¿Qué haces ahí llorando?
Esta pregunta podría ser el inicio de una conversación entre dos personas o entre Dios y tú.
P: ¿Qué haces ahí llorando?
R: Es que, Señor, ¡Ya no puedo más!, tú sabes, el problema afectivo que produjo esta situación y el alto nivel de estrés y ansiedad, que estoy soportando durante tanto tiempo. He intentado esconder la realidad haciendo una vida normal y no pensar, pero estoy agotado, estoy bloqueado, los problemas han crecido en gran medida, no sé qué hacer, ni cómo afrontar la situación.
¿Quién de nosotros en algún momento no se ha sentido identificado con esta persona?, lloramos muchas veces por la impotencia que nos produce la situación en la que vivimos y que no sabemos gestionar.
Lo esencial, sin duda, es evitar llegar a estas situaciones. Aprender a gestionar el estrés, a establecer prioridades y asumir todo acontecimiento afectivo o emocional que se suceda en nuestras vidas, sin desplazarlo.
Piensa que lo más importante es tu felicidad, tu tranquilidad, el despertarte cada mañana con una sonrisa y no con miedo a los no puedo más. No deberías llegar a este estado. Tienes todo el derecho a ser feliz y sin duda lo mereces.
El cuerpo humano está previsto y tiene mecanismos de defensa para situaciones puntuales y no muy prolongadas en el tiempo, pero no está preparado ni tiene mecanismos para afrontar situaciones estresantes, y tampoco puede hacer milagros.
Hay momentos en que suena una alarma, que simboliza que el cuerpo y la mente no son capaces de abordar más cosas, más situaciones estresantes. Y esta alarma se vive como una situación de estar agotado, de no poder afrontar los retos de la vida, incluso de no querer vivir. Es una señal que envía el cuerpo, pidiendo que la solución es parar, la inactividad.
¿Qué podemos hacer en esos momentos?
Por un lado, buscar ayuda profesional, personas que están habituadas a ayudar en estas situaciones cuando no podemos más.
Por otro lado, abordar y resolver los problemas uno por uno. Y darnos un descanso, cuidando más nuestro cuerpo: dormir más, comer sano y abundante, salir a pasear, tomar el sol con moderación, darnos algún capricho que nos agrade, etc
Una cosa importante cuando nos suceda esto es decirnos que tiene solución con el tiempo, aunque en ese momento pensemos que nunca se arreglará. Si tenemos paciencia y nos dejamos ayudar, el cuerpo se volverá a cargar de energía y volveremos a sonreír.
Los que nos identificamos como cristianos, también experimentamos estos momentos y situaciones que nos han llevado muchas veces a derramar lágrimas como ríos enteros, pero al final siempre llega la paz.
Recuerdo uno de aquellos días en la vida de la que fue mi mujer en el hospital: “Hoy ha sido un buen día para mi esposa. Vuelve a respirar sin máquinas, vuelve a tomar agua y ya no está hinchada. Los doctores no se explican por qué aún sigue viva. Yo sí sé por qué.”
¿Qué haces ahí llorando?, es también una invitación a conocer ese “yo sí sé por qué”, que son los recursos que Dios ha preparado para que los uses cuando tu respuesta es ¡Ya no puedo más!.
