“Hasta ahora todo va bien”
“Es la historia de un hombre que cae de un piso 50. El tipo, según va cayendo, se repite sin cesar, para tranquilizarse: ‘Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien’”……»Pero lo importante no es la caída. Es el aterrizaje.»
Es una historia surrealista, pero como se parece muchas veces a nuestra conducta en nuestra vida.
A veces, llevamos una época en que todo va bien. La suerte nos sonríe en absolutamente todos los ámbitos de nuestra vida. Sin embargo, hay algo que chirría en la mente, algo que falla y que no encaja, como una especia de voz que nos susurra: “cuidado, que te pasen tantas cosas buenas no es normal, prepárate para un giro en tu destino“.
Podemos hacer oídos sordos a este susurro, pero ahora bien, lejos de pasar por alto estas circunstancias es importante detenernos en ellas. Poner la lupa y profundizar en este tipo de pensamientos y modos de percibir nuestra realidad es esencial. Comprender por qué asoman estas ideas nos permitirá conocernos mejor para saber cómo actuar.
Un cerebro en calma rara vez produce ideas adversas y catastrofistas como nerviosismo, inquietud, preocupación, ansiedad… Esos pensamientos negativos no son por sí mismos un problema, el problema está en el poder que les damos.
Cuando me pregunto por qué cuando todo va bien pienso que va a pasar algo malo, debo tomar conciencia de un aspecto. Me estoy autosaboteando. Me estoy diciendo a mí mismo que no merezco la felicidad o tranquilidad que tengo ahora. ¿Por qué mi mente me obliga a pensar que mi suerte va a cambiar y que el horizonte me traerá tormenta cuando yo quiero días luminosos?
Muchas veces, tras este enfoque negativo se esconde la baja autoestima. Esa que nos hace sentirnos no merecedores de cosas buenas, de los logros que se obtienen con nuestro esfuerzo.
Otras veces es la cantidad de estrés que llevas arrastrando y no eres consciente de ello, por ejemplo mantener tu trabajo o sacar tus estudios, te ha costado muchas noches de insomnio.
Haz retrospectiva de todo lo vivido en los últimos meses. Puede que las cosas, en realidad, no vayan tan bien como te dices a ti mismo. Date un tiempo de descanso e identifica tus fuentes de estrés. Y empieza a cultivar un diálogo compasivo y afectivo contigo mismo. Ten en cuenta que si no valoras lo que logras no te valoras a ti mismo como mereces. Toma conciencia de tu inmenso valor.
Otras veces este pensamiento de que algo malo va a pasar, se puede asociar a distorsión cognitiva, que cuando se adhieren al pensamiento no es fácil eliminarlas y por lo general, alteran buena parte de nuestro enfoque cotidiano. Son ellas las que nos hacen caer en el negativismo y la indefensión, en el miedo que arrincona y la ansiedad que se vuelve crónica.
Conozcamos algunos ejemplos de esos trastornos asociados:
– El trastorno de personalidad paranoica hace que la persona piense que le va suceder algo adverso. Es más, creen que otras personas buscan hacerles daño.
– El trastorno esquizotípico de la personalidad, por su parte, se manifiesta mediante delirios y alucinaciones. La persona cree que determinadas presencias o voces le van a causar algún mal.
– Los trastornos de personalidad por evitación se basan en la creencia, por ejemplo, de que van a lastimarlos y que el mundo entero es un escenario amenazante y claramente negativo.
Para concluir, solo cabe destacar un detalle. La mayoría de las veces, sentir que después de una época buena llegará una mala, es poco más que simple superstición o bien producto de la ansiedad. No obstante, si esta idea se convierte en una constante en nuestras vidas, no dudemos en solicitar ayuda experta.
Antes vimos que una causa puede ser la ansiedad y la depresión, cuando irrumpen en la vida de las personas para hacer cambios importantes, incluso cuando parece que «todo va bien». ¿Por qué?
Muchas personas tienen el primer contacto con la ansiedad y depresión cuando “todo va bien”. Consideran que tienen estabilidad en muchos sentidos y, sin embargo, esta sintomatología irrumpe en su vida para remover lo establecido. Es común que se produzcan sentimientos de incredulidad y desconcierto: ¿por qué ahora que todo va bien?
Esta sintomatología ansiosa y depresiva es algo más común de lo que parece y que, generalmente, obedece a razones relacionadas con la instigación de cambios importantes.
La sintomatología de la depresión y la ansiedad, muchas veces, aparece repentinamente en la vida de las personas que la padecen. Tanto es así que, el diagnóstico adecuado a menudo va precedido de un buen número de visitas médicas. La persona trata de dar una explicación médica a este sufrimiento y la medicina, en estos casos, se va quedando sin respuestas a nivel orgánico.
Diagnosticar los síntomas de depresión y ansiedad cuando “todo va bien” para el paciente se torna en asunto complejo, también para los profesionales de la salud. Muchos de estos síntomas son difusos y cubren un amplio espectro, sobre todo, cuando el trastorno tiene un inicio abrupto.
