Un salto de fe hacia la oscuridad

Hubo una persona que recibió una orden de Dios, no fue un acuerdo, ni una pregunta para ver cuál era su opinión, esta persona recibió una orden y esa orden la única opción que tenía era su cumplimiento.

Dios actúa así a lo largo de su Palabra, nos da órdenes que espera que cumplamos sin demora y sin dudar.

La historia de este hombre que se llamaba Abram, luego su nombre sería cambiado por Abraham, quizá así lo conoces más.

La sociedad donde vivía Abram, era una sociedad patriarca sin un programa de bienestar social que trajera seguridad a la gente en momentos de necesidad, la familia era la única seguridad.

Hoy es lo mismo, si estás enfermo o herido, tu familia te cuida. Si necesitas ayuda, tu familia te echa una mano. La familia inmediata (padre, madre, esposa, hermana, hermano, hijo) es nuestra primera defensa contra un mundo duro. La familia extendida sería su próxima capa de defensa. Vecinos también ayudan en tiempos de necesidad, sabiendo que ellos recibirán ayuda a cambio cuando la necesiten. Nos hace pensar de las comunidades antiguas de las planicies norteamericanas, que unidas levantaban los graneros de sus vecinos.

Cuando Dios da una orden, lo que dice es que dejemos la seguridad en la que hemos dependido toda nuestra vida y que confiemos en que Él nos provea en el futuro. Esto requiere que demos un salto de fe hacia la oscuridad y lo desconocido, un salto que muchos pensarían descuidado.

Veamos que pasó en esta historia de Abram con Dios, y de qué forma podemos traerlo a nuestros días.

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