Abre tu biblia – 2

nehemia84

Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.

Nehemías 8:3

El resultado del temor de Dios en la vida del pueblo de Israel trae como consecuencia lo que analizaremos a continuación.

Texto Base: Nehemías 8:1 – 8

Dividiremos el Sermón en cuatro Puntos:

– El sentir del Pueblo

– Quienes pueden escuchar las Escrituras

– La actitud del Pueblo frente a las Escrituras

– La labor de quienes presiden la Enseñanza

 

EL SENTIR DEL PUEBLO

Nehemías 8:1 y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.

Contexto:

La ocasión fue la celebración de la fiesta del séptimo mes (cap. 7:73)

El comienzo de cada mes era introducido como una fiesta sagrada; pero éste, el comienzo del séptimo mes, fue guardado con honor distinguido como “la fiesta de trompetas”, la que duró por dos días. Fue el primer día del séptimo año eclesiástico, y el día de año nuevo del año civil, a causa de lo cual fue considerado “día grande”. El lugar donde se reunió la concurrencia general del pueblo fue “a la puerta de las Aguas”, al sur de la muralla.

Como un solo hombre:

Podemos observar esta característica del pueblo de Dios en varios pasajes de las Escrituras como:

Esdras 2:64, Esdras 3:1, Jueces 20, Hechos 2:1

Esta actitud demuestra: Unanimidad y cohesión

Filipenses 2:1- 2 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Romanos 15:5 – 6 Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo es posible que el pueblo se haya unido en un solo sentir? ¿Cómo es posible que distintas personas, con distintas edades, con distintas situaciones sociales, situaciones económicas y personales se pongan de acuerdo en algo tan sublime? ¿Cómo es que la pluralidad se transforma en una singularidad? El evangelio de Juan nos habla al respecto:

Juan 17:22
La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

La última cláusula explica el sentido de la primera. No es la gloria futura del estado celestial, sino el secreto de aquella unidad actual de que se acaba de hablar; la gloria, pues, de la presencia en los creyentes del Espíritu de Cristo; la gloria de un estado aceptado, de un carácter santo, de toda gracia, es decir, solo una obra sobrenatural del Espíritu Santo en la Iglesia puede provocar una devoción total como la de un solo hombre anhelando la Palabra, tal cual desea un ciervo el agua que corre por las corrientes.

La sociedad posee sus reuniones, sus cultos, sus ídolos, se reúnen de forma unánime a celebrar falsedades y mentiras, acaso, esto ¿No debería provocar celo por nuestro Dios?

Petición del Pueblo: (Parte B)

y dijeron a Esdras el escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés

El había venido a Jerusalén doce o trece años antes de Nehemías; y o había permanecido allí, o había vuelto a Babilonia en obediencia a la orden real, y para el cumplimiento de deberes importantes. Había regresado junto con Nehemías, pero en una capacidad subordinada. Desde el tiempo del nombramiento de Nehemías como gobernador, Esdras se había retirado a la vida privada; y, aunque cooperaba cordial y celosamente con aquel patriota en sus importantes medidas de reforma, el piadoso sacerdote había dedicado su tiempo y atención principalmente a la producción de una edición completa de las Escrituras canónicas. La ley exigía la lectura pública de las Escrituras cada año séptimo, más durante el largo período del cautiverio, esta práctica excelente, con muchas otras, había caído en desuso, hasta que fue restablecida en esta ocasión. Es indicación de un tono grandemente mejorado del sentimiento religioso y espiritual el hecho de que había un deseo fuerte y general entre los regresados en Jerusalén, de oír la lectura de la palabra de Dios. El pueblo anhelaba con todas sus fuerzas escuchar la palabra de Dios, recordemos por todas las cosas que habían pasado, todas las penurias, todas sus cuitas, sus deudas, sus conflictos, las situaciones amenazantes, las maquinaciones, y aun desean escuchar la palabra del Dios vivo. ¿Cuántas veces deseamos desechar la Palabra de Dios, dejar de lado nuestras biblias en base a nuestras circunstancias, despreciar las palabras de nuestro Dios, al cual proclamamos que es todo sabio, santo y Omnisciente ¿Imitaremos la fe de este pueblo? ¿Imitaremos su actitud? ¿Imitaremos su obediencia? ¿Imitaremos su disposición?

