¿Confías de verdad en tu cónyuge?

Antes de nada, que significa el término “confianza”.

Según la RAE: Es la esperanza firme que se tiene de alguien o algo o la seguridad que alguien tiene en sí mismo. También refiere que es la esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de determinada manera, o en que otra persona actúe como ella desea, ofreciendo seguridad propia a cada uno de los miembros y mutua.

Si te preguntara, qué significado tiene la confianza en tu matrimonio, seguro que cada uno tenéis una respuesta distinta, pero habrá aspectos comunes en las respuestas: la sinceridad, la comunicación, la fiabilidad –saber que la otra persona está ahí cuando la necesitemos–, la comprensión –saber que nos va a entender y a aceptar–…

La confianza no es una elección –o no siempre–, no nos la podemos imponer.

La confianza en el matrimonio se construye en un proceso mutuo. Aunque puede aparecer desde el principio de una relación, en general se adquiere con el tiempo, a medida que ambas personas, con su comportamiento, la van generando; hasta que se convierte en algo habitual y fluye con naturalidad.
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La confianza tiene un efecto recíproco. Si confiamos, inducimos, en mayor o menor medida, confianza. Y al contrario, si mostramos desconfianza, provocamos desconfianza.

Es curioso que cuando hablamos de confianza, pensamos en la otra persona: qué debería hacer o decir, para que confiáramos en ella. Pero primero quiero que te pongas tú en primer lugar y reflexiones sobre tu propia forma de ser. ¿Cuál es tu nivel de autoconfianza? Muchas veces, la desconfianza hacia la otra persona tiene su origen en la falta de confianza en nosotros mismos.

Una relación de matrimonio no es un hecho instantáneo, sino un devenir, o expresado de otro modo: el matrimonio no es sólo su presente, sino aquello en lo que llegará a convertirse en el futuro. Y seremos los protagonistas de ese proceso, de ese devenir.

Cuando construimos la relación, si en ese proceso alimentamos la inseguridad, el miedo, las dudas… emociones como la ansiedad, la tristeza, la rabia o la culpa… debilitaremos la confianza en el matrimonio.

Pero insisto, el devenir de nuestra relación dependerá en gran medida de nosotros.

Si deseamos potenciarla la confianza en el matrimonio, conviene que reflexionemos sobre las primeras vivencias relacionadas con la confianza. Nos daremos cuenta que esta emoción tiene su origen en los primeros vínculos que establecemos con las figuras de apego.

Las figuras de apego son las personas que permiten obtener sensaciones de valía y seguridad a la hora de aprender y explorar el mundo. La calidad de este vínculo primario está estrechamente ligado a la seguridad y a la confianza que toda persona requiere para establecer en la etapa adulta relaciones de intimidad.

Si los vínculos afectivos mantienen una base más o menos segura, la persona logra acercarse a otras con confianza. Esto no significa que no entienda que puedan ocurrir hechos inesperados e incluso sufrir decepcionen u ofensas. La confianza no implica que no haya incertidumbre, sino que se tiene tolerancia a esa incertidumbre.

La baja tolerancia a la incertidumbre está muy bien explicada en «La incertidumbre»

Aquí aparece una de las claves de la confianza: la posibilidad de confiar y tolerar la incertidumbre, permite la intimidad, es decir, lograr cercanía e interactuar sin miedos y bloqueos hacia otras personas por temor a recibir un daño o una decepción.

Las personas que han construido un apego seguro tienen mayor tolerancia a la incertidumbre, a las dificultades de la vida y a las emociones menos agradables, y son más capaces de confiar, tanto en ellas mismas como en los demás.

Los sentimientos de confianza se pueden convertir fácilmente en desconfianza. Tristemente no suele suceder a la inversa.

Cuando una persona confía en otra, puede tener momentos de dudas pero no tiene porqué dejar de confiar en ella. Sin embargo, cuando la duda se prolonga, la incertidumbre aumenta, la desconfía en la otra persona aparece y se asienta. Este estado no es fácil de revertir.

Al igual que se aprende a confiar se aprende a desconfiar. La desconfianza puede convertirse en una tendencia de nuestra personalidad, por eso no conviene alimentarla sino comprender por qué se está produciendo.

También en la relación de matrimonio la desconfianza puede convertirse en una tendencia, incluso, si aparece, se instala y no se resuelve a tiempo, puede provocar un deterioro en el vínculo afectivo, llegando incluso a romperlo.

La desconfianza interactúa con la comunicación con tu cónyuge, y lo hace en las dos direcciones: no sólo provoca la dificultad de comunicación, sino que genera lejanía, distanciamiento, dificultades para expresar los sentimientos, opiniones o preocupaciones, que alimentan esa falta de comunicación.

