¿Por qué no nos entendemos?
Todo le sienta mal y lo discute. Nada está a su gusto. Le cuesta obedecer. Unos se vuelven rebeldes, con quejas y protestas por todo y a todas horas; otros se aíslan en el universo de su habitación y solo responden a los amigos. Se hacen esquivos y evitan cualquier conversación con los padres. No les apetece ni cruzar una palabra. A veces, ni escuchan.
Este puede ser tu perfil o el de alguien muy cercano a ti. Aunque muchas veces este tipo de perfil cuadra más con esa etapa de la adolescencia complicada cuando comenzamos a buscar nuestra propia identidad, y hay que reconocer que somos un verdadero quebradero de cabeza para muchos padres.
Es esa etapa vital (de los 12 a los 18 años, aunque para algunos se alarga en el tiempo), cuando lo típico en ellos es preguntarles y que respondan —no sé—, porque algo les impide contar lo que les pasa. Pero la queja es la misma desde el lado de los padres porque también ellos están desorientados a la hora de relacionarse con el adolescente. Muchos afirman que no saben cómo hablarle. Y no tiene nada que ver el segundo hijo con el primero, ni el tercero con el segundo, porque cada uno es diferente.
Por parte de los padres tenemos que entender que no somos el único modelo de referencia, porque están los amigos y el pertenecer a un grupo, y eso está en el mismo nivel que los padres, aunque nos cueste aceptarlo.
Por parte de los padres también existen inseguridades y nos cuesta escuchar, porque creemos que ellos no pueden opinar porque les consideramos inmaduros. La comunicación se va aprendiendo y se va desarrollando con el tiempo, puede tardar años en crear unas pautas de conversación entre los dos, pero hay que tener claras unas cosas:
– La comunicación no se puede imponer
– No se debe hablar siempre del mismo tema
– Siempre debe haber disposición a escuchar y empatizar
Una guía editada por la Comunidad de Madrid «Cómo convivir con adolescentes», recomienda cuidar tres habilidades: escuchar, empatizar y saber decir «no». Nada fácil.
Pero hay mecanismos para conseguirlo: se escucha con los cinco sentidos, sin distracciones y utilizando gestos corporales (desde una mirada hasta un gesto de asentimiento).
Este es el enlace para descargarte la guía: http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM007175.pdf
Los padres tienen que ponerse en el lugar del hijo y entender sus pensamientos, actitudes y emociones, pero sin hacerse su «coleguita» ni emplear su mismo vocabulario. Y dar ejemplo, porque los hijos aprenden mucho mejor por lo que ven. Saber decir «no» con firmeza y sin titubeos resulta fundamental. Para ello conviene siempre dar las razones de por qué de forma clara, pero sin perderse en explicaciones.
¿Por qué no nos entendemos?
Cuando vamos a la Palabra de Dios, y comenzamos a leerla, quizá en algún momento podemos llegar a hacernos esta pregunta, ¿Por qué me cuesta entender la Biblia?
La Biblia está llena de riquezas espirituales que nos pueden hacer sabios para la salvación, capacitarnos para vivir en piedad, y equiparnos para el ministerio (2 Ti. 3:14-17).
Aun así, la tarea de leer la Biblia puede ser como armar un rompecabezas enorme en el que faltan piezas.
Sé que cada jota y tilde de las Escrituras es importante para nosotros, pero ¿por qué puede ser tan difícil entender la Biblia? Aquí hay ocho razones y algunas palabras de ánimo.
1. Vivimos en un tiempo diferente – La Biblia fue escrita entre 2,000 y 3,000 años atrás. Comprender el contexto histórico de la Biblia y el libro específico que estás leyendo te ayudará a cerrar la brecha entre entonces y ahora.
2. Vivimos en una cultura diferente – Los autores bíblicos escribieron a distintos grupos de personas en distintos lugares del mundo antiguo. Ellos suponen que los lectores conocen detalles culturales específicos y con frecuencia usan estos detalles para enseñar una lección.
3. Hablamos diferentes idiomas – Los 66 libros de la Biblia fueron escritos en hebreo, arameo, y griego antiguo. La naturaleza del lenguaje hace que la traducción precisa a veces sea difícil. El idioma original puede tener palabras, para expresar algo crucial, que un lenguaje moderno tal vez no tenga.
4. Somos pecadores – Nuestro pecado nos separa de Dios y nos ciega a la realidad espiritual (Is. 59:2; Sal. 115:4-8). 1 Corintios 2:14 dice que “el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente”.
5. No sabemos cómo encaja la historia bíblica – La Biblia es fundamentalmente la historia de Dios reconciliando al mundo pecador con Él mismo a través de Jesucristo. Cada parte de la Biblia avanza esa historia o proporciona comentarios sobre asuntos importantes que se concretan en ella.
6. Tenemos habilidades de lectura débiles – La tecnología moderna y las redes sociales no fomentan la lectura cuidadosa. Muchos hoy en día no suelen leer con cuidado porque no tienen que hacerlo, lo que dificulta la lectura de la Biblia y otras formas de literatura.
7. Somos perezosos – La Biblia no es una enciclopedia de verdades espirituales o un libro de frases mágicas al azar que podemos usar como queramos. A menudo queremos beneficios rápidos de la Biblia sin hacer el trabajo necesario.
8. No nos acercamos correctamente a la Biblia – Muchos se acercan a la Biblia tratando de encontrar lo que quieren ver (por ejemplo, consejos para un mejor matrimonio o cómo combatir la ansiedad) en lugar de preguntar primero: “¿Qué es lo que Dios está comunicando?”. Sin esa última pregunta, nos acercamos a la Biblia como si se tratara primero de nosotros en lugar de Dios.
¡Así es!, nuestro pecado dificulta la lectura de la Biblia y el entendimiento con Dios, ¡pero alabado sea Dios porque aún en nuestra condición, nos llama para que vayamos a Él. ¡Me acompañas!
