“En el amor y en el desamor”

Recordáis como matrimonio aquellas promesas que os dijisteis en vuestra boda, ¿La estáis cumpliendo?, estaba pensando que quizá deberíamos incluir otra en el día de hoy: “en el amor y en el desamor”, porque – no nos engañemos más -, no estamos las 24 horas del día y todos los días de nuestro matrimonio, manifestando nuestro amor por la otra persona en un grado del 100%.

Hay días y periodos más o menos largos en donde el amor no está, parece que se murió, y solo hay desamor, pero si tenemos presente ese pacto de “en el amor y en el desamor”, nos pensaríamos lo que ahora tenemos inculcado en nuestras mentes y en nuestros corazones, que cuando el desamor aparece o dicho de otra forma, el amor está muerto, entonces debe terminar la relación de matrimonio.

Nosotros en nuestro matrimonio (y después comprobamos que no éramos los únicos), hemos experimentado esos momentos de desamor, por diversas cuestiones, donde la tentación de acabar con nuestro matrimonio apareció en varias ocasiones. Nuestro matrimonio llegó a su final porque apareció la muerte, pero para ambos fue un gran trabajo mantenerlo vivo hasta ese día.

Hemos conocido matrimonios que esta tentación apareció en ellos al día siguiente de su boda, a los tres años de casados, a los quince años de casados y en algún caso apareció después de cuarenta años de casados. No importa cuando aparece, y por el motivo que sea, porque de seguro aparecerá también en tu matrimonio (si no lo ha hecho ya), lo importante es saber cómo gestionar con sabiduría y valentía los diferentes parámetros para dar una respuesta que os llevará a una nueva situación donde seguiréis juntos o por separado.

El desamor aparecerá con toda seguridad y entonces te presentará miles de excusas que tendrán parte de fundamento como: “esto no funciona”, “la relación no me aporta nada”, “está muerta”, “no se puede revivir”, “prolongar esto es sufrir”, “el amor acabó y debe acabar la relación”, “no puedo esperar un milagro”, “quiero volver a mi vida anterior”, “siento que no le amo”, “siento que no es mi lugar”…

A veces ocurre que la relación del matrimonio está tan marchitada y rota, que ambas partes son conscientes que esa relación no funciona. Pero normalmente, las relaciones suelen acabar cuando una de las partes que la conforman, por el motivo o excusa que sea, ha tomado la decisión de no prolongar más su matrimonio. Es cuando logramos afirmar eso de “Quiero romper con mi pareja, pero no puedo, no soy capaz”.

Cada pareja es un mundo, e infinitas las causas que las unen o las separan. Aquí te dejo algunas personas que resumen en unas pocas frases lo que fue su vida junto a otra: la infidelidad, el hastío y el paso del tiempo son los motivos más recurrentes.

– «Porque con 22 años pensaba que podía cambiarte y con 40 me di cuenta de que la que había cambiado era yo» Luisa, empresaria, 47.

– «Se nos acabó la pasión. Y no soportaba más que se dejara abierto el bote del champú» Pedro, administrativo, 42.

– «Supe que ya no quedaba nada más que intentar para salvar nuestra pareja» Edurne, puericultora, 34.

– «Me dijo que prefería tomarse un tiempo y la verdad es que, aunque yo no quería, me vino de maravilla: conocí a otra persona y estoy mucho mejor. Él quiso volver, ¡mala suerte!» Natalia, 40 años, economista.

– «Era totalmente dependiente de su madre, me daba la impresión de que me había casado con ella y con toda su familia. Llegó un punto en que me agobié muchísimo y pedí el divorcio» Bernat, empresario, 45.

– «Cuando te casas joven, con 25 años, la personalidad todavía está sin hacer. Es curioso cómo puedes vivir con alguien y evolucionar en sentidos opuestos. Al cabo de 20 años no teníamos nada que ver el uno con el otro» Asun, enfermera, 47.

