“La herida del padre ausente”
En uno de los trabajos que tuve, me enviaron a un chico jovencito para que le enseñara, este chico había acabado el instituto y por necesidad en su casa, se tenía que poner a trabajar, y un día me contó esto:
“Mi padre falleció hace poco y mi madre cayó en una depresión de la que no se recupera, yo soy hijo único y decidí atender a mi madre mientras terminaba el instituto.
Yo estaba demasiado centrado en mis estudios por un lado, en poder acceder a la carrera que yo quería, y en mis amigos por otro; me había costado mucho encajar en un grupo de amigos en el instituto y por fin empezaba a descubrir lo que era tener amigos y salir de fiesta.
Tener amigos y salir de fiestas era mi válvula de escape para poder soportar esos días tan malos, por eso los findes de alcohol, fiesta y los atracones compulsivos de comida, hacían muy bien su papel de mantenerme bien sedado ante cualquier atisbo de dolor, de ausencia, de soledad…
De esta forma no pensaba, sencillamente dejaba pasar los días mientras disfrutaba de la música, la gente, las borracheras… Mi madre no sabía nada de esto claro. Tampoco preguntó nunca. Esto se repetía cada fin de semana. He de confesar que cuando me recogía, ya estaba deseando que volviera a ser finde para salir otra vez de fiesta”.
Pero esta situación no se puede mantener en el tiempo si que te afecte, de ahí que este muchacho entró en una crisis de ansiedad y ataques de pánico, no entendía lo que le pasaba, pero sí sabía que necesitaba ayuda porque no podía cuidar de su madre a causa de su propio estado, la madre pasó a un grado de dependencia muy alto por lo que las necesidades crecieron en casa. A causa de esto el muchacho decidió no seguir estudiando después del instituto y buscar trabajo, y estaba conmigo en medio de esa crisis de ansiedad, de pánico y de no saber cómo actuar.
¡Quién no se ha sentido identificado con una situación similar a esta!. ¡Yo sí!. Porque a veces la vida te lleva a situaciones similares, en medio de una crisis de ansiedad, de pánico, de miedo ante una alarma de salud, tener que tomar decisiones acertadas, decisiones que afectan a más personas de las que te has hecho responsable, y eso es lo que peor llevas en estos casos.
Este muchacho fue serio cuidando a su madre, fue serio en el trabajo, pero seguía muy reciente en él, la herida del padre ausente, que en su caso fue por fallecimiento, pero en otros jóvenes puede ser porque ese padre ausente no está para su hijo tanto física, como emocionalmente cuando les necesita, o simplemente como sucede en los jóvenes que se desplazan lejos de sus familias (por trabajo, por estudios) a las cuales no ven durante mucho tiempo y que en ellos se produce esa herida con menos profundidad, porque sus padres están, pero lejos, muy lejos para sentirles a su lado en esos momentos cruciales.
En el plano emocional, el padre es la figura de seguridad y apoyo para los hijos, de soporte, de estabilidad, tranquilidad y coherencia. La ausencia de esta figura, da personas inseguras, con baja autoestima y baja autoconfianza. Y esa pérdida es “una pérdida de amor en sí misma, una pérdida crucial de satisfacción de necesidades”. Los efectos más importantes que nos deja el padre ausente son:
– Nos sentimos poco o nada valorados, ya que nuestro inconsciente entiende que, si nuestro propio padre, nuestra figura de autoridad y seguridad no nos presta atención, inconscientemente sentimos que no valemos.
– Nos sentimos poco o nada valiosos, debido a que si nuestro padre no pasa tiempo con nosotros ni comparte momentos con nosotros, inconscientemente sentimos que no somos una persona con la que merezca la pena estar.
– Sentimos que no merecemos, y esto se debe a que, como todas nuestras necesidades como hijos (atención, cariño, amor, tiempo, escucha, validación, etc.) no son atendidas, inconscientemente entendemos que lo que en realidad sucede es que no lo merecemos.
Esto se va convirtiendo en una rutina y en una creencia y al final tu pensamiento es: “Si mi padre no me provee de todo esto, es que no lo merezco”.
Está jodida la cosa y perdón por la expresión, porque el final es que no te sientes amado, tu padre no te quiere, no le importas, que tiene otras cosas más importantes que tú, y la herida siempre está abierta, nunca se cierra. Y ese dolor es el mismo, sea ese abandono paterno real o sea ese abandono simbólico del padre ausente.
Porque tener un padre ausente produce muchas secuelas, pero hay una que probablemente gane entre todas ellas, una que sea la reina de las secuelas: el abandono.
Cuando nuestro padre está ausente, nos sentimos abandonados, sentimos que la persona que naturalmente tenía que hacer de figura de autoridad, seguridad, soporte y apoyo, sencillamente no está, y eso nos hace sentir desprotegidos, a la intemperie, vulnerables, abandonados…
El abandono es un miedo primario, un miedo básico que activa nuestros mecanismos instintivos de supervivencia, haciéndonos pasar por un calvario de estados emocionales que con frecuencia no comprendemos, y por eso se activa nuestra respuesta de lucha-huida, en la que nuestro cerebro interpreta que nuestra vida corre peligro, y desencadena una serie de cambios fisiológicos en nuestro cuerpo que lo preparan para luchar ante una amenaza inminente, o por el contrario huir (como la presencia de un león).
