¿Y tú qué… trabajas o estudias?

A primera vista y para los que somos un poco mayores, esta pregunta nos recuerda a otras similares: ¿Vienes mucho por aquí?, ¿conoces un garito por la zona?, ¿A que adivino tu nombre?, ¿Tienes novio?, Tu cara me suena, ¿nos conocemos?, Mi amigo te quiere conocer, ¿Te hago un truco de magia?, ¿Tienes fuego?. Eran preguntas o coletillas que usábamos los veinteañeros para romper el hielo.

Pero vosotros como jóvenes de una nueva generación, usaréis otros recursos para esa finalidad, lo cual haría que meterme en tácticas de encuentros, sería como meter la pata hasta el fondo. ¿verdad?.

Por eso hoy esta pregunta la vamos a ver en otro contexto diferente, porque aunque se siga considerando el trabajo como algo sacrificado, para ganarnos el pan; y los estudios como algo cómodo en el presente y un privilegio en el camino para ascender socialmente en el futuro (¿para vivir mejor?). Evidentemente las diferencias son grandes, pero al mismo tiempo, si escarbamos un poco, puede que tengan más en común de lo que vemos. Y no me refiero únicamente a que la mayoría de estudiantes seréis mañana trabajadores.

Es en la época de estudios y a través de colegios, institutos y universidades, que ayudan a suministrar en nosotros las capacidades técnicas y sociales que necesita la empresa. Las relaciones de autoridad y control en la escuela se corresponden directamente con las que dominan en el ámbito laboral. Las recompensas y castigos son también una réplica de los del mundo del trabajo. El objetivo es aprende lo que todos los trabajos tienen en común: obedecer a un jefe sin dudar, un horario que cumplir sacrificando nuestro tiempo, un trabajo que realizar con esfuerzo y sobre el que no decidimos, unos compañeros con los que quieren que compitamos en lugar de cooperar, como en el mercado laboral…. Y el hacerlo desde temprana edad es porque somos mucho más moldeables y lo que aprendemos (conocimientos, verdades o mentiras, hábitos y conductas) se nos queda grabado y nos parece «lo normal”.

Está claro que al estudiar, la disciplina es menos rígida, hay más socialización, hay posibilidades de aspirar a otros puestos de trabajo, y podremos estar sentados o haciendo tareas más entretenidas que servir copas o repartir pizzas con una moto jugándonos la salud…, pero ese privilegio en todos sus niveles tiene como principal función generar mano de obra útil al mercado, incluyendo en la educación las competencias que necesitan que tengamos, y por otro lado eliminando las capacidades y conocimientos que no les interesa que aprendamos, todos las que nos hacen autónomos materialmente, intelectual y artísticamente.

Para intentar que seamos los trabajadores perfectos: sabremos hacer de todo, siempre obedeceremos, meteremos horas extra sin que nadie nos la pida, y no habrá quejas si no las cobramos y quizá, un día, incluso nos chivemos al jefe de que los compañeros preparan una huelga, o nos pelearemos con quienes intentan llevarse algo sin pagar del supermercado en el que trabajemos… ¡cuántos compañeros vemos reflejados en estas líneas!

Tal como está el panorama, la mayoría no podemos estar eternamente estudiando, necesitamos currar para vivir. Nuestros padres, con mayor o menor esfuerzo, pueden mantenernos unos años más . O no. Podemos intentar currar para financiarnos los estudios pero, como decíamos, cada vez es más difícil estudiar y trabajar a la vez.

Por otra parte, desde arriba entienden la educación como formación de mano de obra, como una inversión en la que el beneficio será para las empresas para las que curremos después. Y es ahí en donde aparece las normativas que regulan el tiempo y plazos en que debemos terminar el camino educativo.

En vez de adaptarse a los diferentes ritmos y circunstancias de vida de las personas, más bien lo que indica es que hay prisa para que adquiramos los conocimientos básicos, en una u otra área, para ponernos a trabajar lo antes posible. O para quitarse de en medio a aquellos con los que esa inversión en formación no parece que vaya a ser rentable: es más cómodo decir “tú no vales” y más rentable excluir de la educación a los “rezagados” que invertir recursos en hacer de la educación algo adaptado a las distintas necesidades e inquietudes. Porque total, para currar de camarero o teleoperador vale cualquiera, y para eso no hace falta malgastar tiempo y recursos.