Ellos a una voz al igual que los salmistas proclaman:

Salmo 119: 97
¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

 

Salmo 73:25
¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

 

Su deseo más ferviente era Dios, su Palabra, su Voz, solo anhelaban escuchar su Ley, su memoria:

 

Isaías 26:8
También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.

 

Esto solo evidencia que ellos amaban a Dios:

 

Juan 14:21, 23, 24
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

¿Le amas? ¿Anhelas sus palabras? ¿Puedes decir junto al salmista cuanto amo tu ley? ¿Cada tilde? ¿Cada vocal y consonante?

El versículo 1 hace referencia también a que el pueblo le encomienda la labor a Esdras de traer la ley, ¿Por qué él?

 

Esdras 7:10
Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.

 

El pueblo escoge bien, otro indicio de que Dios mismo estaba obrando a través de ellos.

¿QUIENES PUEDEN ESCUCHAR A LA PALABRA DE DIOS?

Nehemías 8:2 – 3 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.

El lugar donde ocurre este emotivo evento es la puerta de las Aguas, lugar donde vivían los sirvientes del Templo (los netineos),

 

Nehemías 3:26
Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía.

 

Aquí se da lectura y explicación de las Escrituras desde el amanecer hasta el mediodía, durante al menos seis horas, ¿Seríamos capaces de atender a la palabra con tanta atención y devoción como ellos durante tanto tiempo? Recordemos que estaban cansados, fatigados, pero su devoción era más fuerte ¿Qué haríamos en su lugar?

El versículo dos hace referencia a la presencia de mujeres en medio de la congregación, Esdras quien escribió este libro, hace que pongamos nuestra atención en este pasaje en relación a las mujeres, ellas son parte de la exposición bíblica de las Escrituras, pero por motivos legalistas, humanos e incluso machistas comenzaron a ser desplazadas de estas prácticas en las cuales todo aquel que entendiera podía presenciar. Cristo vino a rescatar lo que se había perdido, ha restaurar lo que estaba destruido y a recordar lo que se había olvidado, con Cristo se inicia una reversión de la caída, una de estas es que las mujeres son parte de la enseñanza y la instrucción en medio de su pueblo, recordemos que sucedió con Cristo y la mujer samaritana:

Juan 4:27
En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?

 

Los rabinos de la época no hablaban con las mujeres, la enseñanza prácticamente se les estaba prohibido a las mujeres, existía una fuerte misoginia en el primer siglo, no se les enseñaba la tora, y aun en estas fiestas como estas las mujeres no tenían el sitial que originalmente poseían, ¿Cuál es esa posición? Varón y hembra los creó, eso dice la palabra con igual dignidad, con igual valor, pero con diferentes roles complementarios, Cristo trató a la mujeres de una forma diferente, y en este asunto podemos nombrar a María Magdalena, a su Madre María, a la mujer con flujo de sangre, a la mujer que da las dos blancas, a la mujer sirofenicia, etc. Cristo nos enseña que ellas son parte de la instrucción y de la enseñanza de las Escrituras, es más tal cual lo nombra el Pastor Sugel Michelén ¿Qué hacen las mujeres en una Iglesia si no pueden ser pastoras? Hacen lo mismo que un hombre que nos es Pastor, estudian la palabra, escudriñan, inquiren en ella, tal cual Esdras lo hacía. Pablo nombra a Loida y Eunice como mujeres a imitar, quienes pusieron en práctica este principio:

2 Timoteo 1:5
trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.

 

En proverbios podemos observar que las madres enseñan a sus hijos el temor de Dios:

Proverbios 6:20
Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre;

 

En varios pasajes del nuevo testamento podemos observar el rol de las mujeres en medio de las congregaciones:

 

Hechos 1:14
Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

 

Hechos 17:12
Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.

 

Estas mujeres sirvieron al pueblo de Dios con sus recursos, con su devoción, con sus enseñanzas (a sus hijos y a otras mujeres), ellas son importantes.