Esto supone la liberación de numerosas hormonas relacionadas con el estrés en nuestro cerebro. A un lado del ring tenemos al factor de liberación de la corticotropina (CRF) y la hormona adenocorticotropa (ACTH), que inhiben tu apetito y otros procesos digestivos.
Tus glándulas salivales dejan de funcionar y tu estómago entra en modo latente. Así, toda tu energía queda disponible para tus músculos y para que puedas afrontar la situación de “emergencia” que estás afrontando y luches o salgas pitando, tu cerebro se prepara para ello. Aquí es cuando pasan días sin que te apetezca comer nada.
¡Qué bonico!, si esto sirviera realmente de algo… Al otro lado del ring encontramos a los glucocorticoides, otro grupo de hormonas del estrés que se encargan de aumentar tu apetito para reponer tus niveles de energía gastada en tu respuesta de lucha-huida y acumular más para futuras situaciones de supervivencia. Aquí es cuando vienen los atracones.
Hay todo un arcoíris de trastornos causados por el trauma de padre ausente. Y cuando pasas por esa situación entiendes que no te puedes quedar, que tienes que superarlo y salir de ese pozo para adquirir un nuevo prisma de la vida.
Aquí te dejo algunas claves para sobrevivir a ese sentimiento del padre ausente, aunque no mitigan el dolor, porque el dolor es una condición necesario que hay que pasar, sí o sí. Veamos cuales son estas claves:
1. Toma de conciencia: consiste en darte cuenta de los verdaderos motivos de la situación de sufrimiento que estás viviendo. Reconocer que estás sufriendo por ese abandono o ausencia paterna y que esa herida produce dolor y debes de pasarlo.
2. Contacta con emociones y miedos: se trata de pasar tiempo cada día contigo, para detectar cuáles son esas emociones y no alimentar aquellas que te causan más daño, como hemos visto el dejar de comer o comer en exceso. También otras como no caer en adicciones de cualquier tipo.
3. Validación: reconocer y aceptar esas emociones y miedos, porque es un proceso normal y expresarlos sin juicios sea (escribiendo, llorando, gritando, golpeando la cama…) pero siempre en la privacidad de tu intimidad y sin dañar a nadie más.
4. Toma de responsabilidad: hacerte cargo y responsable de la nueva situación en la que te encuentras en tu vida y aceptar que fuiste herido, aceptar que sufriste por ello, aceptar que ahora tú eres el responsable de ti mismo y que tú te das todo lo que interiormente necesitas. Ya no le reclamas a nadie.
5. Auto-conocimiento: como consecuencia del camino que estás recorriendo, has entrado en contacto con tus mayores miedos y debilidades, transformándolas y convirtiéndolas en tus mayores fortalezas y magnetismos.
6. Perdón interno: perdonarte a ti mismo por haberte dejado en el papel de víctima, cargarte de compasión y amor incondicional hacia ti mismo para ello. Después, puedes proyectar esto con la persona que necesites perdonar en tu interior.
Muchos adultos, muchos jóvenes, muchos adolescentes pasan a diario por esta experiencia de dolor, no eres el único, tienes que superarlo mostrándote paciente contigo, queriéndote cada día “más que ayer menos que mañana”, dándote tiempo porque esto no se pasa en un día, ni en una semana, ni en un mes, ni en un año, y cuando lo hayas superado seguro que algún día podrás ayudar a alguien en la misma situación.
“La herida del padre ausente”
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos también la figura del padre ausente, un ejemplo lo encontramos en el rey David. Sí, ese muchacho que cuidaba las ovejas y se deleitaba con la música de su arpa.
La Biblia nos dice que una vez que Saúl, el rey de Israel había muerto, David es proclamado rey de Israel (capítulo 5 del 2ªSam.) posterior a esto la vida de David cambia dramáticamente; pues ahora cambia el arpa y las ovejas por la espada y la corona.
Al principio de su reinado, David se dedicó en cuerpo y alma a conquistar territorio y derrotar enemigos; esto con la idea de dar estabilidad social, política y religiosa a Israel (capítulos 6-11, 2ª Samuel). Fueron tiempos en lo que David estuvo fuera de casa, dándole forma a una nación poderosa como lo fue Israel y así cumplir la voluntad de Dios. Sin embargo dentro de los claros-oscuros de David se sabe fue un hombre con cierta debilidad hacia las mujeres; pues tuvo 8 esposas, y varias concubinas; y procreo más o menos 20 hijos con sus mujeres. Desde luego que estar en batallas constantes, no les daba suficiente tiempo para estar con todas sus mujeres y mucho menos dedicarle tiempo a sus hijos. David es la figura de un padre ausente. Ocupado en sus asuntos, pero ausente de su función como papá. ¿Qué pasó más con este episodio en la vida de David?
Como dice la Biblia en Proverbios 20:6 “Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”
¿Eres tú un joven que se convertirá en este hombre de verdad?, Pues también la Palabra de Dios te da algunas guías para que lo consigas.
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