“Algún día…”
Cuando comenzamos con estas palabras, es porque nos desplazamos en el tiempo futuro hacia un día determinado.
Puede que seas de esas personas que no pienses en ese “Algún día…”, porque vives el presente sin preocuparte por el futuro y tu vida sea lo más parecido a esto:
– Aceptando todo lo que llega a tu vida.
– Reflexionando antes de actuar
– Renunciando a controlar todo lo que está a tu alrededor.
– Saboreando cada instante del día.
– No teniendo ideas preconcebidas.
– Aprovechando el momento
Pero volviendo a “Algún día…”
Quizá algunos ya tengan señalado ese día en el calendario, mientras que para otros, ese día es una incógnita todavía.
Para unos será un día de suma alegría, y por ese motivo depositan su esperanza, su ilusión, su deseo y su convicción, de que lo que está por venir será mejor que la experiencia del día presente.
Para otros puede ser ese día que temen su llegada, y porque al ser consciente que ese momento les producirá una situación de un inmenso dolor, temor, angustia, tristeza o ridiculez, es por lo que depositan su esperanza, su ilusión y su deseo en huir.
Pero sea cual sea ese día, deseado o temido, lo que si es cierto, es que si no hay nada que lo impida, ese día llegará.
¿En tu caso, que día será ese?, y si ya lo tienes en mente, ¿Será un día deseado o temido?
Pero no quiero que nos quedemos en ese “Algún día…” en concreto, quiero llevarte a otro día, un día que de seguro llegará, un día que nadie sabe cuándo acontecerá, un día que no está señalado en ningún calendario y un día que de seguro nos pillará a todos desprevenidos.
Ese día que para algunos será de suma alegría, mientras que para otros será muy temido.
Ese día, es el día, cuando regrese de los cielos el Señor Jesucristo. Aquel niño que nación en Belén, que estuvo entre nosotros por 30 años, que fue muerto en una cruz, que después de tres días muerto en el sepulcro resucitó, que después de 40 días de resucitado subió a los cielos, y el mismo anunció que un día regresaría.
Yo creo firmemente en ese anuncio y para mí será un día de suma alegría, porque estaré con Aquel que me Amó y salvó, y estaré con la que fue mi esposa y con seres queridos que precedieron a ese encuentro con el Señor.
Y dime ¿para ti como será ese día? Quizá me digas, que eso no es para ti, pero los planes de Dios no se detienen por lo que nosotros creamos, y seguirán su curso, y ese día llegará.
Ahora te invito a conocer algo más de este día ya creado y señalado por Dios.