Por otro lado, el pasaje hace referencia a todo aquel que pueda entender ¿Cuántos niños hay que entienden? ¿Cuántas veces y en cuantos lugares ellos son segregados a otras actividades en vez de escuchar la palabra? ¿Cuántos niños en sus hogares comentan acerca del sermón del domingo en nuestra congregación? Ellos son parte de la Iglesia, ellos no son el futuro, son el hoy, la iglesia, la Patria de Cristo siendo formada desde ya, no les neguemos el privilegio de escuchar la Palabra, dejemos a los niños ir a Cristo.

LA ACTITUD DEL PUEBLO ANTE LAS ESCRITURAS

El versículo 3 nos dice que todo el pueblo estaba atento, obedecieron al mandato que Dios había estipulado a través del Salmista:

 

Salmo 78:1
Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.

 

Ellos estuvieron atentos ¿Lo estás tú? ¿Estás aquí? ¿Tiene la palabra tu completa atención o aun hay residuos de distracción en tu mente? Tu mente, tu corazón tu alma, tus sentidos ¿están aquí? Constantemente en proverbios podemos observar admoniciones acerca de la atención que debemos tener a las palabras de nuestro Padre:

 

Proverbios 4:20
Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones.

 

Proverbios 5:1
Hijo mío, está atento a mi sabiduría, Y a mi inteligencia inclina tu oído,

 

Si estamos atentos a su palabra seremos librados de los falsos profetas:

 

Jeremías 23:18
Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?

 

Nehemías 8:4
Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.

Pulpito: No en la forma que conocemos ahora, sino sólo un tablado o plataforma, suficientemente ancha para que catorce personas pudiesen estar cómodamente en pie. La tarea de Esdras fue pesada, pues continuaba leyendo desde la mañana hasta mediodía, pero su labor fue aligerada por la ayuda de los otros sacerdotes que estaban presentes. Su presencia fue útil en parte para mostrar su cordial acuerdo con la declaración que hacía Esdras de la verdad divina; y en parte para participar en el importante deber de leer y explicar las Escrituras.

Aquí nuevamente podemos observar principios de servicio y trabajo en medio del ejercicio espiritual, Esdras no podía cumplir con toda la tarea debía delegar y dejar que otros maestros expusieran al pueblo la verdad de la Escrituras, así también, en medio de toda congregación se deben levantar hombres entendidos en la Palabra para bendecir al pueblo, y no solo eso, sino que probablemente mostraban su acuerdo sobre lo que Esdras proclamaba.

 

Nehemías 8:5
Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento.

Aquí “todo el pueblo estuvo atento” significa “todo el pueblo estuvo de pie”, por respeto a la lectura de la Palabra de Dios, ellos adoptaron esta reverencia, como si estuvieran en presencia del mismo Dios, el pueblo estuvo en pie todas las horas de su exposición.

Dietrich Bonhoeffer habla en “Vida en Comunidad” sobre la importancia de la atención, el silencio y la solemnidad:

Callamos antes de escuchar porque nuestros pensamientos ya están dirigidos hacia el mensaje, al igual que calla un niño cuando entra en la habitación de su padre. Callamos después de oír la palabra de Dios, porque ella resuena, vive y quiere permanecer en nosotros. Callamos al levantarse la mañana y callamos al caer la noche porque es a Dios a quien corresponde la primera y última palabra del día. Callamos, por tanto, únicamente por causa de la palabra, y esta actitud no significa que la despreciemos, sino que deseamos honrarla y recibirla como es debido. Callar, en definitiva, no significa otra cosa que estar atentos a la palabra para poder caminar con su bendición. La necesidad de aprender a callar en una época donde lo que priva es el ruido es algo que cualquiera puede ver; en este sentido, sólo el acto espiritual del silencio puede lograr un resultado positivo. El silencio observado antes de escuchar la palabra de Dios repercutirá sobre toda la jornada. Nos enseñará a vivir midiendo nuestras palabras. Sin embargo, existe un silencio indebido, un silencio que se complace en sí mismo, orgulloso y agresivo, que viene a demostrar que lo que importa no es el silencio en sí mismo. El silencio del cristiano es un silencio expectante, humilde y que, por esto, acepta ser interrumpido. Es un silencio que está en comunicación con la palabra. Así lo interpreta Tomás de Kempis: «Nadie habla con más seguridad que quien sabe callar». Existe en el silencio un poder de clarificación, de purificación y de comprensión de lo esencial. Y esto ya en el terreno meramente profano. Saber callar ante la palabra de Dios, en cambio, hace que la entendamos mejor y la pronunciemos adecuadamente. Así se evitan muchas palabras inútiles. Lo esencial, lo que conviene, puede decirse en pocas palabras. Cuando una comunidad doméstica se ve obligada a convivir en un lugar reducido y no puede, por lo tanto, asegurar a cada uno de sus miembros la tranquilidad exterior necesaria, es indispensable establecer horas fijas de silencio que renueven la actitud de unos para con otros. En muchos casos, sólo una fuerte disciplina podrá asegurar al individuo ese recogimiento, preservando así la integridad de la comunidad.

