El propósito de la vida…

… no es Ud, es servir a los demás

Si es como yo, entonces es que Ud desea ser feliz y darle propósito a su vida, si es así, entonces olvídese de centrarse en Ud mismo, al contrario de lo que todos los libros de autoayuda le puedan indicar de centrar su felicidad en logros materiales para ud mismo, más dinero, más poder, mas propiedades, más y más para Ud. Las personas más felices y las que encuentran un propósito de vida más feliz son aquellos que se vuelcan en buscar la felicidad de la gente que les importan y que están a su alrededor, su cónyuge, sus hijos, su familia, sus amigos…

Así que deje de centrarse en Ud mismo y busque ayudar a otros, estimúlelos, habilítelos, empodérelos, y vera como su vida tendrá más sentido, y al final de esta, como será para todos, quedará el legado de lo que Ud sembró en otros, y Ud sobrevivirá en la memoria de los que ayudo más allá que el término de su existencia física.

No te confundas. Tener un propósito de vida no es lo mismo que haber encontrado el sentido de la vida. Para entenderlo fácilmente:
Propósito de vida: son metas claras y objetivos que se pueden medir o comprobar. Por ejemplo, llegar por ejemplo a ser enfermera es un propósito de vida que se puede alcanzar. La persona que tenga este propósito deberá estudiar Enfermería en una universidad y luego ejercer la enfermería.
Sentido de vida: es una percepción subjetiva sobre la importancia que una persona le da a lo que hace. Mirando el mismo ejemplo, si una enfermera encuentra aburrida la profesión a la que ha dedicado muchos años, su vida perderá sentido en el ámbito profesional.
Un aspecto positivo es que los propósitos se pueden cambiar para hacer que la vida tenga sentido según la persona desee. En el caso anterior, la enfermera podría encontrar muy satisfactorio viajar. Eso le permitiría enriquecer su existencia conociendo lugares, además de brindarle alicientes para las próximas vacaciones. Cuanto más lleno tengamos nuestro armario de alicientes, más sentido tendrá nuestra vida.
Seguro que cuando estás planeando alguna actividad que te gusta te encuentras con mejor ánimo. Lo mismo ocurre con los propósitos de vida. Para elegir un buen objetivo general que oriente tu día a día, debes escogerla bien.
La misión: para elegirla debes tener en cuenta algunas cuestiones. Por ejemplo, tiene que ser algo que te guste hacer. También tienes que tener capacidad para poder llevarla a cabo. Otro aspecto importante es que esa misión debe hacerte sentir útil. Resumiendo, debes elegir un objetivo que te guste, que puedas hacer y que sirva para algo.
La visión: es la imagen de ti en el futuro. Debe satisfacerte el imaginarte así, desarrollando el proyecto de tu misión con nuevas competencias y habilidades. Puede servir tanto si has alcanzado el objetivo, como si todavía estás en ello. Lo importante es que esa visión de tu futuro sea reconfortante.
Los valores: para que tu misión ofrezca una buena imagen futura de ti debe realizarse respetando tus valores. Esos principios que utilizas en tus relaciones con los demás, en tu trabajo y en tus actividades. Si traicionas esos valores te estarás traicionando a ti mismo. Eso no te hará sentir bien, aunque alcances tus objetivos.

Por lo tanto, tenemos una misión que realizar y nos imaginamos a nosotros mismos desarrollándola, satisfechos de lo que estamos logrando y de lograrlo siendo fieles a nuestra manera de ver la vida. Este propósito en sí mismo es positivo porque nos propone una mirada optimista del futuro, y esto genera una actitud optimista ante la vida y beneficiosa para la salud mental y física.

No debes engañarte pensando en que tienes que ser feliz a toda costa y en todo momento. La felicidad, como la tristeza, no es algo estático. No te puedes obligar a ser feliz siempre porque esa idea es una fábrica de frustración. Es decir, no debes perseguir la felicidad como si fuera tu propósito de vida. Los malos ratos también existen.

Lo positivo es vivir las situaciones desagradables con perspectiva, aprendiendo para el futuro. Eso te ayudará a que luego tengas experiencias felices y reales, no imaginarias.

Esos momentos tan deseados serán el resultado de haber elegido bien tus propósitos de vida. La esperanza, el optimismo, la risa y el buen humor no solo protegen tu salud, también sirven para afrontar las adversidades.

El hecho de encontrar nuestro propósito o gran meta en la vida es en sí ya algo que nos proporciona una inmensa felicidad, aunque no tiene por qué haber un único propósito. El propósito de vida puede cambiar con el tiempo, ya que nuestros intereses y valores evolucionan con nosotros.

Porque en eso consiste la vida. Lo importante es ir valorando lo que vamos construyendo diariamente, más que angustiarnos por no saber cuál es nuestro propósito verdadero. Dependiendo de cada persona el propósito puede ser único o múltiple, en función de sus intereses, capacidades o posibilidades.

La ausencia de un propósito vital no debe ser tampoco concebido como un problema, sino más bien como una cuestión que puede ir construyéndose progresivamente, a través del desarrollo de la persona mediante sus propias acciones y el paso del tiempo.
Porque estar preparado ya es media victoria, como decía Mahatma Gandhi: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.”