Un bucle del que no es fácil salir y que genera conductas de vigilancia, incluso mentiras o infidelidad.

Vemos algunos motivos que te puede hacer perder la confianza en tu cónyuge
– No comprender a tu cónyuge – Ante esta situación la inseguridad aparece y seguidamente se pierde la confianza.
– Decir lo que se piensa de forma inadecuada, dañina y ofensiva.
– Las mentiras y los engaños – Si se detecta o se intuye que el cónyuge está mintiendo y no se resuelve de modo asertivo esta duda, dará como fruto una proceso que profundiza en la pérdida de confianza.
– Infidelidades – Ese comportamiento en el que no se respetan de manera consciente los valores, normas y compromisos que el matrimonio ha decidido otorgarse.
– Promesas no cumplidas o decepciones – Hacer promesas con cierta “frivolidad”, y luego no cumplirlas, podemos generar desconfianza, hasta el extremo de que no se crea nada de lo que prometemos.
– Percibir a tu cónyuge poco consecuente con sus actos o “irresponsable”.

También hay motivos para la desconfianza que dependen sobre todo de nuestra parte:
– Expectativas sobre la relación de cónyuge y el amor.
– Inseguridad, miedo a la intimidad y al compromiso.
– Experiencias previas de cónyuge anteriores.
– Dependencia emocional.
– Miedo al abandono.
– Baja tolerancia a la incertidumbre.

Como decía antes, podemos potenciar, reforzar o recuperar la confianza de nuestro matrimonio, pero depende de tus acciones primero, y esto es un ejemplo de lo que puedes hacer:
– Conócete bien, aprende a confiar en ti mismo o en ti misma, analizando cuáles son tus fortalezas y debilidades e intentando mejorarlas.
– Comprende tus emociones, interpretándolos correctamente y expresándolos, pero cuida la forma de hacerlo.
– Observa, valora y refuerza las cualidades que te gustan de tu cónyuge. Expresa con sinceridad, con asertividad, aquellos actos que hace que sientas incomodidad, malestar o inseguridad.
– Sé consecuente y responsable de tus actos, y promete solo aquello vayas a poder cumplir.
– Asume los errores, admítelos, pide perdón y aprende a perdonar. Hay que tener en cuenta que la confianza también se construye superando momentos de decepción o de duda.
– Expresa tus opiniones y emociones para llegar a acuerdos sin generar tensión, empatizando con las emociones y necesidades de tu cónyuge.
– Busca momentos al día de intimidad para compartir alegría, sentido del humor y expresiones de afecto y también de deseo.
– En la toma de decisiones con tu cónyuge busca el momento adecuado, sin procrastinar, pero tampoco de forma precipitada. Ten en cuenta y respeta la opinión de tu cónyuge aunque estés en claro desacuerdo.
– Comparte con naturalidad: las alegrías, las preocupaciones, lo éxitos, los fracasos… tienes un proyecto común con tu cónyuge. Funciona en equipo, tu cónyuge es la persona aliada no tu competencia.
– Ten espacio para ti, para tu autocuidado. Tú eres fundamental.
https://www.youtube.com/watch?v=a1iDbkuxFsQ

¿Confías de verdad en tu cónyuge?

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que la confianza es uno de los pilares en dónde se fundamenta la fe del creyente.

Dios nos pide que confiemos en Él de todo corazón, pero enseguida nos viene a la mente la pregunta ¿Cómo puedo fiarme de Dios? Veamos en Proverbios 3: 5-8
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Consiste en que debemos confiar en él en todo momento o circunstancia de la vida, en estas situaciones lo importante y primordial es mantener una oración constate con Dios. El que aprende a confiar en Jehová de todo su corazón no se desespera en querer realizar las cosas, más bien espera el tiempo de Dios.
No debemos de poner todas las cargas o peso sobre algo o en alguien, ya que no toda la vida estarán presentes.
6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.
En ocasiones llegamos a pensar que a Dios no hay que molestarlo, ya que tiene otros asuntos que resolver, pero en su palabra nos indica que en todos nuestros caminos Él desea estar presente.
7 No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal;
Es aprender y saber nuestra limitación, es reconocer que nosotros no sabemos muchas cosas, es darnos cuenta que somos seres finitos y Dios eterno.
8 Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.
Es aprender a confiar en Jehová, encargarle a él todas las cosas. Esta es la medicina a tu cuerpo porque nos libramos de muchas preocupaciones. Jesús dijo: Venid a mí todos los que estáis cansados y trabajados yo os haré descansar.

Pero hay mucho más de donde podemos aprender a confiar en Dios:

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