Por ejemplo, en ocasiones la ansiedad puede aparecer en forma de somatizaciones, como jaquecas, dolor de estómago o mareos. La sintomatología depresiva, de la misma forma, puede iniciarse con sensación de debilidad o enlentecimiento motor. Esta no tan conocida cara de los trastornos psicológicos puede demorar su diagnóstico y, por tanto también, su correcto tratamiento.
La ansiedad y depresión cuando “todo va bien”, junto con esta difusión de síntomas, genera sentimientos de incredulidad hacia su diagnóstico real. En muchos casos, el sufrimiento de un ataque de pánico se confunde con los síntomas de un infarto, por ejemplo. Los sentimientos y sensaciones que se generan son tan intensos que las personas son incapaces de creer como tal cosa puede, de alguna forma, crearlos su propia mente.
La ansiedad y la depresión cuando “todo va bien” exigen muchas veces cambios a posteriori. Cambios que ni siquiera se eran del todo consciente que había que realizar. Y eso es algo difícil de asumir. De hecho, tener ansiedad cuando todo realmente va bien no es ansiedad, sino una respuesta normal a un estresor. La ansiedad aparece a pesar de no haber razones que lo expliquen en un primer momento. Veamos algunos casos:
– Cuando logras lo que ansiabas y, sin embargo, te sientes vacío. A veces, se crean retos y expectativas acerca de conseguir un determinado trabajo, una relación afectiva u otro tipo de objetivos. Una vez logrado, se espera ese sentimiento de felicidad o plenitud por haber logrado aquello que tanto tiempo se ansió. Sin embargo, y de repente, empiezan a invadir las dudas: ¿es lo que realmente querías y cuáles son los objetivos vitales ahora? Una sensación ambivalente entre buscar algo nuevo e imponerse una plenitud que no llega y un trasfondo de sentimiento de vacío.
– Realmente, no todo va bien. En ocasiones, las personas se convencen a sí mismos de que algo va bien cuando en realidad les daña de alguna forma. Por ejemplo, es habitual que en las personalidades dependientes se siga con parejas dañinas, autoconvenciéndose de que no lo son. Sin embargo, la ansiedad y la depresión llegan para decirte que no es así de una forma muy contundente y difícil para hacer oídos sordos.
– “El pasado no pisado”. Las heridas emocionales producidas por el trauma, en muchos casos, se encuentran encapsuladas en un olvido que trata de proteger la psique de situaciones potencialmente dañinas. Pero, la ansiedad y la depresión, precisamente, cuando “todo va bien” tratan de aprovechar esta calma presente para poder abordarlo. Dicho de otra forma, tu mente de forma sabia busca un momento de estabilidad para curar aquellas heridas pasadas, ahora que sí tienes margen para hacerlo.
Es habitual que la ansiedad y la depresión, cuando “todo va bien”, tengan un inicio súbito e intenso. En ocasiones, la sintomatología relacionada con las somatizaciones conduce a la búsqueda de una enfermedad a nivel orgánico, lo que puede conducir a que se realice un diagnóstico y tratamiento tardíos.
La aparición de estos síntomas en ese momento concreto de calma puede relacionarse con la consecución y renovación de objetivos vitales. De la misma forma, estos síntomas pueden intentar desenmascarar ciertas realidades dañinas, rompiendo con el autoconvencimiento de que “todo va bien”. Por último, es habitual que también se produzcan estos síntomas a consecuencia de ciertas vivencias traumáticas en el pasado.
De cualquier forma, la mente humana es capaz de olvidar y recordar conflictos para mantener un equilibrio. Siempre tratará de protegernos de aquello que hemos sufrido. Bien, escondiéndolos cuando no tenemos recursos suficientes o bien haciendo que los afrontemos con una notoria fortaleza. En la ansiedad y depresión cuando “todo va bien”, parte de la lucha se acaba cuando se decide dejar de afirmarse en ello y se escucha el mensaje.
“Hasta ahora todo va bien”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que Dios quiere lo mejor para nosotros en todos los aspectos de nuestra vida, y también nos avisa del peligro que hay cuando todo nos va bien, lo fácil que es olvidarnos de Él.
Y es que nuestra actitud con Dios, casi siempre es tenerle como si fuera el mago de la lámpara que vamos a buscarlo para que nos ayude, y cuando tenemos lo que queremos, decimos que ha sido por nuestro esfuerzo y no por su Misericordia.
La Palabra de Dios tiene muchos ejemplos y enseñanza y avisos sobre esto, he aquí uno de ellos en:
Deuteronomio 8: 10-
11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;
12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,
13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;
14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
15 que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;
16 que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien;
17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.
18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.
19 Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.
Podemos seguir viviendo o haciendo lo que queramos, pero tenemos una invitación a conocer lo que la Palabra de Dios tiene para nosotros, ¿Vienes conmigo?
