«Aprendiendo del Maestro»
Estamos en un sistema establecido en donde las personas somos como recipientes que hay que llenar de conocimientos, cuantos más mejor, y calificarlos con un número, haciéndoles ver que esto es lo único que importa.
En todas las áreas y a lo largo de nuestra vida, nos vemos llevados a realizar ranking de excelencia educativa, como si fuera un concurso, pero los contenidos que aprendemos son conceptos aislados, tan alejados de la vida real que hay que repetirlos, año tras año, porque los olvidamos o porque no llegan a ser parte de nosotros.
Dónde más se aprecia esto es durante la etapa escolar que va desde la primaria hasta la salida de la universidad, porque luego en el mundo laboral va cogiendo más importancia las competencias más básicas, esas que no se han dado en el periodo anterior.
Desde Primaria, aprenden, lo que es un adjetivo y un verbo, pero no a hablar en público o escribir un e-mail correctamente. Les enseñamos a averiguar el radio de una circunferencia, pero no saben comparar precios cuando van a comprar. Y luego nos sorprende mucho que estén desmotivados y no quieran ir al colegio, el instituto, la universidad… Invertimos más tiempo en hacer exámenes que en escuchar y observar a los alumnos para conocer sus intereses y capacidades. ¿Cómo vamos a motivarles?
Entonces no nos extrañemos cuando un día escuchemos “mamá no quiero ir al cole, al instituto, o a la universidad, me duele la tripa, la cabeza, tengo ganas de vomitar…” Son las 8 de la mañana y ya es el tercer día que mi hijo se despierta así. En unos días se volverá a enfrentar de nuevo a otro examen de las decenas que tiene este año. Mi hijo vive en una presión constante.
Estamos en el sistema en dónde a partir de los 6 años, estamos siendo sometidos a exámenes continuamente, como si un profesor tuviera que examinar a un alumno para saber si realmente ha asimilado un concepto es ridícula. ¿Dónde quedó el significado de evaluación continua? Muchos creen que consiste en hacer muchos exámenes, cada semana uno, y hacer la media entre todos, con lo que los profesores dedican la mayor parte de su tiempo a preparar y corregir exámenes como locos. Pero no es eso…
Un niño o un adolescente, puede ser inteligente y rápido en su aprendizaje, con mucho potencial y ganas de trabajar. Pero la cuestión es cuando carece de la experiencia y la madurez emocional necesaria para enfrentarse continuamente a exámenes reales y a simulacros de exámenes, soportando un estrés constante al que son sometidos, cuando en el fondo el propósito es determinar la calidad de educación que están recibiendo y no otro objetivo pensado en ellos.
Por todo esto, examinar se presenta como el mecanismo generalizado y estándar para calificar al alumnado, así como para determinar que se han alcanzado los objetivos propuestos.
Por tanto, el examen es el fin cuando, en vez de eso, debería utilizarse como ese instrumento o herramienta de retroalimentación que contribuya a la orientación, mejora y enriquecimiento continuos del aprendizaje, sirviendo de impulso a aprender y enseñar mejor.
Quizás se trate sólo de un pequeño matiz semántico pero, en la práctica, hay una notable diferencia. Veámoslo de esta forma:
Realizar un examen supone calificar el nivel de aprendizaje del alumnado, por lo general, mediante una nota numérica. Confirma saberes o ignorancias, pero del mismo poco aprenden tanto docentes como alumnos.
Evaluar implica analizar, calibrar, valorar, estimar los conocimientos adquiridos por el alumnado, así como su rendimiento, actitudes y aptitudes.
En la evaluación coexisten tres aspectos evaluativos:
– Evaluación del aprendizaje
– Evaluación del proceso
– Evaluación de la materia
Evaluar implica:
– Valorar habilidades intelectuales relacionadas con la comprensión, la aplicación y el razonamiento (comparación, relación de ideas, argumentación, contrastación, etc.).
– Valorar habilidades complejas de resolución de problemas nuevos y la creación y producción de conocimiento
– Valorar las habilidades sociales relacionadas con el trabajo en equipo, la colaboración, la empatía y las actitudes de respeto, de escucha activa, de tolerancia, compromiso y responsabilidad de grupo
Evaluar al alumnado conlleva también que los docentes se avalúen a sí mismos. La evaluación pone de manifiesto no sólo en lo que falla el alumnado, sino también qué falla en la metodología docente utilizada.
Por todo ello, evaluar versus examinar conlleva unas indudables ventajas:
– Fomenta el desarrollo de capacidades, teniendo en cuenta a la persona y al contexto
– Adquiere un carácter integrador, individualizado y personalizado
– Participan todos los integrantes del proceso, generando así aprendizajes tanto para docentes como para estudiantes
– Antepone el proceso al resultado
– Utiliza procedimientos como la autoevaluación y la coevaluación
– Constituye un proceso continuo en el tiempo que favorece la consolidación de los objetivos de aprendizaje planteados
– Mejora la calidad de la enseñanza al proponer criterios para la innovación y la mejora de la práctica docente
Cuando desde un colegio, instituto o universidad escuchemos que “se evalúa mucho”, no nos importe encender una luz de advertencia, porque quizá lo que suceda en realidad es que se examina mucho, pero se evalúa poco. Por tanto, evaluemos más y examinemos menos.
Cada uno tiene su punto de vista y este es el mío.
“Aprendiendo del Maestro”
Cuando vamos a la Palabra de Dios, el concepto de evaluar y examinar, está muy presente y es muy importante.
Dios se presenta como nuestro Maestro , y como tal se autoimpone dos prioridades:
Primera: Cómo Maestro su labor es enseñar. La educación consiste esencialmente en pasarle contenido al estudiante, y luego sonsacar su expresión. Esa expresión prueba el aprendizaje, fijándolo en las facultades del aprendiz. Esto se corresponde con el carácter probado de la Escritura (Rom. 5:1-5). Por lo tanto, el examinar es fundamental al proceso educativo.
Segunda: Cómo Maestro, es consciente del conocimiento y las habilidades actuales del estudiante con una asignatura y lo que queda por lograr. La expresión examinada revela brechas y límites en el aprendizaje. Las pruebas también informan al Maestro en cuanto a la efectividad de su método de enseñanza. La sólida evaluación le provee al maestro claves eficientes para determinar la siguiente lección que se necesita. Un niño, un adolescente, un adulto listo puede trabajar a rachas. Uno que esté batallando en un área dada puede necesitar trabajo de recuperación, etc.
Y luego está la parte nuestra, la del estudiante, dónde debemos conocer nuestro propio progreso. El saber que “he realizado bien algo” es estimulante. Jesús dijo, “Bien hecho, siervo bueno y fiel.” Si no estoy haciendo las cosas bien, necesito saber que aún me queda trabajo por hacer (Gén. 4:7).
Aquí hay una oportunidad para estimular la fe, la confianza en Dios para perseverar y hacer el mejor esfuerzo.
Pero, ven, a conocer más de cerca al Maestro de maestros, tiene mucho que decirnos.
