendo su pecado, deshonrando a su familia y a la nación. Alguien ha dicho que cada transgresión es madre de muchas más.

Salmo 51:4, “Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”. David había pecado contra Dios. Él era culpable de codicia, de pereza, adulterio y homicidio.

“Para que seas reconocido justo en tu Palabra y tenido por puro en tu justicia”. Este es el arrepentimiento que Dios quiere. La palabra “arrepentimiento” quiere decir cambiar de camino y estar de acuerdo con la justicia divina. Dios puede perdonar o condenar dependiendo de la actitud de la persona. Dios le dijo por medio del profeta Natán que él había pecado. David se arrepiente, demuestra que Dios tiene razón, que es justo en denunciar su pecado y pronunciar su castigo.

Salmo 51:5, “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. Al pronunciar estas palabras, David no se refiere a que su madre haya vivido en adulterio. Se refería al pecado heredado que traemos por naturaleza. Cada persona nace con lo que los teólogos llaman “el pecado innato”. Otra traducción dice: “Ciertamente he sido un pecador desde mi nacimiento, pecaminoso desde mi concepción en el vientre de mi madre”. Los humanos pecamos porque somos pecadores por naturaleza. Los niños muestran ese pecado en su enojo a los pocos días de nacer. Sin embargo, no son culpables por nacer con ese pecado innato. Cuando los niños crecen y deciden desobedecer, ya son culpables delante de Dios por haber pecado.

Dios proveyó la manera de conseguir el perdón de nuestros pecados mediante el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. También proveyó la santificación para quitarnos el pecado innato. Esto no quiere decir que ya no podamos pecar, sino que ya no queremos pecar porque amamos mucho a Dios. La razón es porque tenemos nuestra vista fija en Él, y hemos dado las riendas de nuestra vida al Espíritu Santo. Hemos decidido seguirle solamente a Él, y no oír los llamados del mundo.

Salmo 51:6. Dios desea que nosotros seamos sinceros, sin engaño desde lo interior de nuestro ser. La palabra verdad quiere decir lealtad, fidelidad e integridad. Todo debe ser desde adentro, en lo íntimo y en lo secreto. Dios desea que el hombre sea perfecto. Cuando meditamos y consideramos cómo estamos en nuestro interior, debemos pedir la ayuda de Dios para que nos veamos como Él nos ve. Cuando pedimos, como dice el salmista en el Salmo 139:23-24, que Él examine nuestro corazón para ver si hay alguna malicia, debemos corregir lo que Él nos señale y corrija.

REPASO

¿Cuáles son los pasos que David tomó para recibir el perdón de su pecado?

Reconoció que había pecado. El no culpó a nadie, sino que tomó sobre sí toda la culpa de su fracaso.
Él se arrepintió por haber pecado. Declaró que Dios tenía toda la razón.
Él confesó su pecado completamente.

PREGUNTAS PARA MEDITAR

¿Hemos tomado los pasos que David tomó?
¿Hemos recibido el perdón de nuestros pecados?
¿Habrá algo que no hemos confesado todavía?
Dios no nos puede usar para su gloria, ni nos va a oír nuestras plegarias hasta que nosotros estemos listos a seguir los pasos enumerados anteriormente. Dios es misericordioso y ama al obediente.
Salmo 51:7, “Más blanco que la nieve”. ¿Cómo puede ser algo más blanco que la nieve? ¿De dónde viene la nieve? Comienza con la humedad que el sol evapora y lleva a la atmósfera donde se forma una nube pequeña. Al juntarse una gran cantidad, la nube se pone negra y luego comienza a llover. Pero, si la temperatura desciende mucho, entonces viene la nieve. Cuando la nieve cae, cubre las plantas y hasta las casas. Si la temperatura continúa bajo cero, todo queda cubierto de nieve, y se ve blanco. Una parte de ese color blanco está compuesto de partículas de polvo, no es totalmente puro. Por eso David pide a Dios que cambie su corazón y que quite todo aquello que lo mancha. Su deseo es que su corazón quede limpio y sin polvo, por así decirlo. Nosotros diríamos que quite el pecado innato y que haga nuestro corazón completamente nuevo, puro, limpio, apartado del mal y santificado.

Salmo 51:10-12. ¿Qué pide el salmista? “Crear”, es traer a la existencia lo que no existía antes. “Renueva”. Da la idea de un cambio radical de espíritu y corazón. El salmista ha notado que nació con la tendencia a pecar. Ahora, además de perdón, pide un cambio de corazón para no volver a vivir en rebelión. Véase I Tesalonicenses 5:23; Santiago 4:8. “Espíritu noble me sustente” (vs. 12), o sea, espíritu voluntario. Esta es la clase de obediencia que Dios quiere. En los versículos 13-17, el salmista hace algunas promesas.

