“No quiero ser adulto”

Los seres humanos estamos constantemente creciendo y desarrollándonos, y estos cambios no sólo ocurren a nivel biológico, sino también psicológico y social. Según crecemos nuestro entorno nos exige que nos comportemos de una determinada manera.

Crecer es evolucionar, desarrollarse, progresar; ir hacia delante, no quedarse enganchado en una etapa, continuar con el desarrollo. Crecer trae consigo expansión, hacerse grande. Ampliar aspectos que ya forman parte de nosotros y también encontrar nuevos.

El miedo a crecer es una vivencia común en el ser humano. A menudo algunos adultos muestran actitudes y comportamientos infantiles, la mayor parte de las veces, sin darse cuenta ya que estas acciones tienen que ver más con un hábito que con una acción consciente. Veamos tres de ellas:

Transmitir fragilidad y ternura y estos ayudan a que las personas se acerquen más fácilmente a cuidarlos y protegerlos. Además de esta necesidad de cuidado, existe otra más profunda: la necesidad de amor. Si me cuidan, es porque me quieren, porque gusto, y así puedo obtener el amor que tanto necesito.

No tener tantas responsabilidades como los adultos y por tanto, si sigo comportándome como un niño, también estoy tratando de eludir las responsabilidades que ya me tocan como adulto, pues mis padres mediaran en los conflictos y resolverán los problemas.

Mantener una actitud infantil, como un niño inocente, para quedarse en la zona de confort, de seguridad y no enfrentarse a la realidad adulta.

Si bien está claro que algunos adultos pueden sentir un gran miedo a crecer, en el caso de los niños es poco probable que esto ocurra. En gran parte, esto es porque su grado de reflexión es menor y a nivel social no se sienten tan presionados.

Ahora bien, en algunos casos puede ocurrir que algunos adolescentes asocien la edad adulta a algo negativo, lo que les produce ansiedad y terror y provoca que desarrollen una fobia.

La revista LiveScience se hizo eco de la noticia de una niño mexicano de 14 años edad que sentía un miedo tan intenso a crecer que tomó medidas extremas para su crecimiento, como restringir su ingesta de alimentos y distorsionar su voz para hablar con un tono más agudo. El pequeño comenzó a sufrir la fobia a 11 años de edad, y unos años más tarde fue diagnosticado con gerontofobia.

La gerontofobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo irracional a envejecer. Es decir, a que pasen los años y la persona sufra un cambio de apariencia, tenga que depender de los demás, pierda la movilidad, sea llevado a una residencia o su salud empeore. Las fobias causan una ansiedad extrema en la persona que las padece, por lo que tienden a evitar el estímulo temido, ya sea un objeto o una situación.

La gerontofobia suele manifestarse en la última etapa de los 30 años, cuando las arrugas comienzan a aparecer. Gran parte de la culpa del desarrollo de este trastorno es el bombardeo de información de los medios de comunicación respecto a la imagen corporal perfecta. Sin embargo, los eventos traumáticos están asociados al desarrollo de muchas fobias, y la gerontofobia no es una excepción. La incapacidad de aceptar que las personas envejecemos también es uno de los motivos por los que este trastorno puede manifestarse.

Por otro lado, en función de cómo hayamos vivido nuestra infancia y los vínculos con nuestros padres, vamos a necesitar más o menos esfuerzo en el camino hacia nuestra madurez física y emocional. La edad fisiológica y la edad social no siempre coinciden, luego ¿por qué esta falta de sincronía? ¿Por qué muchas veces nos cuesta tanto madurar?

Haber asumido responsabilidades que no eran nuestras cuando fuimos pequeños y haber sentido como la situación no se resolvía de la manera que nos gustaría puede causar un daño profundo en la autoestima y en la sensación de autoeficacia. Un lastre capaz de frenar el crecimiento emocional de cualquier niño.

Crecer suele ser un tránsito doloroso y difícil. Y por ello, este proceso requiere de implicación y responsabilidad. Hacerse cargo de las propias elecciones de la vida, pensar y decidir por sí mismo, cuidar del propio cuerpo y de la salud, comprometerse en las relaciones con la pareja, la familia y el trabajo. Así como exponerse al mundo de los adultos desde un lugar igualitario: de adulto a adulto.

El conflicto reside cuando te colocas en la posición de un niño, (sin serlo ya), y aquí te dejo algunas características:

Tienes necesidades no satisfechas en la niñez que tratas de compensarlas de forma constante en tu presente.

Sientes culpa, oculta o manifiesta, por las cosas que haces, dices y sientes. Te cuesta diferenciarte de tus padres.

Exageras tus necesidades y además estas suelen convertirse en adicciones, o necesidades de gratificación inmediata.

Necesitas llenarte con estímulos constantemente y puedes ser muy dependiente de los demás, o muy independiente (aunque detrás de la independencia se esconde una necesidad de ser reconocido y visto).

Reprimes tus emociones y dejas que tus emociones se entierren en su interior, o por el contrario, eres una montaña rusa de emociones que no puedes controlar.

Esperas mucho de los demás, puedes dar mucho pero normalmente esperando algo a cambio.

Tienes presentes en su interior las heridas de abandono y de rechazo que viviste en tu infancia.

La vida no es más fácil para los demás ni más pesada para ti. La vida es como es, no es ni fácil ni difícil, cada quien se la genera como quiere.