Nuevamente hacemos la misma pregunta: ¿Estaremos atentos? ¿Estaremos en silencio? ¿Inclinaremos nuestro oído? ¿Haremos todo lo que esté a nuestro alcance durante la semana, hoy y siempre por escuchar la Palabra de Dios?

La semana anterior nuestro hermano Alex hacía referencia a lo siguiente:

El temor de Señor se manifiesta en una profunda reverencia a su Palabra. Como ya dijimos, el hijo de Dios exclama desde lo profundo de su ser «… mi corazón tuvo temor de tus palabras» (Sal. 119:161).

Esto se traduce en guardar silencio ante las Escrituras, venir a ellas con nuestras manos desnudas, sin más que oídos dispuestos a escuchar y un corazón presto a obedecer.

Nehemías 8:6
Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.

 

Esdras después de realizar la exposición de la Palabra bendice al Señor, es decir, alaba al Señor, algo que se correspondía después de la lectura de las Sagradas Escrituras, esto se transformó en una tradición dentro de las sinagogas, ya que después de cada lectura se realizaba este acto. Cada vez que escuchamos las Escrituras nuestra boca debe llenarse de alabanza:

 

Salmo 138:4
Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, Porque han oído los dichos de tu boca.

 

Salmo 56:4
En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?

 

Salmo 138:2
Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.

 

Muchas veces no meditamos en lo grandioso y misericordioso que es para nosotros poder escuchar y entender las Escrituras cada culto, podríamos estar sujetos a padecimientos como muchos Cristianos en algunos lugares del mundo, podríamos haber sido objetos del martirio, podríamos quizás tener libertades religiosas pero quizás estar en lugares incómodos (hablando de infraestructura), sin embargo, Dios se ha apiadado de nosotros, se nos ha revelado, tenemos la Gracia de estar en un país donde tenemos libertad de culto, y estamos escuchando la Palabra en un lugar muy cómodo, ¿Cómo no alabar al Señor por esto? ¿Cómo es posible que nos olvidemos de este don tan preciado? No nos anestesiemos hermanos, cada vez que escuchamos las Escrituras al igual que Esdras debemos alabar a Dios con todas nuestras fuerzas en nuestras oraciones, agradecerle por este privilegio, amarle porque nos escogió para algo que aun los ángeles anhelan, ser objetos de su Gracia inagotable, no seamos indiferentes.

Por otro lado, el pueblo respondió a la exposición de las escrituras con un gran Amén, con un así sea, la semana anterior se enunciaba lo siguiente desde este lugar: Ante la Palabra de Dios sólo abriremos nuestra boca para decir «amén», cuando hayamos escuchado lo que tiene para decirnos. ¿Acaso esta no fue la actitud del Pueblo? ¿Acaso podían hacer otra cosa? Lo que Dios prometió, el cumplió, él no falla, todos y cada uno de ellos escucharon, y después de esto exclamaron: ¡Amén! Esta debe ser nuestra actitud ante las Escrituras.

Luego de esto alzaron sus manos en señal de bendición y ruego:

 

Salmo 134:2
Alzad vuestras manos al santuario, Y bendecid a Jehová.

 

Salmo 28:2
Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.

 

Finalmente se humillaron y adoraron a Dios. ¿Cuántas veces hemos adoptado esta actitud frente a la Palabra? Se ha hablado acerca del Temor de Nehemías y el temor de quienes sirvieron junto con él, ¿Estamos cerca de ellos? ¿De imitar su fe? ¿De imitar su actitud?