Salmo 51:13, “Enseñaré a los transgresores tus caminos. Los pecadores se convertirán a ti”. El testimonio de un arrepentido es ejemplo para otros.

Salmo 51:14, “Homicidios”. Él hace mención del homicidio en medio de sus promesas. Sabía que había mandado matar a Urías, un soldado muy fiel. Pero “¿homicidios?” Sin duda él toma responsabilidad de la muerte próxima de su hijo. Es preciso recordar que el castigo para el homicida era vida por vida. Por cuanto David se arrepintió, Dios tenía un plan para él. Por eso Dios decidió llevar al pequeño hijo a donde él está. Mientras que David podría seguir con el plan de Dios, glorificarle con su vida, aunque con problemas serios en su familia como consecuencia del pecado cometido.

Hermanos, Dios no puede cerrar los ojos ante el pecado, especialmente en la vida de los redimidos. Proverbios 28:13 dice: “El que encubre sus pecados no prosperará”. En la iglesia muchas veces no hay victoria, ni nuevas almas que se conviertan a Cristo; y nos preguntamos ¿por qué? La respuesta es sencilla. Es porque una persona o algunas personas están tratando de encubrir sus pecados. Dios, quien conoce lo más íntimo del corazón humano, no puede amparar a personas así; y en consecuencia, todo el cuerpo sufre.

Salmo 51:14-15, “Cantará mi lengua tu justicia”. El salmista promete publicar alabanzas a Dios.

Salmo 51:16-17, “No quieres sacrificio”. ¿Cómo percibió David la naturaleza del verdadero sacrificio? Para el pecado de David no había sacrificio. Si así fuera, David lo habría dado en abundancia, porque él era rico. Incluso si hubiera sacrificios, también tenía que cumplir con las otras condiciones que se mencionan en el texto: “El espíritu quebrantado, corazón contrito y humillado”. Parece que para Dios la última condición es de mayor importancia. Por su ejemplo, Dios dio a su Hijo en propiciación por nuestros pecados, lo cual es nuestro camino a la reconciliación.

Salmo 51:18, “Haz bien con tu benevolencia a Sion”. El rey David recuerda lo dicho por el profeta Natán, que Dios tiene derecho de castigar a todo el pueblo por el pecado del rey; porque así como es el rey, así también es el pueblo. Por el hecho de haber cometido David este acto de inmoralidad, sin duda muchos del pueblo también se corrompieron siguiendo su ejemplo inmoral. Ahora pide clemencia para el pueblo, especialmente por la ciudad de Sion, o sea, Jerusalén. “Edifica los muros de Jerusalén”, es decir, que los haga más fuertes. Esto da a entender que había algunos muros sin terminar, los cuales fueron construidos en el tiempo del rey Salomón. Véase I Reyes 3:1; 9:15,19.

David había estado en guerra contra sus enemigos, pero fuera de Jerusalén. Es natural que pensara en la represalia de sus enemigos; al poder hacerlo vendrían contra el centro de su reino. Por eso, él deseaba la seguridad y estabilidad del pueblo de Israel. Jerusalén bien amurallado estaría más protegida.

Salmo 51:19, “Entonces te agradarán los sacrificios… sobre el altar”. El altar estaba en Jerusalén, no en el Templo; éste todavía no existía, ya que fue construido por el rey Salomón unos años más tarde. El altar estaba en el Tabernáculo. Tal vez era una modificación del que tenían mientras estaban en el desierto. El único mueble, que se sabe con seguridad, que existía todavía en este tiempo era el Arca del Pacto. “Sacrificios de justicia”, da la idea de sacrificios expiatorios que iban a justificar. Los sacrificios que Dios desea son los de un corazón limpio y agradecido, según Hebreos 13:15-16.

REPASO

¿Qué dice la Biblia acerca de las normas de vida que Dios acepta? (Salmo 1).
¿Qué es el pecado?
¿Cómo pueden ser perdonados nuestros pecados?
¿Por qué desean ser perdonados los hombres?
¿A quién debemos confesar nuestros pecados y por qué?

CONCLUSIÓN

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad”.
El deseo profundo del corazón de Dios es que su Iglesia sea limpia, pura y santa como Él mismo. Él ha provisto los medios necesarios, y están listos para que nosotros los aprovechemos. Las epístolas fueron escritas a los creyentes para que mejoraran sus vidas. Tengamos corazones muy sensibles delante de Dios. No le escondamos nada. Seamos sinceros y fuertes en nuestra decisión de serle fieles hasta el último día de nuestra peregrinación en la tierra.

¿Cómo puede Dios perdonar? Por: Paul Washer

 

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