Ya llevas un tiempo caminando conmigo.
Has aprendido que puedes acercarte.
Has descubierto que puedo sostenerte
cuando no puedes solo.
Has comprobado que puedes hablarme
incluso cuando no entiendes.
Has descubierto que puedes alejarte
y también regresar.
Y quizá hayas comenzado a comprender
que no tienes que ser perfecto
para seguir caminando conmigo.
Pero quizá ahora
haya nacido en ti
algo diferente.
Ya no quieres solamente
seguir caminando.
Quieres que me quede contigo.
Una tarde,
dos de mis discípulos
caminaban hacia un pueblo llamado Emaús.
Estaban tristes.
Habían vivido conmigo.
Habían esperado mucho.
Pero las cosas no habían sucedido
como ellos pensaban.
Mientras caminaban,
me acerqué a ellos.
Pero no me reconocieron.
Caminé a su lado.
Les pregunté de qué hablaban.
Y ellos comenzaron a contarme
todo lo que había ocurrido.
Me hablaron de sus esperanzas.
De su tristeza.
De aquello que no entendían.
Yo los escuché.
Y mientras caminábamos,
les hablé.
El camino se hizo largo.
Y cuando llegamos cerca del pueblo
donde iban a quedarse,
hice como que continuaba mi camino.
Podía haber seguido.
Ellos no me habían pedido
que me quedara.
Yo no los obligué.
Pero entonces
me dijeron:
«Quédate con nosotros.»
Todavía no sabían quién era yo.
Todavía no me habían reconocido.
Todavía tenían preguntas.
Todavía no entendían
todo lo que había sucedido.
Pero mi compañía
les hacía bien.
Habían caminado conmigo
y no querían que aquel camino
terminara allí.
Así que entré
para quedarme con ellos.
Quizá contigo
pueda suceder algo parecido.
Quizá todavía tengas preguntas.
Quizá todavía haya cosas de mí
que no comprendas.
Quizá todavía no sepas
qué lugar quiero ocupar
en tu vida.
No tienes que tener
todas las respuestas.
No tienes que entenderlo todo.
Puede bastar
con que descubras
que caminar conmigo
te hace bien.
Y quizá un día
ya no quieras solamente
que te acompañe en el camino.
Quizá quieras
que me quede.
No voy a obligarte.
No voy a hacer que te quedes conmigo.
La decisión sigue siendo tuya.
Pero si alguna vez
nace en ti ese deseo,
puedes decirme
algo muy sencillo:
«Quédate conmigo.»
Porque llega un momento
en que conocer a alguien
ya no consiste solamente
en saber cosas sobre él.
Consiste en querer
que forme parte de tu camino.
Quizá todavía
no sepas exactamente quién soy.
Quizá todavía
estés descubriéndolo.
Pero puedes seguir caminando.
Puedes seguir escuchándome.
Puedes seguir preguntando.
Puedes seguir descubriendo.
Y si un día
quieres que este camino
no termine al llegar al pueblo,
puedes decírmelo.
«Quédate conmigo.»
Y sigamos caminando.