– «Me separé porque me puso los cuernos. Estaba embarazada de seis meses pero le dije ‘o la otra o yo’, y decidió irse con ella. ¡No me arrepiento!» Carolina, diseñadora, 44.

– «Era un maltratador. Al principio el miedo te paraliza y no reaccionas. Pero cuando decides separarte no hay marcha atrás» Elisenda, ama de casa, 46.

– «No sabes con quién te has casado hasta que tienes un problema. Después de 10 años de matrimonio tuve un bajón emocional. Ella pidió el divorcio» Raúl, artes gráficas, 42.

– «El matrimonio me convirtió en algo que no era. En un momento dado comencé a preguntarme: ‘¿Qué estoy haciendo con mi vida?’ Hasta ahí llegó» José Manuel, autónomo, 47.

– «Yo daba el 90%, él solo el 10%. Quería intentar que lo nuestro funcionara, pero fui consciente de que si seguía probando así al final no quedaría nada de mí, ni para mí ni para mis hijos» Patricia, empresaria, 44.

– «No descubrí su mal carácter hasta que nos casamos. Es curioso, porque vivimos juntos antes. No sé qué cambió con la boda, ¡pero fue así!» Albert, arquitecto, 41.

– «Cuando te casas joven piensas que, si lo intentas con todas tus fuerzas, funcionará. ¡Ja! Al final acabas hecha polvo y divorciada. Pero no me arrepiento, era mi camino» Laia, peluquera, 44.

– «Te casas para lo bueno y para lo malo, ¡pensando que habrá algo bueno! En mi caso al cabo de un par de años ya no lo había» Santi, pintor, 44.

– «Nos conocimos por internet, fue todo muy rápido. Me divorcié porque después de casarnos descubrí sus problemas con las drogas» Gloria, administrativa, 39.

Gestionar el desamor no es fácil, podemos perder el control y caer en aprender prácticas de semejantes propósitos donde la intención es rematar el matrimonio, prácticas como te enseño aquí, y que si llega el momento seas consciente si tu pareja está viviendo esta tentación:

1 – Aísle a su pareja, hágale creer que eres el centro del mundo, córtele toda comunicación con el exterior, con su familia de origen.

2 – Castigue a su pareja por el pasado, recuérdele que antes de usted no existía ni mundo, ni amigos, ni cosa alguna importante. Rompa fotos y cuanto suvenir tenga de recuerdo.

3 – Infantilice la relación. Convierta a su pareja en un niño que dependa de usted.

4 – Cargue con usted la maleta de su historia y de sus traumas de familia y de infancia y ábrala en la casa. Obligue a su pareja a vivir con ellos, sométala en nombre del amor a que viva sus desvelos, sus agitadas noches y se aguante a sus familiares entrometidos.

5 – Córtele las alas. Quítele la energía a su pareja, ponga la cara de las mejores intenciones y dígale que ese proyecto no es bueno: “Yo sé por qué te lo digo”. Vuelva sumisa a su pareja. Dele una buena dosis de inseguridad, fortalezca las creencias limitantes que le aseguren que no podrá cumplir con sus sueños.

6 – Agote a su pareja con la rutina. Declare la casa zona de cansancio y deje que el tedio, como un hongo, penetre en lo más profundo de sus anhelos: conserve las mismas paredes, el mismo sofá, la enajenante telenovela de cada noche, las quejas sin parar y hasta la misma comida.

7 – Provoque, finalmente, que su pareja renuncie a sí misma, que pierda el foco y recuerde que lo importante era estar siempre juntos, a cualquier precio. Es importante que pierda el verdadero objetivo del matrimonio, que era ser feliz.

8 – Cárguela de problemas, haga que su pareja lo releve económicamente de su compromisos, asegúrese de que no le quede dinero, ni una gota, y si tiene una herencia, muévase rápido, haga inversiones hasta exprimirla al máximo.

