“Jóvenes tutelados”
Cuando se habla de jóvenes tutelados son todos aquellos chicos y chicas que han tenido que ser separados de su núcleo familiar como medida de protección, para protegerlos de una situación de alto riesgo social. También se refiere con este término a aquellas personas que con 14 o 16 años dejaron su país para buscar un futuro mejor en otro país y en otro contexto, es lo que actualmente denominamos “menores extranjeros no acompañados”, pero en ambos casos partimos del denominador común del desamparo.
Esta cuestión pone de manifiesto que estos jóvenes cuando llegan a la mayoría de edad salen del sistema de protección y tienen que abandonar los centros para afrontar la vida autónoma a los 18 años, porque cumplir 18 años no les convierte automáticamente en unas personas independiente, creando en algunos casos una situación muy crítica:
Donde se encuentran con el hecho de tener que salir adelante como adultos emancipados sin tener la madurez, la experiencia, los recursos económicos ni la red social de apoyo necesaria para hacerlo con garantías, donde el acceso a la vivienda y el trabajo es muy difícil para la juventud, las deficiencias formativas, problemas socio-emocionales, la falta de referentes, y la precariedad económica de los jóvenes tutelados hacen que este sea un periodo crítico en su vida.
A grandes rasgos, podemos detectar diferentes características que definen el momento vital que supone para estos jóvenes, cumplir la mayoría de edad.
Es un momento de numerosos cambios de diferente naturaleza: los cambios físicos, los cambios emocionales, los procesos de construcción de la propia identidad, así como la redefinición de su rol social derivada del reconocimiento como adulto que emite el entorno.
Todos estos cambios provocan que estos jóvenes pasen a ser personas adultas con derechos, pero también con deberes. A esta coyuntura, hay que añadir las condiciones propias del colectivo de ex-tutelados que, a pesar de que es muy diverso, comparte algunas características comunes:
– El hecho de considerarse menores en situación de riesgo social, los ha conducido al desamparo y, consecuentemente, a ser tutelados.
– Han vivido durante un periodo de tiempo en un centro de menores, bajo la tutela de la administración.
– Muchos de ellos han sufrido algún tipo de maltrato: físico, psíquico, social etc.
– Se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad en comparación a otros jóvenes que viven en situaciones más “normalizadas”.
– A menudo, cuentan con niveles formativos bajos o muy bajos.
– Son obligados a iniciar el proceso de emancipación cuando llegan a la mayoría de edad.
– Tienen pocos referentes adultos cercanos efectivos, fuera del ámbito profesional que los atiende.
Como último elemento relevante a tener en cuenta es que la mayor parte de los jóvenes tutelados no pueden hacer uso de su red familiar y se ven obligados a hacerse cargo de ellos mismos, de sus gastos. Como consecuencia tienen que ser adultos mucho antes que el resto de jóvenes.
Podemos concluir diciendo que la mayoría de niños que pasan por el sistema de protección han vivido una infancia problemática acompañada por la inestabilidad y fragilidad familiar, emocional y social. La gran mayoría de niños han sufrido algún tipo de negligencia o maltrato por parte de los progenitores.
La entrada en el sistema de protección se vive como una experiencia traumática, se destaca sobre todo, los sentimientos de miedo y de incertidumbre que muestran los jóvenes: el no saber qué será de ellos. No obstante valoran que entrar en el sistema de protección fue lo mejor que los podía pasar pensando en qué hubiera pasado si hubieran continuado con su familia. Por lo tanto, una cuestión es el reconocer la función de protección que tienen los centros.
Los adolescentes tutelados que viven en CRAEs tienen una fecha muy presente en su mente: la mayoría de edad, los 18 años. Ahí está el límite de su estancia en un centro, el momento en que podrán sentirse “libres” y “hacer lo que quieran” como tanto nos dicen que desean.
Pero antes de esta edad, muy a menudo cerca de los 16, cuando se empieza a plantear el desinternamiento, los chicos ponen en marcha diferentes manifestaciones (ya sean verbales o a través del comportamiento) que nos indican que hay algo que les está pasando, algo que les inquieta y que tiene que ver con la salida.
¿Se puede prever o anticipar lo que ocurrirá?, no, no hay nada previsible ya que la experiencia dice que hay jóvenes donde todo parece ir bien y luego no va bien, y luego están aquellos otros que parecen que no lo van a conseguir y lo consiguen…
Pero lo que sí se sabe y hay que tener en cuenta es el sufrimiento o la ansiedad que este hecho plantea en los chicos a partir de cierta edad y por este motivo el proceso o preparación de la salida de los chicos de los centros es uno de los objetivos prioritarios de la atención en los centros.
En todos los casos en los que se plantea el desinternamiento hay que preparar al chico para que pueda hacer frente a una nueva situación vital en la que se debe tener en cuenta
Por un lado:
-Las cuestiones materiales como el manejo del dinero, la formación prelaboral y laboral y su futura inserción, el alojamiento.
-Las cuestiones que tienen que ver con sus capacidades y habilidades para tolerar la frustración, el comportamiento compulsivo o impulsivo, la capacidad para la anticipación o la reflexión, el manejo de la agresividad, el nivel de influenciabilidad.
-Las cuestiones que tienen que ver con ayudarle a manejar un sentido de continuidad en su vida y a integrar, en el mismo, la previsión de futuro fuera del centro. Y que no se dé por supuesto una repetición de lo que ocurrió en su vida antes de entrar en el centro.
“Jóvenes tutelados”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos la figura del tutor, que era el que acompañaba al niño a la escuela, y posiblemente a otras actividades, y lo recogía. El entregaba
el niño al instructor. Su labor se extendía desde la infancia hasta la pubertad o durante más tiempo. Tenía que proteger al niño de daños físicos o morales.
Sin embargo, las responsabilidades del tutor incluían también la disciplina, y posiblemente se le encargaba la educación del niño en cuestiones de comportamiento. La disciplina de los tutores podía ser severa, ya fueran estos esclavos o tutores pagados.
Por esta razón, Gálatas 3:24, 25 dice que la Ley ha llegado a ser nuestro tutor que nos conduce a Cristo, para que se nos declarara justos debido a fe. Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos bajo tutor. La Ley es estricta, revela que todos somos transgresores y nos condena. (Gálatas 3:10, 11, 19.) En realidad, la ley como tutor nos conduce debidamente disciplinados a su Instructor, Jesucristo.
Y es en Jesucristo en donde tenemos la posibilidad de pasar de estar tutelados por la ley a ser libres, como leemos en Gálatas 4:1-7:
1Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;
2 sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.
3 Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.
4 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,
5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!
7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
