¡Excusas y pretextos!

¿Por qué hay tantas personas a las que les cuesta asumir las responsabilidades o las consecuencias de lo que hace o deja de hacer? Los expertos explican que justificarse es una reacción habitual.

Los seres humanos somos expertos en crear pretextos y excusas con el mero propósito de evadir la responsabilidad. Cualquier excusa es buena, o no, pero al menos parece que de manera inmediata tranquiliza la conciencia de quien la usa. Aunque como decía Alexander Pope “Una excusa es peor y más terrible que una mentira”.

Algunas de esas excusas que utilizamos son: “No tengo tiempo”, “No puedo”, “Es lo que hay”, “Yo soy así” “Ya lo haré mañana”, “Todo el mundo lo hace” … Las excusas siempre están más cerca del engaño que del argumento, con las que pretendemos explicar por qué no hemos hecho lo que sabemos que tenemos que hacer.

La manera de eliminar las excusas es sencillamente asumir al 100% la responsabilidad de los errores o de las cosas que dejan de hacerse bien. No es tan fácil porque también requiere dejar de culpabilizarse.

¡Excusas y pretextos!

En la Palabra de Dios, también podemos ver excusas y pretextos que intentamos usar en nuestra relación con Dios, por ejemplo:

1. “Es muy difícil – no podré hacerlo”. Cuando Dios llamó a Jeremías para ser profeta, respondió: “No sé hablar, porque soy

niño” (Jer. 1:6). La respuesta de Dios es su respuesta a nosotros, “No des excusas; obedece. No temas, porque yo estoy contigo” (cf. Jer. 1:7-8).

2. “Estoy demasiado ocupado con cosas importantes”. ¿Qué puede ser más importante que lo que Dios nos pide hacer?, es poner nuestros intereses por encima de los de Dios y resulta en pérdida permanente: Ante las excusas que ponemos el señor de la parábola de la gran cena dijo, “Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena” (Lc. 14:24).

3. “A nadie hago daño”. Dios dijo a Israel que sus mandamientos eran “para que tengas prosperidad” (Dt. 10:13). Sólo él conoce la cadena de consecuencias que nuestra desobediencia pondrá en movimiento. Debemos confiar en el buen juicio de Dios y no en el nuestro.

4. “Nadie se enterará”. Dios lo sabe y a su tiempo lo sacará a la luz: “Porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse” (Mt. 10:26).

5. “Dios me ha fallado”. Cuando estamos desilusionados, somos tentados a pensar Dios me ha fallado. Pero Dios dice, “Nunca te dejaré, ni te desampararé” (He. 13:5). “Si fuéremos infieles, él permanece fiel” (2 Ti. 2:13). “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal” (Jer. 29:11).

6. “Tu pecado es terrible”. Una forma disfrazada de acallar nuestra conciencia es acusar a otros. Judá excusó el pecado por el que sin saberlo embarazó a Tamar, pero su ira fue implacable con Tamar cuando el pecado de ella salió a luz (Gn. 38:11-26).

7. “No es mi culpa”. Adán culpó de su pecado a Dios y a Eva, y Eva culpó a la serpiente (Gn. 3:12- 13). Pero Dios no fue engañado. Cada uno cargó con las consecuencias de su pecado.

8. “No pude evitarlo”. “No pude” es frecuente sustituto de “no quise”. Dios nos da los recursos para soportar, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13) y no nos da más de lo que podemos resistir: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).

9. “Nadie es perfecto”. Como creyentes, mientras vivamos en esta tierra tendremos en nosotros dos naturalezas: la carne y el Espíritu. Pero no estamos obligados a someternos a la carne, “porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro.8:2). Si nos sometemos a la carne es porque elegimos hacerlo y somos responsables por ello: “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Ro. 8:8).

10. “No sabía que era malo”. La ignorancia es un atenuante pero no un justificante del pecado: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lc. 12:47-48).

Lo que tiene en común estas excusas y pretextos en que nos llevan a desobedecer y que, desde luego, no convencen a Dios y tienen graves consecuencias. ¿Para qué seguirlas usando?

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