El matrimonio, no es…

De ti depende que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.

– Lo que no es matrimonio:

La naturaleza del Matrimonio nunca ha dependido del arbitrio de las personas, ni del azar, ni tampoco del querer cambiar los rasgos comunes y permanentes que siempre lo han caracterizado.

En los dos últimos siglos, ha ido paulatinamente creciendo el olvido de las personas en relación a su fin trascendente en la vida, se ha perdido la visión de Dios, como fin último de la existencia del hombre.

El hombre deja de creer que la salvación de la sociedad humana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar, según diseño de su Creador.

La ignorancia, ideologías erráticas y la debilidad del hombre, deforman la institución matrimonial, oscureciéndose paulatinamente sus fines, y tratando de convertir la unión conyugal en todo lo contrario de lo que es.

A pesar de la ignorancia y errores del hombre, no se entiende la crisis matrimonial y familiar de hoy día, y especialmente en países de Occidente, de tradición cristiana, si en principio no se acepta que el hombre, paulatinamente, se ha ido alejando de DIOS.

Como consecuencia de esta separación, el pecado, el mal se apodera de la persona. Su debilidad natural le impide ver y disfrutar del Bien. Carece de apoyo moral.

En este contexto, el amor conyugal, en cuanto a su realización en origen (explicado con más profundidad en La Unión Conyugal), cuesta esfuerzo y ayuda, y por tanto no hay lucha para mantener su fidelidad y perpetuidad.

El significado reciproco de donación no se vive materialmente, porque fatiga el vivirlo.

La donación remueve en terrenos del espíritu, y no de lo material o sensual, donde aparecen, en las relaciones entre ambos, factores diversos de tensión y distorsión.

El vivir en donación y comunión constante se debilita cuando falta la generosidad mutua, el aumento del egoísmo y la soberbia de valerse por si mismo unilateralmente. La falta de ver el Bien, por los graves errores de las personas, nubla el alma espiritual de cada cual.

Finalmente aparece, alimentado por nuestras tres concupiscencias, el temor, el agravio reciproco, el espíritu posesivo, las discordancias de gustos y pareceres, la soberbia y el mal entendido orgullo, deseos arbitrarios generalizados, las infidelidades, posibles agresiones……

No se podrá entender el Matrimonio en toda su extensión si no se contempla que dentro del Amor, también existe la entrega, el dolor y el sacrificio, que ayudan a fortalecer el fin trascendente al que estamos llamados.

Una vez perdido esta visión trascendente de lo que es el amor conyugal, estamos abocados a. terminar perdiendo su verdadera naturaleza.

En resumen podemos decir lo que no es el matrimonio:

1. El matrimonio no es para los débiles. Es un trabajo duro.

2. El matrimonio no se trata de obtener lo que tú quieres todo el tiempo. No es una dictadura. No es querer ganar todo el tiempo porque eso significaría que la otra persona perdería todo el tiempo. Y quizás eso esté bien para ti. Pero no es bueno para el matrimonio.

3. El matrimonio no es una ciencia compleja. Los principios en los que se basan son bastante simples. Amabilidad. Respeto. Lealtad. Ese tipo de cosas.

4. El matrimonio no pasa de moda. Permanece vital.

5. El matrimonio no es algo que se estimule por sí mismo. Dado que estás con la misma persona por un largo tiempo, los dos pueden caer en la rutina. Tienen que esforzarse mantener las cosas frescas.

6. El matrimonio no se trata de coleccionar cosas. Las alegrías del matrimonio no son tangibles. Eso es lo que los hace tan especiales.

7. El matrimonio no es para los impacientes. Las mejores cosas se toman su tiempo. Tienes que quedarte un buen rato para descubrir eso.

8. El matrimonio no es un lugar para la crítica o para abusar de la otra persona.

9. El matrimonio no es un taller mecánico abierto las 24 horas del día. Tu pareja no tiene la obligación de satisfacer cada una de tus necesidades. Tú deberás hacerte cargo de algunas de ellas.

10. El matrimonio no se mantiene por sí solo. No prospera por sí solo. Si sólo te concentras en los hijos, estás cometiendo un gran error.

11. El matrimonio no es aburrido.

12. El matrimonio no es nada sin la presencia de conflicto. Saber cómo estar en desacuerdo y lidiar con la ira y decepción es, probablemente, la clave para que muchas cosas funcionen.

– Por otro lado, lo que sí es matrimonio:

Es la unión de hombre y mujer concertada de por vida, mediante determinadas costumbres, ritos o según la ley, y que confiere a ambas personas interesadas en la unión determinados derechos y obligaciones.