Si antes el estudiar o trabajar se podía camuflar más fácilmente como una elección personal, hace ya años que se acabó eso de poder ponerte a currar a los 16 en la construcción o en un taller y tener un coche nuevo al poco tiempo, mientras los pringaos que seguían estudiando dependían de la paga de sus papis.

Hay algo bastante curioso, y es que los estudiantes no tienen una jornada “laboral” definida. Tienen un horario para las clases, pero eso no cubre el total del tiempo que tienen que dedicar a los estudios. Deberes para casa primero, trabajos y prácticas cuando son más mayores (¿acaso no es lo mismo?), estudiar para exámenes siempre, siempre…

Y otras cosas similares que podemos ver entre estudio y trabajo como son: la asistencia obligatoria a clase, levantar la mano en clase cuando leen tu nombre o firmar la hoja de asistencia en clase es muy similar a fichar en el trabajo, y es lo que muchas veces se busca que aprendamos con ese simple gesto inconsciente: a cumplir con el horario impuesto o a asumir consecuencias en caso de no cumplirlo. La disciplina será menos rígida según el profe, y lo que puedes perder es como mucho una asignatura (y no el sueldo con el que vives), pero la idea es que vayas cogiendo la dinámica, que te vayas acostumbrando. Firmar la hoja de asistencia en clase es muy similar a fichar en el trabajo, y es lo que muchas veces se busca que aprendamos con ese simple gesto inconsciente: a cumplir con un horario impuesto.

Y por supuesto cada vez más, sobre todo en la universidad, la necesidad de estar siempre atento, siempre conectado, a ver qué apuntes nuevos han subido a la plataforma o lo han enviado por correo electrónico. Esto al menos no era tan así antes de que existiera el jodido campus virtual y sus “entregas antes de las 23:59”. Como quien tiene que estar 24 horas, 7 días a la semana pendiente de su móvil de empresa o como aquel al que su jefe le sugiere amistosamente que se lleve el trabajo que no ha terminado a casa o se quede unas horitas más que ya veremos luego si se pagan.

Estas cosas, que se dan por obvias en primaria y secundaria son más explicitas en la universidad. Los créditos ECT de las carreras indican un determinado volumen de trabajo, del que las horas de asistencia a clase son solo una pequeña parte (obligatoria, sin embargo). No quiero decir que todo tengan que ser clases magistrales (¡socorro!) y se lo den mascado.

En todo aprendizaje hay mucho de esfuerzo personal y de práctica, también de debate y actividad colectiva. Y hasta se puede disfrutar haciendo algún trabajo cuando se deja margen para desarrollar las inquietudes a través de ellos.

Este es en resumen el sistema que nos ha tocado vivir donde la diferencia entre estudiar o trabajar es tan fina como la definición de si cobras un suelo o no lo cobras. Sería muy interesante un intercambio de opiniones en este sentido.

¿Y tú qué… trabajas o estudias?

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, podemos ver que el estudio era y sigue siendo una parte importante en la instrucción de los jóvenes, para luego ejercer su trabajo, veamos un par de ejemplos:

Daniel y sus amigos: Daniel 1:4 “muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos”.

Moisés: Hechos 7:22 “ Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras”.

Pero la Palabra de Dios también indica cómo ellos fueron enseñados por Dios, para luego hacer el trabajo que Dios tenía para ellos, y de ahí aprendemos que es necesario y es un mandato de Dios, que seamos instruidos en Su Palabra desde la niñez.

2 Timoteo 3:14-17 “Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (apto), equipado para toda buena obra.”

Y ahí estás tú en este día como ese joven que por un lado está siendo instruido en la sabiduría y conocimiento de este sistema educativo y por otro lado también estás llamado a formarte a través de la Palabra de Dios, porque es lo que te hará ser salvo, lo que traerá paz y perdón a tu vida y te hará perfecto para toda buena obra.

Ahora te invito a conocer más lo que la enseñanza de la Palabra de Dios puede hacer en tu vida ahora y por toda la eternidad.

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