Pero volver…
también puede dar miedo.
Porque no sabemos
qué encontraremos
al otro lado.
Quizá aquella persona
ya no quiera recibirnos.
Quizá nuestra familia
haya cambiado.
Quizá el lugar
ya no sea el mismo.
Quizá nosotros
tampoco seamos
los mismos.
Y aparece una pregunta
que puede doler mucho:
«¿Y si ya no hay sitio para mí?»
Entonces…
a veces…
es más fácil
seguir caminando
que arriesgarse
a regresar.
¿Qué te da más miedo:
volver…
o descubrir que ya no puedes hacerlo?
No tienes que responder.
Estoy aquí.