Esto nos dice, más o menos, la mayoría de los diccionarios consultados. Examinemos lo que creemos que es el Matrimonio.

En todas las épocas y culturas se ha tenido conciencia de la grandeza del matrimonio, relacionándolo con las más hondas aspiraciones humanas, y con el verdadero amor entre dos personas de diferentes sexos: hombre y mujer, los cónyuges.

La unión conyugal procedente del amor de hombre y mujer, corresponde a la propia naturaleza humana, que ha sido siempre universal y permanente.

Esta intima comunidad de vida y amor, alianza matrimonial entre hombre y mujer, no es una creación humana. Desde la creación del hombre (las personas: hombre y mujer) por su Creador, ya se inscribe el matrimonio en la misma naturaleza de ambos. Podemos decir que era congénito en su naturaleza a través del amor. Y todo esto, a pesar de las diferentes formas externas que por diversidad de culturas, hábitos sociales o creencias espirituales, no han mermado la estructura interna de lo que es, y sigue siendo, el vínculo matrimonial de uno con una y para toda la vida.

Básicamente, la antropología en general, (y especialmente la cristiana), nos muestra el matrimonio como una pareja (hombre y mujer) creada a imagen y semejanza de alguien superior.

La cultura judeocristiana, nos lo muestra a semejanza del amor trinitario de su Creador (que los ha creado por Amor), con la dignidad de persona, y capaz de amar y ser amado.

Ambos son iguales en su dignidad de persona, y a la vez distintos en su condición sexuada.

En esta distinción es condición de la persona entera, que da lugar a dos modos diversos de esta condición: masculino y femenino, pero igualmente originarios.

En este ser iguales y distintos, en esta diversidad, donde cada cual por amor, se reconoce otro yo a quien es posible amar, es donde nace la complementariedad.

En virtud de esta complementariedad natural, aparece la atracción mutua hombre-mujer, a través del amor, la creación de un vínculo indivisible de ser “una sola carne”, que les exige una donación que produce una fidelidad exclusiva y perpetua, en aras de una posterior y posible fecundidad familiar.

El pacto matrimonial es imagen visible y natural, grabada en la naturaleza humana desde su origen, de la comunión de amor en la vida íntima de Dios, y reflejo del amor de Él por el hombre.

Es más, el amor conyugal tiene como ejemplo de donación mutua a perpetuidad, el de la caridad y donación que Dios tuvo por los hombres en la cruz.

En resumen podemos decir lo que sí es el matrimonio:

1. El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida del amor es amar sin medida. Quien no sabe morir, no sabe amar. No olvides: amar ya es recompensa en sí. Amar es buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Los hijos son la plenitud del amor matrimonial.

2. El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, sólo ama hoy. Los matrimonios son como los jarrones de museo: entre más años y heridas tengan, más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros. Soportar las heridas y la lima del tiempo, y mantenerse en una sola pieza es lo que más valor les da. El amor hace maravillas.

3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días. Correcto ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de alegría, correcto serlo en la hora de la tribulación. La coherencia que dura a lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Correcto es amar en la dificultad porque es cuando más lo necesitan.

4. Séneca afirmó: “Si quieres ser amado, ama”. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te has casado con un cuerpo, te has casado con una persona, que será feliz amando y siendo amada. No te casas para ser feliz. Te casas para hacer feliz a tu pareja.

5. El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimenta. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos. Que el amor sea tu uniforme. Amar es hacer que el amado exista para siempre. Amar es decir: “Tú, gracias a mí, no morirás”.

Bien ahora, que hemos visto un poco a vista de pájaro lo que es, y lo que no es, el matrimonio, te toca decidir sobre tu matrimonio, en qué línea quieres definirte.

El matrimonio, no es…

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que nos confronta con nuestra realidad y con nuestra forma de hacer en la intimidad y mostrar al exterior las cosas que hacemos.

Una historia interesante la encontramos en una mujer que había estado casada cinco veces, y en su encuentro con Jesús, le dijo “cinco maridos has tenido, pero el que tienes ahora no es tu marido”. Una vez más la Palabra de Dios, nos muestra que la apariencia de un matrimonio, no es “matrimonio”, delante de sus ojos.

Que te parece si me acompañas y vemos algo más de esta historia, porque en esta mujer y detrás de esta conversación se esconde una gran necesidad aún mayor que el convivir con un hombre, y el Señor que conoce todas las cosas, en ningún momento condena a esta mujer, porque Él no vino a condenar sino a salvar y por eso rápidamente atiende esa necesidad.

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