9 – Dé comienzo a una retirada de la sexualidad. Abúrrase rápido y no varíe en sus encuentros íntimos, repita todo como autómata y luego saque excusas.

Semejantes despropósitos harán, sin duda, que su matrimonio fracase, pero no garantizarán que usted, necesariamente, se divorcie, lo cual puede ser peor: años y años de oportunidades perdidas, de historias desperdiciadas en un amor que finalmente nunca lo fue. Por eso es mejor que despierte pronto y los tache todos de su lista de “buenas intenciones”.

Dar el paso y tomar la decisión de romper una relación de forma unilateral, nunca es fácil. Decirle a la persona que hemos amado, y posiblemente nos ame en ese momento, que quieres seguir con tu vida, y que en ella no hay cabida para ella. Realmente es un paso muy duro, y muy traumático para ambas partes.

Uno nunca inicia una relación pensando en la posible pérdida futura de la misma, y ello es un proceso difícil de gestionar. Existen unas causas que explicarían lo difícil que es tomar la decisión y dar el primer paso, para finalizar nuestra relación sentimental. Entre las principales causas, no encontramos con:

Creer que puede haber una mejora. A veces un quiero romper con mi pareja, significa que ojalá todo cambie y la relación vuelva a ser como era. Pero simplemente es una fantasía. Cuando el amor perece, por mucho que se quiere reconducir los sentimientos, eso es imposible. Y sólo acabamos por prolongar una relación que nos daña, y nos hace infelices.

Evitar el sufrimiento. Cuando damos un paso que tiene que ver con sentimientos, sabemos que alguien saldrá dañados. Podemos ser nosotros mismos, la otra persona, o ambas partes. Todo ese sufrimiento es difícil de gestionar y afrontar siempre. Ese miedo a afrontar ese dolor, a menudo nos impide tomar las decisiones que tenemos que tomar. Realmente se convierte en una auténtica odisea. Todo lo que sea, abandonar nuestra zona de confort, nos deja emocionalmente expuestos, y eso nos aterra. Por ese motivo, nos da pavor abandonar una relación, aunque ésta esté sentimentalmente muerta.

Miedo a la soledad. Existe un miedo muy habitual en toda persona, y éste es el miedo a estar solo. No tener a nadie para compartir nuestro día a día puede volverse totalmente aterrador. Como miedo que es, nos paraliza y nos hace vulnerables. Hay personas que prefieren mantener una relación, aunque ésta les dañe, que estar solos.

No dañar a la otra persona. Si bien es cierto que evitamos toda situación que nos pueda dañar, también procuramos no hacer daño a quien queremos. Aunque queramos romper una relación, la otra persona lo ha significado todo para nosotros, y siempre la vamos a querer, sea del modo que sea, y nuestra voluntad no es dañarla. Ese miedo a hacerle daño, puede llegar a ser una buena excusa para no finalizar una relación que ya no nos aporta nada.

Por dependencia emocional. Cuando ha existido un apego tan fuerte como para dejar nuestro bienestar y voluntad en las manos de la otra persona, prescindir de ella y de sus cuidados, puede ser realmente perturbador y dañino para la persona dependiente. Aunque la relación sea totalmente tóxica, la persona dependiente necesita de las atenciones de su pareja, aunque para ello haga todo lo que haga falta por tener la atención que tanto anhela. Por ese motivo, es necesario en estos casos, la ayuda supervisada de un profesional.

Si ha llegado el momento en que has decidido que debes finalizar tu relación sentimental, es necesario que lo afrontes de modo directo, y si tienes dudas de cómo hacerlo, te dejo algunos pasos a seguir:

1 – Antes de dar el paso, debes examinar despacio tus emociones para no precipitarte, no seas víctima de un impulso momentáneo, porque podrías cometer un error. Estas emociones de odio e ira pueden significar que realmente sientes algo por tu pareja, así que relájate piensa en todos los pros y contras y si finalmente quieres acabar el matrimonio, sigue adelante.