Pero aquí lo importante, es que definas lo que ser adulto significa para ti, y que te inventes tu propio estilo, para que luego te encuentres con más gente “rara” que como tú, decidió disfrutar de la vida adulta también.

Necesitas darte cuenta de quién eres, reconocer tus dones, cualidades, habilidades y sobre todo, lo que te apasiona, para que pongas todo quien eres a servicio de tu pasión, y entonces sí, verás lo que es ser adulto exitoso y feliz.

Una vez que aceptes que en realidad quieres crear tu propio estilo de vida y que vas en contra de “la mayoría” o que quizás si quieres ir con la mayoría pero a tu estilo… entonces te tendrás que enfrentar a las miradas de rechazo y la presión de los demás, pero sea lo que sea que te haga sentirte vivo a ti, verás que la satisfacción será tal, que dejará de importarte la opinión de los demás.

Hay personas que tienden a asociar el ser adulto (madurez y crecimiento) con aburrimiento y esto no tiene que ser así. Madurar no significa tomárselo todo en serio, todo lo contrario, es darse cuenta de lo que vale la pena tomarse en serio y lo que no. ¿Quieres madurar alegremente? Pues, ¡vamos allá!, y si te ayudan, aquí te dejo algunos consejos:

Hazte cargo de tus propios asuntos, en cualquier aspecto de la vida. No pidas ayuda para hacer cualquier cosa, como hacías con tus padres.

Trabaja y consigue tu propio sustento para vivir. Puede que en algún momento las circunstancias de la vida te obliguen a pedir algo prestado, pero tendrás que devolverlo y, en cualquier caso, no debe convertirse en costumbre.

Hazte independiente, además, a nivel emocional. Nadie mejor que tú sabe cuidarte, y si tú no lo haces nadie lo hará. Quiérete a ti mismo primero, confía en ti y no dependas de nadie más para ser feliz. Si tu bienestar está condicionado por terceras personas, lo pasarás mal.

Trata de encontrar un punto medio entre el egoísmo exagerado y el darse en exceso a los demás. Ayudar a los otros está bien, pero recuerda que para ello, antes has de estar tú bien.

Se responsable de tus acciones. Entiende que todo lo que haces tiene consecuencias, así que obra con precaución, y trata siempre con respeto a los demás, no conoces su situación, y por muy mala que creas que es tu vida, puede que la suya sea mucho peor.

Recuerda que ser responsable de ti significa que cubres tus necesidades físicas y emocionales, y que mientras confíes en tus habilidades, y hagas lo que quieras, no tendrías por qué tener mayor problema para lograrlo.

Así es que como será adulto quieras o no… ¿cómo te vas a inventar tu vida?

“No quiero ser adulto”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, y pensamos en alguien en quien fijarnos, quién mejor que el mismo Señor Jesús, y lo primero que vemos está en Lucas 2:52 “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.

Como todo niño, Jesús creció en estatura, pero también nos dice que creció en sabiduría para con Dios y los hombres. Esto significa que la fe (creer lo que la Biblia dice) y el conocimiento (lo que vamos aprendiendo) no están peleados. La Biblia enseña en Proverbios (1:7) que «El principio de la sabiduría es el temor del Señor; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.»

La sabiduría que viene de Dios es la sabiduría que nos enseña a vivir, que nos permite tomar las decisiones correctas, que nos permite construir nuestra vida de acuerdo a lo que Dios quiere de nosotros. Esta sabiduría sólo puede venir de Dios.

Junto con tu estudio, que debes continuar sin dejarlo, toma el hábito de estudiar y leer tu Biblia, pues ella nos muestra la voluntad de Dios.

Crecer en Sabiduría delante de Dios es aprender a llevar una vida íntegra, tomando las decisiones adecuadas. De ahora en adelante, toda decisión que tomes tendrá sus consecuencias en tu futuro, y por ello te conviene conocer lo que Dios quiere de ti. El Señor siempre querrá lo mejor para ti. Crece en Sabiduría.

Como todo niño, Jesús creció en estatura y en sabiduría, pero también nos dice que creció en gracia para con Dios y los hombres. La gracia es el favor de Dios en nuestra vida. Literalmente significa «la buena opinión«.

Dios muestra su gracia hacia nosotros cuando «opina bien de nosotros»; pero contrariamente a la mentalidad humana, Dios «opina bien de nosotros» gratuitamente, a través del Señor Jesús.

En otras palabras, ¿Qué debes hacer para que Dios te dé su gracia, para que «opine bien» de ti? No significa que debes ser más buena, ni que tienes que hacer más cosas.

Lo que debes hacer es permitir que sea Dios quien controle todos los aspectos de tu vida. No depende de tu esfuerzo, depende de él mismo, de su amor y de su poder.

Crecer en la gracia, como el crecimiento en todo lo demás, no es tarea fácil, porque significa en realidad darle más espacio, más libertad de acción en nuestra vida a Dios, de lo que habitualmente estamos dispuestos a darle.

Recuerda, crecer según la Biblia es dejarle espacio a Dios para que actúe en nuestra vida, para que la controle y la dirija.

Crece en sabiduría – Cuidar de nuestra mente (pureza mental) Cultivar la lectura bíblica y el estudio

Crecer en Estatura – Cuidar de nuestro cuerpo (pureza corporal) Cultivar una vida sana

Crecer en gracia – Cuidar de nuestro corazón (pureza espiritual) Cultivar la piedad y el amor

¿Ahora estás preparado para crecer y sed un adulto?. Pues sígueme:

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