Y mientras estamos en ese esfuerzo vamos experimentando esa maravillosa sensación de sentirnos útiles. ¿La conoces?
¿Conoces esa maravillosa sensación de sentirte útil? Es algo realmente alentador para el ser humano. Ese sentido de utilidad, ese “estoy siendo útil para alguien”, ese sentirse partícipe del cambio de otra persona, es algo muy valioso. Un oasis dentro de este temporal de egoísmo y falta de empatía en el que a veces vivimos.

Seguro que en más de una ocasión te has visto dudando sobre tu capacidad para hacer aportes interesantes a un proyecto. Te has preguntado ¿para qué valgo yo? ¿Qué puedo aportar al mundo?.

Nuestra existencia a veces queda relegada a una serie de pasos bien definidos y estructurados. Pasos que muchas veces hemos elegido sin desearlos realmente, pasos que otras veces eran los que creíamos debíamos tomar…

Muchas veces nos encontramos viviendo sin un propósito que sirva como una motivación intrínseca. Sin embargo, también hay esperanza. A veces se produce ese “CLICK”. Algo toca nuestro ser. Algo aparece bien nítido y definido. Un sentido de vida, un sentido de utilidad, ¡un motivo por el cual vivir!

Vivir una vida digna de ser vivida, una vida bien vivida desde MI persona. Esa sensación es maravillosa.

Ser útiles tiene que ver con crear o producir que se percibe como valioso, ya sea en nuestro mundo, en los alrededores o en las lejanías. Repercutir en los otros y serles de utilidad es una sensación que nos reafirma y nos conecta con aquello que es importante para nosotros.

Las personas que sirven a los demás, son personas autorrealizadas con una imagen útil, objetiva y clara de la realidad, y su nivel de autoestima es relativamente elevado. De hecho, también aceptan bien otros ámbitos de su mundo, asimilan tanto lo positivo como negativo, aceptan la falta de control y no les cuesta adaptarse a situaciones nuevas, son espontáneos y cuentan con buenas estrategias de resolución de problemas, su comportamiento es sincero, alejado de máscaras y convencionalismos.

Además, una persona que se ha realizado correctamente se centra en los problemas más allá de ella misma. Su conciencia social es elevada y abandona el ego para ayudar a otros. Es comprometida, sensibilizada y contraria a las injusticias.

Un individuo con un buen nivel de autorrealización no sufre la soledad, sino que la aprovecha. No necesita la aprobación constante de los demás, lo cual no quiere decir que no lo pidan si lo consideran positivo. Así pues, toma sus decisiones, goza de su privacidad y la disfruta.

Las personas realizadas trasmiten sensación de frescura y son a veces hasta infantiles. Muestran su asombro sin pudor alguno, incluso ante las sorpresas más insignificantes de la vida. Se dejan llevar en los contextos en los que piensan que pueden realizar algún descubrimiento o simplemente pasarlo bien.

Son personas que se identifican con otros seres humanos. Al tener pocos o ningún prejuicio, crean relaciones de tú a tú, sanas, sin dependencia o apego excesivo. Se centran en el crecimiento de quienes aprecian, mostrando gran humildad y respeto.

Los valores y la ética que sostienen son muy elevados. No obstante, suelen tener ideas propias a este respecto y se mueven por sus criterios. Observan el mundo y no se contentan con normas convencionales, van más allá.

También la autorrealización deja ver perfiles con alto grado de creatividad. Generan ideas y soluciones originales frente a un problema.

Cuando somos útiles de manera genuina, y el sentimiento tiene que ver con nuestras habilidades y nuestras fortalezas más auténticas y propias, generamos la sensación de que tenemos un poder potencial mucho más grande que el que nos correspondería si comparásemos nuestra insignificancia física con la inmensidad del Universo. Fluimos. Somos conscientes de que nos estamos ayudando -o de que estamos ayudando al otro- y eso nos llena de ilusión y alimenta de paz.

Por ello, ser agradecidos con quien nos ayuda -de una manera en la que lo perciba- es una actitud que no deberíamos obviar ni olvidar. La gratitud alimenta el propio corazón y el ajeno. Todavía estás a tiempo de descubrir dónde te encuentras siendo útil y a la vez sintiéndote en plenitud por ello.

¡Tienes todo tu presente por delante!

El propósito de la vida…

… no es Ud, es servir a los demás

Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos que el propósito de la vida es efectivamente el servicio a los demás. Así lo expresó el Señor Jesús cuando una y otra vez, afirmaba que Él vino a servir.

Filipenses 2 nos enseña todo el proceso que tuvo que hacer Dios, despojándose de su condición de Dios, hasta llegar a ser siervo y terminando en la cruz del calvario siendo nuestro redentor. Y todo esto lo hizo “no por obligación”, sino “por amor” a ti y a mí.

Veamos el pasaje donde encontramos la Humillación y exaltación de Cristo
Filipenses 2:1-11
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia,
2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.
3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;
4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Pero no te quedes solo con esto, si quieres darle un propósito a tu vida como servidor a los demás, debes conocer lo que la Palabra de Dios tiene para ti.

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