2 – Antes de dar por finalizado un matrimonio debes pensar en todos los pasos que has dado anteriormente para hacer las cosas bien. Hacer balance de tu relación te hará ver qué esfuerzo has puesto en él, y recuerda todos tus argumentos porque puede que tu pareja quiera saber por qué quieres finalizar el matrimonio.

3 – Antes de hablar con tu pareja piensa si te imaginas la vida sin él, si realmente consideras que estarías mejor sola. Hazte bien a la idea, puede que quieras estar sola sólo por momentos, por recuperar tu individualidad e independencia pero no implica que debas acabar tu matrimonio. Quizá valdría la pena en este caso, daros un descanso y después tomar la decisión final.

4 – Romper una relación sea cuál sea el motivo, no es fácil. Hay que saber escoger las palabras apropiadas porque supondrá decir adiós a una persona que has amado y con la que has pasado muchos años de tu vida. Es alguien que te importa, que ha marcado tu existencia e incluso puede que tengas hijos, así que cuando hables para decirle que quieres poner fin al matrimonio hazlo con cariño y consideración. Debes saber ponerte en su lugar, en cómo va a aceptar lo que le digas y pensando sobre todo en herir lo menos posible sus sentimientos.

5 – Para dar esa mala noticia busca un sitio tranquilo y siempre a solas. Es importante poder hablar y dejar intimidad para una reacción imprevista. Por otro lado, nunca debes hacer uso de terceras personas o otras opciones (carta, whatsapp, teléfono, redes sociales) para decir que quieres dar por finalizado tu matrimonio. Tu pareja es la primera persona que debe saberlo. Afronta el momento con valentía, sensibilidad y total sinceridad.

6 – Una vez estéis en el lugar apropiado y cómodo para hablar con tranquilidad empieza a hablar y cuéntale lo que sientes. No emplees gestos bruscos, no hagas reproches ni levantes la voz, no es ahora el momento para acabar con tu matrimonio y herir su sensibilidad al máximo. No caigas en los tópicos y evita caer en las trampas que te pondrá como víctima de forma natural. Di lo que tengas que decir, deja que lo asimile y en otra ocasión puedes entrar en detalles si los necesita. Y ante todo, cuando le digas que quieres terminar el matrimonio aunque debes de ser cordial, vigila mucho tu lenguaje corporal. No te pases de cariñosa porque podría malinterpretar las señales.

“En el amor y en el desamor”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos a un Dios que entiende la situación por la que estemos pasando como matrimonio, entiende que la libertad y el libre albedrío de cada cónyuge tiene que ser respetado en todo momento, pero también entiende y conoce cuales son las intenciones ocultas que hay en nuestros corazones y en nuestras mentes para querer tomar las decisiones que estamos meditando en relación con nuestro matrimonio.

En la Palabra de Dios podemos encontrar argumentos que nos validen en la dirección que deseemos andar, y esto es así, porque tenemos la capacidad de intentar amoldar la Palabra de Dios a nuestras voluntad e intenciones.

Pero es la misma Palabra de Dios que nos examina a cada uno, la que se introduce en nuestros pensamientos, en nuestras intenciones y saca a la luz lo que realmente hay en nosotros para que seamos conscientes que a Dios no podemos engañarle en ningún momento.

Dios es un Dios de amor a pesar de lo que Él ve y conoce de nosotros, y nos lo ha demostrado de la forma más completa y directa, como vemos en este versículo que nos puede servir de botón de muestra de lo que Dios nos da a conocer en toda Su Palabra:

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Nosotros en respuesta a ese Amor de Dios, lo que le demostramos es un desamor constante y continuo, porque con nuestros pensamientos, con nuestros deseos y con nuestras acciones y actitudes, pisoteamos ese Amor de Dios, lo despreciamos, lo tenemos en poco y en nada.

Job 21:14 “Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de tus caminos”.

Por eso cuando pienses que el amor se acabó y aparece el desamor, te invito a pasar por aquí

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