Pablo hablando acerca de las Escrituras a los Efesios dice:

 

Efesios 3:14
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,

 

Y también declara lo siguiente a los Romanos:

 

Romanos 14:11
Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios.

 

Doblemos nuestras rodillas, nuestras cerviz, nuestra alma ante nuestro Señor.

LA LABOR DE QUIENES PRESIDEN EN LA ENSEÑANZA

 

Nehemías 8:7 – 8
Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

 

Algunos levitas ayudaron a Esdras como ya se había mencionado a que el pueblo comprendiera las Escrituras, leyéndola y explicándola. Ahora, ¿Qué significa la frase ponían el sentido?

Los comentadores están divididos en opinión acerca del sentido de esta declaración: algunos creen que Esdras leyó la ley en el hebreo puro, mientras los levitas, que le ayudaban, la traducían cláusula por cláusula al caldeo, el dialecto que hablaban los desterrados en Babilonia; mientras que otros afirman que el deber de éstos consistía en explicar al pueblo, lo que Esdras leía. La mayoría se inclina por la segunda clausula, esto es que los levitas expusieron y explicaron el significado de las Escrituras, al igual lo hizo Felipe con el Eunuco, por eso es que dice el texto de modo que entendiesen la lectura. En este acto de instrucción quedaron reflejados el compromiso personal de Esdras de Estudiar la Ley, practicarla y luego enseñarla como ya habíamos mencionado.

Es notable observar que no es Nehemías quien cumple esta función, sino Esdras quien poseía este don, esto nos enseña sobre la multiplicidad de dones dentro de la Iglesia y el ejercicio de éstos, a pesar de que Nehemías tenía un liderazgo notorio da un paso al costado en este asunto y Nehemías es quien realiza la labor junto con otros dotados. ¿Quién puede enseñar en la Iglesia? Pastores, Maestros, hombres que posean entendimiento y claridad en las escrituras.

Sugel Michelén dice lo siguiente al respecto:

“El ministro del evangelio debe estar seguro de que en verdad está entregando el mensaje de la Biblia, no porque cita un texto aquí y otro allá que parecen apoyar sus ideas, sino porque a través de un estudio diligente y una exégesis cuidadosa, este hombre ha desentrañado el verdadero significado del pasaje bíblico (o los pasajes) que está exponiendo…. El hombre que sube a un púlpito a compartir sus propias ideas, a hablar de política, o de las últimas técnicas sicológicas para una vida plena y feliz, o a entretener a las personas con una charla amena, o a manipularlas con unas cuantas historias tristes, está completamente fuera de lugar, y lo que es aún peor, se expone al juicio de Dios por su infidelidad”

Walter Kaiser dice lo siguiente al respecto: “No es secreto que la iglesia de Cristo carece por completo de buena salud en muchos lugares del mundo. Han venido languideciendo debido a que ha sido alimentada, como se diría en términos contemporáneos, con ‘comida chatarra’; le han servido toda clase de sustitutos no naturales y preservativos artificiales que no alimentan de verdad. Como resultado, la desnutrición teológica y bíblica ha afligido a la misma generación que dio pasos agigantados para asegurar que su salud física no sea perjudicada por el consumo de alimentos o productos carcinógenos o que de cualquier manera sean nocivos para sus cuerpos físicos. De forma simultánea, una hambruna espiritual a escala global que ha venido como resultado de la ausencia de una publicación genuina de la Palabra de Dios… continúa su avance indiscriminado y casi indomable en gran parte de los dominios de la iglesia”

¡Oh, que Dios levante hombres fieles que llenen los púlpitos de muchas iglesias, ocupados hoy por usurpadores! Debemos rogar al Señor de la mies que envíe buenos obreros a su mies.

Las escrituras nos advierten al respecto:

2Timoteo 4:3
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,

2Pedro 2:1
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

Es la Iglesia quien debe cuidar el legado preciado de las Escrituras, Pablo amonesto a los Gálatas por dejarse fascinar por falsos maestros, nosotros ¿cuidaremos de ellas?

Como meditación final leamos parte del Salmo 19: 7 -14

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos;
En guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.

Steven Lawson – “Traed el Libro II”

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